Sánchez se aferra a sus socios y prepara una batería contra la corrupción para salvar la legislatura
Pedro Sánchez afronta este miércoles su momento más crítico desde que accedió a la presidencia del Gobierno. Cercado por una triple crisis que incluye la presunta corrupción de los exsecretarios de Organización del PSOE, Santos Cerdán y José Luis Ábalos, así como las denuncias por acoso sexual contra el exsecretario de Análisis y Acción Democrática (y adjunto a Organización cesado) Francisco Salazar, el presidente acude al Congreso en busca de una segunda oportunidad. El objetivo es claro: retomar la iniciativa política, disipar dudas internas y externas, y convencer a sus socios de que aún es posible completar la legislatura.
El Ejecutivo socialista sabe que juega a contracorriente. El malestar entre sus socios de investidura es real, alimentado por la falta de contundencia percibida en la respuesta a los escándalos. Pero también confía en que, más allá de la tensión, ninguno de los aliados querrá ser el responsable de una ruptura que devuelva el poder a la derecha. Para ello, Sánchez ha preparado lo que desde Moncloa califican como un “paquete potente” de medidas anticorrupción, orientadas especialmente a los corruptores: empresarios, instituciones y partidos.
El reto no es solo salvar la legislatura, sino restaurar la credibilidad de un proyecto político dañado por errores propios.
El anuncio de las nuevas medidas anticorrupción tiene un doble propósito: responder al clamor social y satisfacer las exigencias de los socios, entre ellos Sumar, ERC o Compromís. Se prevé endurecer las penas a los empresarios condenados por corrupción y prohibirles contratar con la administración pública.
Además, el Ejecutivo recogerá parte de las iniciativas planteadas por el socio minoritario del Ejecutivo, que incluyen reformas legislativas en materia de transparencia y regeneración democrática, además de relanzar la agenda social pactada en el acuerdo de investidura, pero avanzada a cuentagotas.
El factor Cerdán: el flanco más doloroso para Sánchez
La presunta implicación de Cerdán —hasta hace menos de un mes secretario el número tres del PSOE y figura clave en la arquitectura política e investiduras de Sánchez— ha supuesto un golpe devastador para el presidente. No solo por la gravedad de las acusaciones recogidas en el informe de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, sino por el hecho de que se trata de uno de los hombres de mayor confianza del jefe del Ejecutivo, y a quien mantuvo hasta el final pese a las sospechas.
A ello se suma el antecedente de Ábalos y el caso que salpicó primero a su exasesor Koldo García, así como las recientes denuncias de acoso contra Salazar, exdirector de Coordinación Institucional con responsabilidades en Moncloa. Para los socios, es una concatenación de casos que evidencia un problema “estructural” en el entorno socialista. Para Sánchez, una amenaza que puede volverse irreversible si no se gestiona con determinación.
En Moncloa se asume que el tono de los aliados será duro. Coalición Canaria y Compromís han deslizado ya la posibilidad de exigir una cuestión de confianza. Otros, como Sumar, elevan la presión marcando distancia y condicionando su apoyo a la aceptación de sus medidas. La propia Yolanda Díaz, que intervendrá en el pleno, ha advertido de que, si Sánchez no asume sus propuestas, hablará solo en nombre del PSOE, no del Gobierno de coalición.
Aun así, el equipo presidencial confía en que ningún grupo forzará una ruptura total. Como recuerdan fuentes del Ejecutivo, la legislatura se sostiene porque los votos siguen estando ahí. “Hemos ganado más de mil votaciones en el Congreso”, repiten como mantra. La idea es clara: mientras no haya alternativa viable, la mayoría se mantendrá, aunque sea por inercia.
La ofensiva del PP: arrinconar al presidente por tierra, mar y aire
El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, aprovechará la comparecencia de Sánchez para lanzar una ofensiva directa contra el presidente y su entorno. Su intervención en el Congreso incluirá hasta 50 preguntas sobre los escándalos judiciales que afectan al PSOE, desde la financiación de sus primarias hasta la presunta implicación de su hermano, pasando por la gestión del caso Cerdán-Ábalos-Koldo y los contratos vinculados a Air Europa.
Feijóo busca así desgastar a Sánchez y, al mismo tiempo, presionar a sus socios parlamentarios para que retiren su apoyo. Su equipo ya ha anunciado que, tras la comparecencia, activarán una nueva ronda de contactos para medir el nivel de lealtad al Gobierno. La apuesta pasa por que, si los aliados no rompen ahora, lo harán más adelante cuando el desgaste del Ejecutivo sea irreversible.
En el entorno del presidente se reconoce que esta comparecencia es probablemente la más difícil desde que llegó al poder. Se nota incluso en su físico: visiblemente más delgado, exhausto, Sánchez llega al Congreso con el cuerpo y el ánimo tocados. Sabe que necesita un golpe de efecto. No bastará con resistir. Hace falta reconstruir el relato, proyectar firmeza, y ofrecer una salida que sea aceptada por el bloque que le permitió gobernar.
La clave no está solo en los anuncios que haga hoy, sino en la capacidad de retomar el control de la agenda política. En Moncloa lo tienen claro: esta legislatura ya no será la de la ambición transformadora, sino la de la supervivencia institucional. @mundiario





