La UE frente a Israel: sanciones, equilibrios diplomáticos y tensiones internas en España
Europa camina por la cuerda floja en su relación con Israel. La Comisión Europea ha dado un paso inédito al aprobar la cancelación parcial del acuerdo comercial con el Gobierno de Netanyahu como medida de presión por la guerra en Gaza. Se trata de un gesto político de gran calado, aunque con un matiz importante: serán los Estados miembros –entre ellos España– los que decidan si la medida se traduce en hechos. Esa cautela refleja las tensiones que atraviesan a la propia Unión, atrapada entre la condena a la violencia y la necesidad de preservar sus equilibrios diplomáticos.
La respuesta israelí no se hizo esperar. El ministro de Finanzas fue claro: su Gobierno ya negocia con Washington cómo repartirse la Franja y no dudará en responder contra la UE si se aplican las sanciones anunciadas. Al mismo tiempo, Israel ha exigido la evacuación forzosa de cientos de miles de civiles en Gaza, en un plazo de apenas 48 horas, y se acumulan denuncias de ataques contra hospitales, según el Ministerio de Sanidad gazatí. El conflicto, lejos de encaminarse hacia un alto el fuego, se recrudece con un lenguaje cada vez más deshumanizado. Cada día, muertos y más muertos.
En este contexto, la intervención del Rey Felipe VI en Egipto cobra un peso simbólico relevante. Tras reunirse con el presidente Al Sisi, el monarca español reiteró su apoyo a la creación de un Estado palestino viable con Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este como capital, al tiempo que denunció el “brutal sufrimiento” de la población civil y agradeció la mediación de El Cairo. Su mensaje es una llamada a la diplomacia en un momento en que las posiciones parecen encalladas en la lógica de la fuerza.
España, sin embargo, vive el conflicto también en clave interna. La presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, ha prohibido las banderas palestinas y las muestras de apoyo a Gaza en colegios públicos, alegando que se trata de un tema político impropio del ámbito educativo. Paradójicamente, su Ejecutivo sí alentó la solidaridad con Ucrania en las aulas. Esta doble vara de medir revela hasta qué punto la guerra en Gaza se ha convertido en un campo de batalla cultural dentro de España.
Feijóo endurece su discurso contra Netanyahu
En paralelo, Alberto Núñez Feijóo, presidente del PP, ha endurecido el tono contra Netanyahu, aunque no ha perdido la ocasión de acusar a Pedro Sánchez de utilizar la crisis internacional como “cortina de humo” frente a sus problemas domésticos. El líder del PP mantiene así una estrategia de equilibrio: criticar con dureza al Gobierno israelí, pero no dejar de enmarcar la política exterior en la pugna interna con el Ejecutivo socialista.
El tablero internacional y el nacional se retroalimentan. Bruselas busca mantener cierta coherencia moral frente a la violencia en Gaza, Israel redobla la presión con amenazas, España intenta influir en el debate europeo mientras sus partidos convierten la guerra en arma política. Y, mientras tanto, lo esencial —el sufrimiento de la población civil en Gaza— corre el riesgo de diluirse entre las sanciones, los vetos y los cálculos partidistas. Los datos hablan por si solos: más de 65.000 personas han muerto ya en Gaza por la ofensiva israelí y ahora Ciudad de Gaza se queda sin conexión a internet ni telefónica tras los ataques israelíes contra sus infraestructuras. @mundiario



