¿Qué tan cruciales son los votos de Junts en el Congreso?: el Gobierno cree poder amarrarlos

El Ejecutivo de Sánchez sostiene que la ruptura con el partido de Puigdemont no pone en riesgo la legislatura y confía en poder recuperar el respaldo de los independentistas catalanes cuando las votaciones sean decisivas.
Pedro Sánchez en el Consejo Europeo en Bruselas. / La Moncloa
Pedro Sánchez en el Consejo Europeo en Bruselas. / La Moncloa

El Gobierno de Pedro Sánchez ha recibido con calma la decisión de Junts de “pasar a la oposición”. En La Moncloa insisten en que el movimiento anunciado por Carles Puigdemont no altera el equilibrio político en el Congreso ni amenaza la estabilidad de la legislatura. El diagnóstico oficial es que no hay ruptura total, sino una maniobra política para marcar perfil propio ante el electorado independentista de derechas.

La reacción gubernamental ha sido de serenidad y cálculo. “Junts no era un socio de gobierno estándar”, señalan desde el entorno de Sánchez. “Ya trabajábamos votación a votación, y así seguiremos”, alegan. Desde el PSOE se subraya que, si bien los posconvergentes se levantaron de la mesa de negociación en Suiza, pero no se ha cerrado la puerta a apoyar medidas que beneficien a Cataluña. De hecho, el propio Puigdemont afirmó que su partido analizará cada iniciativa y respaldará aquellas que favorezcan los intereses de los catalanes.

El Ejecutivo se aferra a esa rendija de entendimiento. Entre esas leyes están los próximos Presupuestos Generales del Estado, que el Gobierno podría presentar con partidas específicas para Cataluña, una posible estrategia orientada a poner a Junts ante el dilema de oponerse a medidas “beneficiosas” para sus propios votantes.

En La Moncloa se ha impuesto el discurso comedido. Ni reproches ni amenazas, solo un mensaje de respeto y continuidad institucional. “Máximo respeto por Junts y sus decisiones”, fue la reacción oficial desde Ferraz. Sánchez reconoce que Puigdemont “necesita marcar perfil” y reforzar su liderazgo ante el ascenso de Aliança Catalana, pero confían en que la lógica parlamentaria prevalezca sobre la confrontación ideológica.

Un equilibrio numérico precario pero funcional

El Gobierno, de hecho, interpreta el paso de Junts a la “oposición” como una oportunidad para redefinir su política de alianzas y reforzar el relato de estabilidad. En el PSOE recuerdan que Puigdemont ha evitado alinearse con PP y Vox en una moción de censura, consciente de que ese movimiento sería letal en Cataluña. Esa incompatibilidad con la derecha es, para el Ejecutivo, el principal salvavidas político.

La ruptura formal con Junts complica las matemáticas parlamentarias. El bloque de investidura pasa de 179 a 172 diputados, frente a los 178 de la oposición. Sin embargo, el Gobierno cree que esta fragilidad no se traducirá necesariamente en derrotas sistemáticas. La experiencia de la legislatura lo demuestra: de las 66 iniciativas impulsadas por el Ejecutivo, 23 habrían caído sin el apoyo de Junts, pero muchas fueron aprobadas tras intensas negociaciones. En La Moncloa confían en reproducir ese esquema “carpeta a carpeta”.

El problema no es aritmético, sino político. Sin Junts, el Gobierno pierde capacidad para aprobar grandes leyes, pero mantiene abierta la vía de los decretos y los acuerdos puntuales con formaciones nacionalistas y sus socios de la izquierda alternativa.

Sánchez mantiene su propósito de completar el mandato. En la reunión de la Ejecutiva del PSOE, el presidente no abordó la posibilidad de un adelanto electoral ni mostró inquietud por la ruptura de Junts. Su estrategia pasa una vez más por resistir, gobernar con alianzas flexibles y dejar que el tiempo rebaje la tensión con el independentismo. @mundiario

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