Sánchez impulsa el “no a la guerra” en Europa mientras busca movilizar al votante progresista
En las últimas horas, Pedro Sánchez ha multiplicado contactos con líderes internacionales con el objetivo de articular una respuesta europea más contundente frente a la intervención militar en Irán. El presidente del Gobierno español ha mantenido conversaciones con el mandatario francés Emmanuel Macron, la presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen, el presidente del Consejo Europeo António Costa, así como con el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva.
En particular, la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum calificó de “muy respetable” la posición española de apostar por la paz, mientras el Ejecutivo español ha intensificado contactos con países árabes y otros socios internacionales. Este despliegue diplomático pretende modificar la respuesta inicial de varias capitales europeas, percibida por el Gobierno español como excesivamente cautelosa ante la ofensiva militar liderada por Washington y Tel Aviv.
La posición de Sánchez ha generado un impacto notable en el debate internacional. Diversos medios europeos han destacado el choque directo del líder español con la estrategia del presidente Donald Trump. El diario británico Financial Times, por ejemplo, lo describió como una de las voces europeas más críticas con la política exterior de Trump.
El eco también ha sido visible en Italia, donde el debate político se intensificó tras la contundencia del mensaje español. La primera ministra, la ultraderechista Giorgia Meloni, inicialmente alineada con posiciones cercanas a Washington, terminó expresando públicamente su rechazo a la guerra, en parte bajo la presión del debate público interno. Este tipo de movimientos alimenta la convicción en La Moncloa de que, con el paso de los días, más gobiernos europeos podrían acercarse a una posición similar a la defendida por España.
El choque con Washington
La estrategia diplomática de Sánchez también ha provocado una reacción directa desde EE UU. El presidente Trump ha criticado duramente la postura española, llegando a calificar a España de “perdedora” en declaraciones a medios estadounidenses y acusando al país de mantener una actitud “hostil” hacia la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
Pese a las tensiones, el Gobierno español ha reiterado su posición de rechazar el uso de bases militares españolas de Rota (Cádiz) y Morón de la Frontera (Sevilla) para operaciones ofensivas contra Irán. En paralelo, Sánchez ha defendido que su postura responde tanto a principios políticos como a intereses estratégicos europeos.
No obstante, el Ejecutivo también ha intentado equilibrar su mensaje con gestos hacia los aliados. España mantiene compromisos militares dentro del marco de la OTAN, como el despliegue de una fragata en el Mediterráneo oriental para reforzar la seguridad de Chipre.
El recuerdo político de la guerra de Irak
El lema “no a la guerra” tiene una fuerte carga simbólica en la política española. Fue la consigna que movilizó a amplios sectores de la sociedad durante la Guerra de Irak en 2003, cuando el Gobierno de José María Aznar decidió apoyar la intervención militar liderada por EE UU.
En aquel momento, las protestas contra la guerra alcanzaron niveles históricos de movilización social. Las encuestas posteriores señalaron que una amplísima mayoría de la población española rechazaba la participación en el conflicto. El actual Gobierno considera que ese sentimiento pacifista sigue siendo transversal en la sociedad española y que podría reproducirse ante un escenario de escalada militar en Oriente Próximo.
Además del frente diplomático, la posición de Sánchez tiene un claro componente de política interna. El Ejecutivo interpreta que la confrontación con Trump y el rechazo a la guerra pueden reforzar la cohesión de la mayoría parlamentaria y movilizar al electorado progresista.
En el entorno del Gobierno consideran que la oposición del PP se enfrenta a un dilema estratégico, apoyar la posición estadounidense o acercarse a la postura pacifista que defiende el Ejecutivo. Desde esta perspectiva, el “no a la guerra” se convierte en un elemento al que La Moncloa se aferra, especialmente en un contexto marcado por las elecciones en Castilla y León la semana que viene, los comicios de Andalucía en junio y tras los duros varapalos que el PSOE consiguió en las autonómicas de Extremadura y Aragón.
Un pulso diplomático con múltiples riesgos
La apuesta del presidente español no está exenta de riesgos. Un enfrentamiento político directo con la Casa Blanca puede tener consecuencias económicas o diplomáticas, especialmente en un momento en el que la guerra amenaza con afectar a los mercados energéticos y a la estabilidad económica global.
Sin embargo, en La Moncloa consideran que el contexto internacional también puede jugar a favor de su estrategia. Si la guerra se prolonga o genera efectos económicos negativos, más gobiernos europeos podrían optar por distanciarse de la intervención militar. En ese escenario, la posición española pasaría de ser una excepción a convertirse en una referencia dentro del debate europeo.
La trayectoria política de Sánchez ha demostrado en varias ocasiones que la política internacional puede convertirse en una herramienta clave para redefinir el debate interno como hizo en verano del año pasado, al utilizar Palestina como revulsivo para revertir la caída libre en las encuestas, en medio de la acelerada erosión que sufrió el Gobierno tras las detenciones del caso Koldo y el conocimiento de casos de acoso sexual en las filas socialistas. @mundiario








