Vox y Aliança Catalana reordenan el mapa electoral de Cataluña a costa de la desafección
La última entrega del barómetro del Centre d’Estudis d’Opinió (CEO), el equivalente catalán al CIS, deja una lectura inequívoca: la extrema derecha gana espacio en el Parlament de Cataluña en pleno auge del debate sobre inmigración y en un contexto de creciente insatisfacción ciudadana con la política tradicional. Tanto Vox como Aliança Catalana, partidos situados en los márgenes ideológicos del sistema, obtienen en esta encuesta sus mejores proyecciones hasta la fecha, consolidándose como fuerzas que no solo retienen a sus votantes, sino que amplían su base electoral a costa de partidos consolidados como el PP y Junts per Catalunya.
El crecimiento de estas dos formaciones, cada una con su especificidad política e identitaria —Vox en clave nacional y antiindependentista; Aliança en clave secesionista y antiinmigración—, se explica en parte por una transformación en las prioridades del electorado catalán. En este sentido, la inmigración se convierte en una cuestión nuclear: es el principal problema citado por un 33 % de los votantes de Vox y un 27 % de los de Aliança, frente al 9 % del conjunto de la población. Un tema que, aunque no ocupa el centro del debate institucional, sí articula los discursos más efectivos desde los extremos del tablero político.
El partido de Santiago Abascal, que actualmente cuenta con 11 diputados, alcanzaría en esta proyección entre 12 y 14 escaños, mientras que la formación de la alcaldesa de Ripoll, Sílvia Orriols, que entró por primera vez en el Parlament en mayo con dos representantes, escalaría hasta los 10-11. Es decir, ambas fuerzas podrían sumar hasta 25 diputados, cerca del 20 % de la Cámara. Esta cifra adquiere aún más relevancia si se considera que ambos partidos tienen tasas de fidelidad de voto superiores al 90 %, lo que los convierte en actores estables y no episódicos del nuevo equilibrio político catalán.
El caso de Aliança Catalana es particularmente llamativo. Este partido ha logrado romper la barrera del nicho ideológico para empezar a atraer votantes del PP y de Junts. La encuesta constata que la formación independentista de extrema derecha ya no solo pesca en el votante desencantado con el procés, sino que amplía sus apoyos entre sectores más plurales de la ciudadanía, especialmente de mediana edad. Su líder es, además, la dirigente mejor valorada entre sus propios votantes, con una aprobación del 97 %.
El PP pierde terreno; Junts se estanca
La consolidación de Vox se produce a costa del PP, que baja ligeramente hasta los 14-15 escaños (actualmente tiene 15) y no consigue capitalizar el descontento generado por los casos de corrupción que salpican al PSOE, siendo el más visible el caso Cerdán. En el campo soberanista, Junts per Catalunya, que conserva entre 28 y 30 diputados, sigue sin recuperarse del desplome registrado en los comicios del 12 de mayo (obtuvo 35 escaños) y parece haber encontrado un nuevo suelo del que no logra despegar, absorbido parcialmente por el ascenso de Aliança.
ERC, por su parte, se mantiene como tercera fuerza con una horquilla de 21-23 escaños y consigue estabilizarse gracias a un leve retorno de votantes que en las autonómicas optaron por el PSC. Los republicanos aprovechan parcialmente la ligera erosión del voto socialista, pero no de forma masiva: gran parte del descontento se traduce en abstención, no en trasvase de papeletas.
El PSC resiste el golpe del caso Cerdán, pero se estanca
A pesar del escándalo que afecta al ex número tres del PSOE, Santos Cerdán, el PSC sigue siendo la fuerza más votada, con una estimación de entre 40 y 42 escaños. Esta cifra implica un leve retroceso respecto a su representación actual (42) y al sondeo anterior, pero no altera su posición hegemónica. El presidente de la Generalitat, Salvador Illa, sigue siendo el líder mejor valorado y el único que aprueba entre sus votantes y no votantes, lo que le garantiza un perfil presidencialista consolidado.
Sin embargo, el caso Cerdán sí ha tenido efecto en la percepción general de la política española, que vuelve a empeorar según el sondeo. Un 68 % de los encuestados valora negativamente la situación en España, cinco puntos más que en el barómetro anterior. En cambio, la percepción de la política catalana mejora: el 50 % la ve negativamente, pero es la cifra más baja desde 2008.
Un electorado más polarizado y desconfiado
Más allá del reparto de escaños, el barómetro del CEO revela cambios de fondo en la cultura política catalana. El 71 % de los encuestados se declara insatisfecho con el funcionamiento de la democracia, frente al 65 % de marzo. Este malestar general alimenta el voto a opciones de ruptura, como Vox y Aliança, y explica el hecho de que un 19 % de los ciudadanos esté dispuesto a cambiar su voto hacia partidos de extrema derecha, motivado por la decepción con los actores tradicionales.
Además, entre los votantes del PP, este porcentaje de cambio potencial asciende al 43 %, una señal de alarma para los populares, que pierden terreno tanto por la derecha como por su incapacidad para ofrecer una alternativa convincente al Gobierno central o a los partidos independentistas.
El CEO confirma que el Parlament catalán camina hacia un equilibrio más fragmentado y polarizado, donde fuerzas extremas logran avanzar a costa de los partidos tradicionales. Vox se beneficia del desgaste del PP y del impacto emocional de los casos de corrupción a nivel estatal, mientras que Aliança Catalana se afianza como el refugio del independentismo más radical y contrario a la inmigración.
Aunque el PSC sigue siendo la fuerza dominante, su capacidad de formar mayoría absoluta es limitada, y el aumento del voto ultra complica cualquier pacto transversal. En este contexto, el debate sobre la inmigración, la frustración económica —especialmente por la vivienda— y la desafección política seguirán siendo claves para entender el comportamiento electoral de una ciudadanía cada vez más volátil y desconfiada.
Si algo demuestra este barómetro es que el voto de protesta ya no es marginal: se institucionaliza y se convierte en una palanca real de transformación del sistema político catalán. Vox y Aliança Catalana, con discursos distintos pero estrategias convergentes, encarnan el malestar de una parte significativa del electorado y marcan el rumbo de un Parlament que ya no se parece al de hace apenas cinco años. @mundiario








