En Ciudad de Gaza, la apertura de una nueva vía de escape no detiene la crisis humanitaria

La apertura de una segunda ruta de evacuación desde la urbe busca acelerar la evacuación de civiles antes de la fase más intensa de la ofensiva israelí, aunque el sur de la Franja ya está al límite de su capacidad.
Más de 2 millones de personas viven hacinadas, en Gaza, muchas desplazadas por los bombardeos que han destruido gran parte de la infraestructura. / RR SS.
Más de 2 millones de personas viven hacinadas, en Gaza, muchas desplazadas por los bombardeos que han destruido gran parte de la infraestructura. / RR SS.

El anuncio del ejército israelí de habilitar una nueva ruta de evacuación a través de la carretera Salah al Din marca un nuevo capítulo en la ofensiva sobre Ciudad de Gaza. La decisión, acompañada de un ultimátum de 48 horas, refleja la presión creciente para vaciar la capital de la Franja antes de que la operación terrestre se intensifique. El gesto tiene un doble propósito: por un lado, ofrecer una vía de escape para reducir el número de víctimas civiles ante las críticas internacionales; por otro, facilitar el avance de las tropas.

No obstante, el contexto humanitario es crítico. Organismos internacionales advierten de que el sur de la Franja está desbordado. Refugiados que huyeron en las semanas anteriores ahora se enfrentan a la falta de alimentos, agua y espacios para albergarse. La zona de Jan Younis y el corredor humanitario de Al-Mawasi, principales destinos de los desplazados, se encuentran saturados, lo que genera el riesgo de crisis sanitaria y hambre masiva. Algunos habitantes incluso han optado por regresar a la capital, a pesar del peligro, ante la imposibilidad de sobrevivir en el sur.

El componente comunicacional de la operación es también un factor a considerar. Las autoridades israelíes han difundido el aviso por redes sociales y medios oficiales, pero la interrupción de internet y telefonía en el norte de la Franja dificulta que el mensaje llegue a toda la población. La Autoridad Reguladora de Telecomunicaciones Palestina ha denunciado ataques a la infraestructura de comunicaciones, lo que agrava la desconexión de los civiles y limita su capacidad para coordinar evacuaciones o pedir ayuda.

La dimensión política es ineludible. Israel insiste en que su objetivo es desmantelar la infraestructura militar de Hamás y que las órdenes de evacuación prueban que no busca dañar deliberadamente a la población civil. Sin embargo, organizaciones como Amnistía Internacional han calificado estas medidas como desplazamientos forzosos que podrían constituir crímenes de lesa humanidad. La percepción internacional sobre la proporcionalidad de la operación podría influir en la presión diplomática en las próximas semanas.

Los datos revelan la magnitud del movimiento poblacional. De un millón de habitantes estimados en Ciudad de Gaza, aproximadamente la mitad ya ha huido, según cifras de Naciones Unidas y las Fuerzas de Defensa de Israel. La carretera de Al-Rashid, hasta ahora la única vía de salida, había quedado colapsada, lo que exigía la apertura de una nueva ruta. La medida podría acelerar el flujo de evacuados, aunque persiste la incógnita de si el sur podrá absorber a cientos de miles de personas más.

Sin embargo, el factor tiempo es crucial. La ventana de 48 horas impuesta por Israel añade urgencia a la decisión de huir, pero no todos tienen medios físicos para hacerlo. La población, debilitada tras meses de guerra, carece de transporte, combustible y alimentos suficientes para emprender el desplazamiento. En paralelo, la ofensiva continúa y se prevé que pueda prolongarse por meses, lo que convierte cada día de retraso en un riesgo mayor para los que permanecen.

Israel ha intentado compensar la crisis permitiendo la entrada de ayuda humanitaria. Según las autoridades israelíes del COGAT, unos 230 camiones entraron a la Franja el martes, una cifra que la ONU considera insuficiente: se necesitarían alrededor de 600 camiones diarios para cubrir las necesidades mínimas de dos millones de personas. Esta brecha alimenta la percepción de que la ayuda es limitada frente a la magnitud de la emergencia.

Desde una perspectiva estratégica, la apertura de una segunda ruta podría facilitar a Israel un mayor control del terreno y reducir la posibilidad de enfrentamientos en áreas densamente pobladas. Sin embargo, el coste humanitario y el riesgo de generar un éxodo masivo sin destino claro plantean interrogantes sobre la sostenibilidad de la operación.

En este escenario, la población civil de Gaza queda atrapada en un dilema existencial: permanecer en medio de los combates o desplazarse hacia un sur sin garantías de seguridad ni asistencia suficiente. La decisión de Israel de abrir una nueva vía de evacuación representa un intento de ordenar el caos de la guerra urbana, pero también es un preámbulo  sobre la magnitud del desafío humanitario que se avecina.@mundiario

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