Feijóo, entre la dureza migratoria y el rechazo a la violencia: el difícil equilibrio del PP
Alberto Núñez Feijóo ha optado por un discurso de equilibrio frágil ante los graves altercados racistas registrados en Torre Pacheco (Murcia), donde grupos ultras han llamado a la “cacería” de inmigrantes a través de redes sociales. En una declaración difundida en vídeo por el Partido Popular, el líder de la oposición condena la violencia sin matices, pero reparte responsabilidades de manera simétrica entre inmigrantes y agresores, subrayando que “quienes hayan cruzado nuestras fronteras para quebrantar la ley no nos representan” y “quienes la incumplen habiendo nacido aquí, tampoco”.
Con ese mensaje, Feijóo pretende enviar señales en varias direcciones: por un lado, se alinea con una mayoría social que rechaza la violencia callejera; por otro, endurece su discurso migratorio para mantener a raya a un electorado que se desplaza hacia Vox.
En su intervención, Feijóo arranca solidarizándose con Domingo, el jubilado agredido por varios jóvenes incluyendo al menos uno presuntamente de origen magrebí, y exige a los inmigrantes “respeto e integración”, advirtiendo de que “quienes no lo hacen deben saber que no son bienvenidos”. Solo después se refiere a los responsables de las agresiones xenófobas, a los que también exige “que ya basta”.
La posición de Feijóo contrasta con la del Gobierno, que acusa a Vox de instigar el odio desde las instituciones y al PP de “silencio cómplice”. La portavoz del Ejecutivo, Pilar Alegría, ha afirmado que “Vox chapotea diariamente” en el odio al inmigrante, en una estrategia que busca aislar a la extrema derecha y arrastrar al principal partido de la oposición hacia una condena más contundente. De momento, esa ruptura no se ha producido: Feijóo evita mencionar a Vox, a pesar de que su líder autonómico en Murcia, José Ángel Antelo, será investigado por la Fiscalía por un posible delito de odio.
Incluso dentro del PP, las voces que se desmarcan del guion oficial son escasas. La portavoz parlamentaria Ester Muñoz ha ido un paso más allá al reprochar que Vox esté “aprovechando irresponsablemente todo lo que está pasando en lugar de contribuir a que llegue la normalidad en Torre Pacheco”, pero acto seguido ha repartido culpas con el Gobierno, al que acusa de “llevar dos años sin política migratoria”. Esta línea refuerza la estrategia de Feijóo de buscar una tercera vía entre el discurso institucional y las exigencias de un electorado más escorado a la derecha, al que no quiere regalar a Vox sin resistencia.
La dependencia de Vox complica al PP
La receta del PP ante esta crisis combina mano dura con propuestas de refuerzo policial y legal, incluyendo la repatriación inmediata de inmigrantes en situación irregular y la reforma de las leyes de multirreincidencia. Pero al no apuntar directamente a Vox ni nombrar a otros colectivos ultras que azuzan los disturbios en las calles, el PP abre un flanco político que el Gobierno está decidido a explotar.
Feijóo parece empeñado en construir un perfil de estadista moderado que huye del populismo y reivindica el Estado de Derecho. Sin embargo, la ambigüedad frente a la ultraderecha de la que podría depender si llega al poder lo sitúa en una posición incómoda, forzado a hacer equilibrios entre el rechazo a la violencia y la necesidad de mantener un discurso firme en materia migratoria. El riesgo es que esa ambivalencia termine por no convencer ni a sus votantes más moderados ni a los más duros, que encuentran en Vox una propuesta más nítida y sin complejos.
El mensaje de convivencia de la España que viene. pic.twitter.com/iMuvoCoEIb
— Alberto Núñez Feijóo (@NunezFeijoo) July 15, 2025
La crisis de Torre Pacheco no solo ha expuesto las tensiones sociales en torno a la inmigración, sino que también ha puesto en evidencia las dificultades del PP para liderar una oposición clara y coherente en un terreno ideológico cada vez más polarizado. Mientras la extrema derecha avanza con mensajes simples, cargados de emoción y directos, el PP trata de marcar distancias sin romper puentes. En ese ejercicio de malabarismo, Feijóo se juega algo más que su discurso: su capacidad para liderar un espacio político que no ceda al extremismo, pero tampoco se quede sin voz frente a él. @mundiario


