El Gobierno estrecha el cerco a Israel: del frente diplomático al boicot cultural y deportivo

La estrategia de Sánchez pasa por que Tel Aviv quede al margen de competiciones internacionales como Eurovisión, la FIFA o el COI hasta que ponga fin a lo que denuncia como “genocidio” en Gaza.
Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel; y Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España. / RR SS
Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel; y Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España. / RR SS

La política exterior del Gobierno español ha colocado el conflicto en Gaza en el centro del debate nacional e internacional. Pedro Sánchez ha optado por endurecer su estrategia contra Israel, trasladando la disputa más allá de la diplomacia tradicional y apuntando hacia espacios de alta visibilidad como el deporte, la cultura y los grandes eventos internacionales. Una línea que genera apoyos en sectores sociales movilizados por la causa palestina, pero también críticas por la instrumentalización política de foros que, hasta ahora, habían permanecido en buena medida ajenos a estos conflictos.

La causa palestina se ha convertido en terreno favorable para el Ejecutivo. En La Moncloa interpretan que el presidente logra varios objetivos a la vez: reforzar su perfil internacional, cohesionar a sus socios de Gobierno, desgastar al PP y desplazar de la agenda pública los asuntos más incómodos, como los frentes judiciales que afectan al Ejecutivo. La estrategia de Sánchez pasa por que Israel quede al margen de competiciones internacionales como Eurovisión, la FIFA o el Comité Olímpico Internacional, hasta que ponga fin a lo que denuncia como “genocidio” en Gaza.

Desde que reconoció el Estado palestino, Sánchez ha buscado liderar una corriente europea crítica con el Gobierno del primer ministro Benjamín Netanyahu. Ha impulsado la suspensión del acuerdo de asociación UE-Israel, ha presentado un decálogo de medidas contra este país y ahora presiona para que se le aísle en el plano cultural y deportivo. En su equipo subrayan que España “marca el paso en un asunto donde otros socios europeos han adoptado posiciones más tibias.

El paso más polémico ha sido vincular la política internacional con eventos de gran impacto mediático. El Consejo de Administración de RTVE ha aprobado la retirada de España de Eurovisión si Israel participa, mientras que el Consejo Superior de Deportes (CDS) ha respondido con dureza al mordaz comunicado de la Unión de Ciclistas Internacional (UCI), en el que se condena que el Gobierno español arengara las protestas propalestinas que boicotearon la última etapa de la Vuelta ciclista, y que afirma que “pone en tela de juicio” la capacidad de España para albergar grandes eventos internacionales.

El CDS ha pedido también al Comité Olímpico Internacional (COI) y a las federaciones deportivas internacionales que sigan el ejemplo aplicado a Rusia tras la invasión de Ucrania. “Estamos haciendo lo que se hizo con Rusia, o en la Sudáfrica del apartheid. No estamos hablando de un conflicto menor, que hay muchos en el mundo y el deporte no se paraliza, estamos hablando de un genocidio, de un crimen de lesa humanidad, de los que se llaman imprescriptibles, imperdonables, y por tanto el deporte tiene que actuar en consecuencia”.

El PP, atrapado en un debate incómodo

En el terreno doméstico, la oposición se encuentra en una posición difícil. Mientras el Gobierno adopta un discurso que llama abiertamente a condenar un “genocidio”, Alberto Núñez Feijóo evita esa terminología y acusa a Sánchez de “instrumentalizar el conflicto”. Desde Moncloa creen que el PPno tiene estrategia” y que está condicionado por el peso de la presidenta madrileña Isabel Díaz Ayuso, que ha liderado un discurso más duro en defensa de Israel. El paralelismo que se traza en el Ejecutivo recuerda al dilema del PSOE frente al crecimiento de Podemos en 2016: cuanto más se radicaliza el PP en el discurso, más espacio concede a Vox.

Dentro del bloque progresista, el pulso es constante. Sumar y Podemos compiten por ver quién impulsa medidas más drásticas. La vicepresidenta segunda Yolanda Díaz presiona desde dentro del Gobierno, pero ha sido la formación de Ione Belarra quien ha llevado la crítica más lejos, reclamando la ruptura total de relaciones diplomáticas y comerciales con Israel y condicionando su apoyo a los Presupuestos a esa decisión. Para el PSOE, este escenario permite mostrarse como un partido que toma decisiones firmes, pero sin llegar a los extremos que exigen sus socios.

Aunque Israel no enfrenta sanciones generalizadas como Rusia tras la invasión de Ucrania, las medidas contra Netanyahu comienzan a multiplicarse. En Europa se discute suspender acuerdos comerciales, algunos países como España han prohibido el tránsito de armas hacia Israel y Turquía ha optado por un bloqueo comercial total. En la esfera cultural, decenas de artistas han impulsado el boicot, mientras en el deporte la presión crece, aunque todavía no alcanza los niveles de exclusión que sufrió Sudáfrica o la Unión Soviética durante la Guerra Fría.

El giro de Sánchez plantea preguntas de fondo: ¿se trata de una estrategia de presión legítima para frenar la ofensiva israelí en Gaza o de una maniobra política para reforzar su posición interna y europea? Lo cierto es que el Gobierno ha convertido la causa palestina en un eje de su política exterior y en un elemento de su discurso electoral. @mundiario

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