La muerte dopada del siglo XX

Reina Isabel II. / RR SS
La reina Isabel II. / RR SS

La muerte de Isabel II es la muerte del siglo XX. Pese a todo abordamos los desafíos del XXI con mentalidad del siglo pasado. Para algunos, es buen momento para ser Papa pero no Rey.

 

La muerte dopada del siglo XX

El fallecimiento de la reina británica Isabel II pone fin a una era, toda ella del siglo XX. Es tal vez el icono mundial más representativo de su tiempo pasado. Con ella muere el siglo XX que encarna todo un pasado pomposo, tradicional y ceremonial sin que por ello en el resto del mundo hayamos abordado aún suficientemente la era de la ecodigitalidad.

Demasiados desafíos y crisis tenemos en el horno sin habernos adentrado en el cambio de paradigma que exige un cuarto de siglo después del cambio de centuria.

De hecho pese a los efectos desastrosos del clima en el XXI hemos decidido seguir consumiendo energías fósiles y nuclear del siglo pasado porque somos incapaces de dar paso -como el peinado perenne de la reina fallecida-  a una nueva época que ponga a salvo el planeta que heredarán nuestros herederos. Muy propio del siglo XX.

Hemos dopado  la conciencia del mundo,  la economía, el aparato político y hasta la muerte para alimentar guerras y conflictos como el de Ucrania a costa de mantener intactas prácticas, políticas, extracción de gas, petróleo y venta de armas propias de épocas anteriores.

Tenemos las herramientas y recursos para acotar si quisiéramos la crisis económica más grave desde la II Guerra Mundial, el holocausto ecológico, el hambre en el mundo y las guerrras si no fuera porque mantenemos intactas estructuras del siglo pasado con una visión victoriana falsa. No con ello se pretende culpabilizar a la ex reina británica de los males del universo. Pero nos inmoviliza tanta falta de voluntad y desafección política que  nos impide traspasar el meridiano de Greenwich en el siglo XXI.

Simplemente enfatizamos esa versión y visión inmovilista hacia prácticamente todos nuestros desafíos presentes  y del futuro. En España somos especialistas en lustrar el pasado, obviando el presente y desinteresado del futuro. Ni siquiera sabemos sacar provecho del dinero gratis de Europa hasta el punto que la UE ha señalado a España como el peor ejecutor de los fondos europeos.

Pero el siglo XXI se merece más impulso, compromiso, resolución y la impetuosidad victoriana  de la Revolución Industrial. Si acaso hoy menos “profesionalidad” protocolaria y más emoción gestionando los desafíos de la humanidad y múltiples facturas pendientes que no son pocos sin abordar.

El siglo XX ha muerto pero seguimos abrazados a  él pese a todo sin soltar lastre. Aparte de reanimar los fósiles en vez de catapultar las energías verdes, hemos resucitado los nacionalismos, populismos y radicalismos en su máximo exponente cuando creíamos haberlos superados con el fin de las grandes guerras y el cambio de milenio. 

En casa hemos declarado la extravagancia de tres días de luto en la comunidad de Madrid por la muerte de una monarca extranjera mientras mantiene en suelo nacional la colonia de Gibraltar desde tiempos del Tratado de Utrecht (1715).  En comparación, el Gobierno indio de Nueva Delhi, país miembro de la Commonwealth, decretó tan sólo un día de duelo nacional.  Sólo nos faltaría que abriéramos la Oficina del Inglés en la capital española ahora que la del español se diluye. A lo mejor recuperamos así antes el Peñón. Y a los que enfurece tanto entusiasmo británico, no  tanto los homenajes a los etarras criminales en nuestra propia tierra. 

Algunos dirán que son cosas del dopaje. Esto no tiene que ver ni con gestas diplomáticas, protocolo, escenografías  ni  soft power (poder blando). Todo nuestro respeto a la Monarquía de Su Majestad porque es la nuestra también. Pero los plebeyos, republicanos incluidos, hace tiempo que se merecen menos reverencias, sombreros de copa o pamelas y más atención transparente por los temas de nuestros tiempos que son muchos sin resolver y se agravan a medida que pasa el tiempo para desesperación tanto del planeta como de los  más afectados.

Y dejar de contaminar urgentemente la tierra, los fondos marinos y hasta el espacio de chatarra como si no hubiera un mañana. Ya sabemos que de esto poca culpa tiene el heredero de la reina Isabel II, pero tal vez por eso la moralidad anglicana en Windsor antigermánica (antes con denominación alemana Sajonia-Coburgo y Gotha) plagada de pedofilia, cuernos y rupturas nos haga ver el mundo dopado a partir de ahora con otros ojos. Carlos III inicia su reinado peinando canas desde el siglo XX y azulejos de Porcelanosa. Buena época para ser Papa pero no Monarca. Que Dios nos salve al rey… y a la humanidad. @mundiario

 

 

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