Feijóo desafía a Sánchez en el Congreso: Gaza como escenario de la batalla entre el Gobierno y el PP
El líder de los populares planta cara al presidente para zafarse de la pinza entre la postura sobre Israel y la estrategia de La Moncloa, que insiste en obligar a la oposición a retratarse.
La sesión de control al Gobierno en el Congreso volvió a convertirse en un campo de batalla minado entre Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo. El líder del PP decidió tomar la iniciativa y abordar directamente el conflicto de Gaza, consciente de que el Ejecutivo intenta convertir este drama humanitario en un eje central del relato político para poner a la oposición contra las cuerdas.
Por primera vez, Feijóo calificó la situación como una “masacre contra civiles”, pero evitó pronunciar el término “genocidio”, consciente de la carga política que el Gobierno busca imponer con esa palabra. En su intervención, acusó a Sánchez de instrumentalizar el sufrimiento palestino con fines electorales y de utilizarlo como “cortina de humo” para tapar los escándalos judiciales que rodean al PSOE y a su entorno más cercano.
“Cuando usted pierde votaciones se va al cine y, cuando no tiene la mayoría para aprobar Presupuestos, alienta barricadas. Usted no defiende causas nobles, para usted todo es un juego de trileros. Sólo quiere tapar sus vergüenzas”, reprochó el líder popular.
El Ejecutivo sabe que el PP se encuentra en una posición incómoda en este asunto. Si se resiste a calificar como genocidio los bombardeos israelíes, queda alineado con una parte minoritaria de la opinión pública, y el presidente del Gobierno esgrimió en el pleno que las encuestas señalan que más del 80% de los españoles comparten la visión de Naciones Unidas sobre lo que ocurre en Gaza. Y si el líder de la oposición endurece su postura contra las acciones del Estado de Israel, los populares arriesgan críticas desde los sectores más conservadores y sus socios internacionales.
La estrategia de Feijóo: virar el foco a la corrupción
Sánchez aprovechó esa disyuntiva para acorralar a Feijóo, invitándole a “escuchar al grupo de trabajo de la ONU” y al 82% de la ciudadanía que considera que Israel comete un genocidio. El presidente se mostró firme, defendiendo que, pese a gobernar en minoría, el suyo es uno de los gobiernos “más estables” de Europa. Recordó además que en siete años de mandato ha visto desfilar a tres líderes de la oposición, aludiendo a una supuesta debilidad estructural de los populares frente a su continuidad en La Moncloa.
Consciente del terreno resbaladizo, Feijóo intentó reconducir el debate hacia los casos judiciales que afectan al PSOE: la investigación a Begoña Gómez, esposa de Sánchez; la imputación de su hermano; y la caída en desgracia de Santos Cerdán, exnúmero tres socialista, ahora en prisión provisional. También insistió en cuestionar si el Gobierno llevará su boicot más allá de Eurovisión y alcanzará a la selección nacional de fútbol en el Mundial, un recurso irónico para subrayar lo que considera incoherencias del Ejecutivo.
Pese a ello, la estrategia popular choca con una realidad incómoda: cada vez que Gaza aparece en el debate político, la oposición queda relegada a un segundo plano. La narrativa internacional que Sánchez impulsa desde Moncloa encuentra más eco mediático que los intentos del PP por centrar la atención en los escándalos internos.
Junts vuelve a tensar la cuerda
La sesión no se limitó al choque entre Sánchez y Feijóo. Desde la bancada independentista, Míriam Nogueras (Junts) lanzó un aviso directo al presidente: “¿cree usted que podrá seguir gobernando?”. Una pregunta con carga estratégica, que revela el desgaste de los acuerdos de investidura y la voluntad de Puigdemont de presionar al Gobierno para obtener nuevas concesiones en materia de autogobierno.
Nogueras enumeró los problemas económicos y sociales que, según Junts, afectan a Cataluña, y acusó al Ejecutivo de vaciar los bolsillos de los catalanes. Sánchez, quien desató la ira de los posconvergentes al afirmar que tanto catalanes como españoles “viven el mejor momento”, después trató de suavizar la tensión asegurando que todavía “queda mucho por hacer” y reafirmó su compromiso de cumplir los pactos de Bruselas, en clara referencia a los acuerdos alcanzados con el expresident Carles Puigdemont para garantizar su investidura.
El intercambio en el Congreso refleja la dinámica de la legislatura: un Gobierno que encuentra en la política internacional un terreno de desgaste eficaz contra la oposición y un PP que, atrapado entre su electorado tradicional y la presión mediática, trata de redirigir el foco hacia la corrupción y la economía.
En paralelo, Junts mantiene su táctica de condicionar la agenda con advertencias constantes sobre retirar su apoyo parlamentario y dejar la legislatura maltrecha. La pregunta de Nogueras no solo buscaba incomodar a Sánchez, sino también recordar que la estabilidad del Ejecutivo depende de unos pactos pendientes de cumplir. @mundiario





