Maridaje conquistado de la familia Terras Gauda con mejillones, zamburiñas y chipis en conserva

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Elegimos tres de las grandes y conocidas etiquetas del grupo afincado en O Rosal, y le pusimos a cada una su pareja sólida, enlatada de podium, sin reservas de género.
Maridaje conquistado de la familia Terras Gauda con mejillones, zamburiñas y chipis en conserva

Otro reto de nuestra Cata de mariscos en conserva publicada en la revista HGgT era conseguir un maridaje de vinos con adn gallego, con moluscos de oro, entre los catados y clasificados en la crónica precedente a este broche que así también lo es de oro. Reto difícil, harmonías entre el vino y bocados allí donde el vinagre marca territorio. La diversidad nos la brindó el catálogo del grupo Terras Gauda, genuinamente gallego como su emplazamiento en el Baixo Miño (sus blancos de la D.O. Rías Baixas), y con un sólido pie en la Bierzo, de donde sobresalen tintos de Mencía, uva nuestra también...


Elegimos tres de las grandes y conocidas etiquetas del grupo afincado en O Rosal, y le pusimos a cada una su pareja sólida enlatada, sin reservas de género, como se verá.., puesto que nada le importó a las zamburiñas de Peperetes, un prolongado revolcón bucal con la botella de Pittacum. Esa salsa de caldeirada, huerta de primavera pimentonada, se deja dominar por la frescura cálida de la Pittacum, lozanas guardadoras de las hijas de doña Mencía. El vino parece enardecer las conservadas viandas saborizadas por la salsa gallega. Fronteras amigas.

El Abadía de San Campio, albariño clásico, con su aproximación a los dorados tonos identificativos de la variedad, empareja divinamente con el chipirón, otra combinación sin preocupaciones por género si le llamamos lura, como corresponde en autoctonía. El oro de estas latas también es de Peperetes, estos en una salsa negra pero muy ligera y elegante, quizá la clave de esta harmonía puesto que el Abadía de San Campio se elevó así sobre el cefalópodo, en una suerte de ejercicio circense en el que el calamar hacía el papel de portador, y el San Campio se elevaba en golosas flexiones. Espectacular maridaje.

Un equilibrio tildado por el vinagre

Y para el final, el ejercicio más arriesgado. Dejamos para la botella Terras Gauda -la etiqueta que la bodega jamás presenta a concursos- los ejemplares mejillones de Nosa, los mejores según el jurado. Sabíamos que estos serios bocados vienen cubiertos por una llamada salsa de vieira, densa, cautelosamente tildada por el vinagre. Un equilibrio al que solo podría oponerse, con posibilidades de que se llevaran bien, otro equilibrio de la viña y la bodega como es el Terras Gauda.

La densidad que le proporciona las maduras albariñas de las lomas Tabagón, el fino y definitorio aroma de la Loureiro, ese punto de leve acidez que le proporciona el otro trío del característico coupage, la Caíño Blanco obra el milagro, de forma que este soberbio “rosal” llamado Terras Gauda ensalza el palatial juego malabar con el bocado escabechado. Y el espectáculo resulta adictivo. 

Maridaje conquistado de la familia Terras Gauda con mejillones, zamburiñas y chipis en conserva
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