Vox contra el bipartidismo: cómo la formación de Abascal capitaliza los escándalos de corrupción
En plena tormenta política, con el PSOE golpeado por el caso Cerdán y el PP forzado a dar explicaciones por la imputación del exministro de Hacienda Cristóbal Montoro, Vox afila su discurso y se lanza a ocupar el espacio que deja el desgaste del bipartidismo. Santiago Abascal no disimula su objetivo: presentarse como la única fuerza limpia frente a los “vicios estructurales” de los grandes partidos que han gobernado España durante más de cuatro décadas.
El relato es claro y contundente: ni Ferraz ni Génova están libres de culpas, y la ultraderecha quiere hacer calar la narrativa de que ambos partidos comparten más de lo que los separa, sobre todo en lo que respecta a la corrupción, las políticas migratorias y la gestión de los recursos públicos.
En un contexto en el que PP y PSOE se enzarzan en una batalla dialéctica de reproches cruzados, Vox ve una ventana de oportunidad para consolidarse como la alternativa real al “régimen del 78”, una cruzada que también está intentando la izquierda plurinacional, según lanzó el portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, para acoger a partidos nacionalistas e independentistas para formar un “frente común” de cara a las elecciones generales en el que podrían encuadrarse Podemos, Sumar e Izquierda Unida (IU).
La imputación de Cristóbal Montoro ha pillado al Partido Popular en un momento de ventaja frente al Gobierno, pero también ha descolocado su estrategia basada en la denuncia de la corrupción socialista. El intento de Alberto Núñez Feijóo por marcar distancias con el pasado ha sido rápido, pero no exento de contradicciones: mientras pide ejemplaridad, incorpora al equipo económico del partido a Alberto Nadal, quien trabajó en el equipo de Montoro entre 2016 y 2018.
En el entorno de Vox han detectado con rapidez el coste de este movimiento. Sin atacar personalmente a Feijóo, Abascal insiste en subrayar los fantasmas del pasado que persiguen al PP. “El Partido Popular miente, como lo hizo Montoro y Rajoy”, declaró el líder ultra en una entrevista en Telecinco esta semana, para abundar en su estrategia de que nada ha cambiado realmente en la derecha tradicional.
PSOE y PP: “dos caras de la misma moneda”
Desde Vox se insiste en equiparar a populares y socialistas no sólo en sus escándalos de corrupción, sino también en su hoja de ruta política. “Génova y Ferraz son dos caras de una misma moneda, porque votan lo mismo, imponen las mismas políticas y se han corrompido de la misma manera”, indicó el partido en redes sociales cuando el caso Montoro estalló. La polarización generada por los casos judiciales y la parálisis institucional de la frágil mayoría de la investidura es vista desde Bambú como una oportunidad perfecta para posicionar su mensaje de frente al deterioro de las formaciones históricas.
Las encuestas internas del PP ya recogen el fenómeno: Vox vuelve a situarse por encima de los 50 escaños, y su crecimiento no parece provenir solo de votantes descontentos de la derecha. La formación de Abascal se beneficia también de un voto de castigo al sistema político en su conjunto, especialmente entre quienes perciben que ni PSOE ni PP ofrecen una respuesta creíble a los grandes problemas del país.
Este crecimiento se alimenta, además, de una narrativa populista en temas como la inmigración, la defensa del mundo rural y el cuestionamiento de las políticas de igualdad de género. Vox ha intensificado su discurso sobre la “inseguridad derivada de la inmigración ilegal” y propone incluso revisar el Código Penal para facilitar la expulsión de inmigrantes legales condenados por determinados delitos. Feijóo, consciente de esta presión, ha endurecido su propia retórica migratoria, pero sin llegar a los extremos de Vox.
Feijóo y el dilema de la cooperación sin contagio
El líder del PP se enfrenta a un dilema complejo: necesita a Vox para alcanzar la Moncloa, pero no quiere que entre en el Gobierno. El problema es que, cuanto más crece Vox, más difícil se vuelve sostener ese equilibrio. Pactar sin ceder puestos se antoja cada vez menos viable, y en Génova son conscientes de que, en caso de elecciones, las condiciones que exigiría Vox para apoyar un Ejecutivo de Feijóo serían mucho más duras que en el pasado.
El Partido Popular confía en ampliar su base de votantes descontentos con el PSOE, pero teme que los escándalos del pasado y su dependencia de la ultraderecha puedan frenar ese trasvase. Vox, mientras tanto, construye su relato sobre una base emocional: el hartazgo, la desconfianza y el deseo de una ruptura con lo que consideran “la vieja política”. @mundiario





