Del Preu a la PAU, un proceso universitario sin igualdad autonómica
Recuerdo con mucho cariño aquel día de junio en la segunda mitad de la década de los 60 del siglo pasado cuando mis compañeros y yo, que habíamos finalizado el curso de preuniversitario, nos desplazamos en un vetusto tren desde Ourense a Santiago de Compostela. En la ciudad del apóstol nos esperaban al día siguiente los exámenes para superar las pruebas de acceso a la Universidad. En aquel tren, que tardó varias horas en llegar porque iba parando en estaciones y apeaderos, viajaban también alumnas y alumnos de otros centros escolares de nuestra ciudad.
Los dirigentes educativos universitarios eran para nosotros una auténtica incógnita que preparamos durante bastante tiempo en nuestro centro escolar para poder superar las pruebas. Fueron dos largos días de exámenes escritos y oral.
Troncales y comunes
El primero aglutinaba matemáticas, física y química, para los de ciencias, y latín y griego los de letras. El segundo, denominado común, constaba de un tema de las materias que dábamos todos -casi siempre caía biología o filosofía- para que lo desarrollásemos por escrito. Como colofón un examen oral del idioma que dimos durante nuestros estudios de segunda enseñanza, que en un porcentaje muy elevado era francés. En un par de días sabíamos si habíamos aprobado el Preu viendo las largas listas de números y tribunales que se publicaban en El Correo Gallego que tiraba una edición especial y que llegaba a toda Galicia viajando en el Castromil. Pasados unos días nos desplazábamos a Santiago para matricularnos en la carrera que habíamos elegido -en mi caso Medicina-y lo hacíamos por medio de una de las cuatro ventanillas existentes en el edificio central de la Universidad, que estaba en el primer piso de la actual Facultad de Geografía e Historia donde años más tarde nos encerramos con motivo de la huelga del 68. Un proceso, el de la matriculación, que se hacía a mano, con bolígrafo y guardando largas colas para ser atendidos. Se escogía una de las pocas licenciaturas que se impartían en Santiago y en las que no había problemas de plazas.
La PAU
Hoy en día todo este largo proceso que he relatado se condensa en un término conocido como Prueba de Acceso a la Universidad (PAU), en la que están participando más de 13.000 estudiantes gallegos repartidos en 36 sedes ubicadas en diez localidades de las cuatro provincias. Se trata de una prueba selectiva, criticada por muchos conceptos, que marca el futuro para un gran número de estudiantes y que no es igual en toda España. La estructura básica y los criterios mínimos están homologados pero el concepto final depende de lo que decida cada Comunidad Autónoma que al tener totales competencias en educación diseña sus propias pruebas y contenidos. Soy de los que cree que se debería desarrollar un proceso conjunto, uniforme e igualitario, para aplicar en todo el territorio nacional. Algo que se viene demandando desde hace mucho tiempo pero que no se ha llevado a la práctica por falta de acuerdos entre los responsables educativos.
Sofisticación al copiar
Si esto ya es una dificultad y una discriminación entre las distintas comunidades, en el presente año, que aumentó de forma muy considerable el número de alumnos que se presentan, hay que añadir también la utilización de detectores de radiofrecuencia e inhibidores para que los alumnos no hagan trampas y no puedan copiar, de la forma que sea, durante los exámenes.
Mayores competencias y mayor compromiso para los vigilantes de los exámenes que tendrán que aplicar todo su criterio a la hora de inspeccionar a los alumnos. Algo que no me parece justo ya que pasan de ser meros vigilantes educativos a casi controladores policiales de esos aspirantes, de los que cerca de un 90 por ciento suelen aprobar las pruebas de selectividad. Lo de disponer de una plaza para seguir estudios superiores en el grado deseado ese ya es otro tema. @mundiario
