Unidad en riesgo en Andalucía: IU y Podemos negocian contrarreloj para salvar la izquierda alternativa

A horas del cierre del plazo legal para registrar coaliciones, los partidos progresistas intensifican las negociaciones para concurrir juntos en las elecciones andaluzas del 17 de mayo bajo una candidatura unitaria y evitar la fragmentación en tres listas.
Antonio Maíllo, coordinador federal de Izquierda Unida (IU) y candidato de Por Andalucía. / RR.SS
Antonio Maíllo, coordinador federal de Izquierda Unida (IU) y candidato de Por Andalucía. / RR.SS

La política andaluza vuelve a enfrentarse a un déjà vu con tintes de urgencia, desconfianza acumulada y cálculo estratégico. A escasas horas de que expire el plazo oficial para registrar coaliciones, Izquierda Unida (IU) y Podemos apuran negociaciones que, más allá de lo formal, reflejan una tensión estructural en la izquierda alternativa española, la dificultad crónica para articular proyectos comunes estables.

El contexto no es baladí. La candidatura de la coalición Por Andalucía —liderada por el coordinador federal de IU Antonio Maíllo— ya está configurada junto a Movimiento Sumar, Iniciativa del Pueblo Andaluz, el Partido Verde (antes Verdes-Equo) y Alternativa Republicana. Pero la incorporación de los morados sigue en el aire. La posibilidad de que concurran por separado seguiría el mismo patrón de este ciclo electoral, donde la dispersión del voto progresista fuera del PSOE y, con ello, una pérdida de peso institucional.

La negociación no solo es política, también es aritmética. El sistema electoral penaliza la fragmentación, especialmente en circunscripciones donde el umbral efectivo de representación es elevado. Una izquierda dividida en dos o tres candidaturas puede traducirse en escaños perdidos incluso con un volumen de voto significativo en Andalucía, una comunidad clave para el espacio progresista.

El precedente de 2022 sigue pesando. Entonces, Podemos quedó fuera jurídicamente de la coalición por un retraso en el registro, aunque sus candidatos terminaron integrándose como independientes en las listas. Aquella experiencia dejó cicatrices orgánicas y una desconfianza mutua que hoy subyace las negociaciones.

La diferencia ahora es que el margen de error es menor. Los resultados recientes en Aragón y Castilla y León —donde Podemos obtuvo apoyos residuales y ningún escaño en los parlamentos— han encendido todas las alarmas que hicieron que la cúpula permitiera a la dirección autonómica reeditar la coalición. Una nueva caída en Andalucía podría consolidar una tendencia de irrelevancia electoral difícil de revertir a corto plazo.

Estrategias cruzadas: liderazgo, recursos y relato

Las conversaciones no giran únicamente en torno a la voluntad de unidad, sino al reparto de poder: listas, financiación, visibilidad y control político. Son elementos habituales en cualquier coalición, pero especialmente sensibles en un espacio político donde las identidades partidarias siguen siendo fuertes.

Para Ione Belarra, secretaria general de Podemos, el acuerdo andaluz tiene una dimensión estratégica nacional. Un mal resultado debilitaría aún más su posición interna, justo cuando los morados pretenden que la exministra de Igualdad, Irene Montero, concurra como candidata en solitario a las elecciones generales.

Por su parte, IU llega con una estructura territorial más sólida —alcaldías, concejales y presencia institucional—, lo que le otorga ventaja en la negociación. Esa asimetría explica en parte la tensión, mientras IU busca consolidar su liderazgo en la coalición, Podemos intenta evitar una integración que perciba como subordinada.

El giro de Podemos: de la distancia a la urgencia

Durante meses, Podemos se mantuvo al margen de la construcción de Por Andalucía. Sin embargo, en un giro significativo, ha pasado en pocos días de marcar distancias a ofrecer una “mano tendida”. La consulta interna a su militancia —aprobada con amplia mayoría— legitima ese cambio, pero también evidencia la realidad de la necesidad de evitar el aislamiento político.

Este movimiento responde tanto a factores externos —resultados electorales adversos— como internos por la presión de sus bases y cuadros territoriales, más conscientes del coste de la fragmentación que la dirección estatal.

Lo que ocurre en Andalucía trasciende el ámbito autonómico. Es un reflejo de un problema más amplio en la izquierda alternativa, la incapacidad para construir coaliciones duraderas sin que emerjan tensiones por liderazgo, estrategia o identidad.

Mientras el electorado demanda unidad para maximizar la eficacia política, las organizaciones priorizan a menudo su supervivencia y autonomía. El resultado es una negociación constante al límite del tiempo, donde cada acuerdo parece provisional. @mundiario

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