La tensión en Podemos por la unidad de la izquierda en Andalucía pone en el alero un acuerdo nacional
La recomposición de la izquierda alternativa en Andalucía vuelve a mostrar sus costuras. El acuerdo in extremis entre Podemos, Izquierda Unida (IU) y Movimiento Sumar para concurrir bajo la marca Por Andalucía ha sido recibido con escepticismo por uno de los principales referentes del espacio: Pablo Iglesias.
Sus declaraciones, lejos de cerrar filas, han soplado un aire de incertidumbre y resquemor al ambiente en plena precampaña. Y no se trata de cualquier crítica, Iglesias cuestiona tanto el reparto de poder dentro de la coalición como sus expectativas electorales, lo que impacta directamente en la credibilidad del proyecto.
El pacto se selló en el último momento en Viernes Santo, tras una negociación apurada que dejó a Podemos encabezando la lista en Jaén y los números dos en Sevilla y Málaga, posiciones consideradas poco competitivas porque en las últimas elecciones no se convirtieron en escaños, aunque en 2012,2015 y 2018 sí ocurrió. Iglesias lo resumió con ironía, el acuerdo “muy generoso no es”. Más allá del tono, el diagnóstico es que los puestos asignados dificultan que el partido morado obtenga representación parlamentaria.
Este punto es clave. En política de coaliciones, la percepción de utilidad electoral es determinante. Si uno de los socios transmite que su presencia no se traducirá en escaños, el mensaje que llega al electorado es de debilidad estructural. Además, el propio Iglesias da por hecho un escenario de bajo rendimiento, en línea con las encuestas. Esta anticipación de resultados modestos introduce un efecto desmovilizador que puede condicionar toda la campaña.
La sombra de las divisiones internas
Las tensiones no son nuevas, pero ahora emergen en el peor momento posible. La tardía incorporación de Podemos a la negociación —tras meses de conversaciones entre IU y Sumar ignoradas por los morados— ha dejado heridas abiertas. Desde el entorno de la secretaria general Ione Belarra se ha insistido en que el partido ha actuado por “responsabilidad”, pero el malestar interno es evidente. Iglesias ha ido más allá al señalar que “hay mucha gente indignada”, evidenciando una fractura entre la dirección y parte de la militancia.
En contraste, figuras como el coordinador federal de IU Antonio Maíllo, candidato de la coalición, defienden el acuerdo como un punto de partida para reconstruir la unidad. Sin embargo, la falta de entusiasmo en uno de los socios principales debilita esa narrativa.
Uno de los elementos más delicados del análisis de Iglesias es su advertencia sobre el comportamiento del electorado. Según su lectura, la cercanía percibida entre el PSOE y sectores de la coalición puede empujar a votantes hacia alternativas como Adelante Andalucía o incluso hacia la abstención. “Cada vez que (María Jesús Montero) habla bien de Maíllo mete votos en la urna de Adelante”, ha dicho el exvicepresidente segundo del primer Gobierno de coalición de Pedro Sánchez, quien insinuó que la formación de su excompañera de filas, Teresa Rodríguez, “sí se diferencia del PSOE” y que “la relación de amor” con Maíllo llevarán a los votantes progresistas a la abstención o a optar por la papeleta regionalista.
Consecuencias más allá de Andalucía
El impacto de esta crisis no se limita al ámbito regional. Las tensiones en Andalucía proyectan dudas sobre la viabilidad de un acuerdo estatal entre las distintas familias de la izquierda. Mientras sectores vinculados a Sumar apuestan por una integración más amplia, Podemos sigue obcecado en explorar vías alternativas. En este contexto, iniciativas como el acercamiento entre la exministra de Igualdad y candidata a las generales Irene Montero y el portavoz de ERC Gabriel Rufián en el Congreso apuntan a la búsqueda de nuevas alianzas, aunque su recorrido es incierto.
La coexistencia de estrategias divergentes —coalición institucional frente a articulación de liderazgos— complica la construcción de un proyecto común. A poco más de un mes de las elecciones andaluzas, la coalición se enfrenta a un escenario complejo ante la falta de cohesión interna, expectativas electorales moderadas y competencia dentro del propio bloque ideológico.
La campaña de Por Andalucía, lejos de centrarse en propuestas, corre el riesgo de girar en torno a sus propias contradicciones. Y en política, cuando el debate interno eclipsa el mensaje externo, el coste suele ser elevado. @mundiario





