El desafío de Page a Sánchez lo condena al aislamiento y las críticas dentro del PSOE

La petición de elecciones o de una cuestión de confianza por parte del presidente de Castilla-La Mancha, como salida a la crisis de la formación, lo ha situado como la única voz crítica en un Comité Federal dominado por el respaldo al líder socialista.
Emiliano García-Page, presidente de Castilla-La Mancha. / Facebook
Emiliano García-Page, presidente de Castilla-La Mancha. / Facebook

La intervención del presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, en el reciente Comité Federal del PSOE ha marcado una ruptura significativa entre su postura crítica y la línea oficial de Ferraz y Moncloa. Al proponer que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se someta a una cuestión de confianza o, en su defecto, convoque elecciones generales como salida a la crisis interna de la formación, García-Page ha quedado prácticamente solo. Su mensaje no solo fue ignorado, sino que también recibió una crítica contundente desde el Gobierno y las principales federaciones del partido.

El contexto no era menor: el PSOE llegaba a la reunión de su máximo órgano entre congresos en medio de un fuerte desgaste por los escándalos de dos hombres cercanos al presidente, Santos Cerdán y José Luis Ábalos. Por si fuera poco, este mismo sábado estalló un nuevo frente con los señalamientos por presunto acoso en relación con su nueva ficha para la Secretaría de Análisis y Acción Electoral, Francisco (Paco) Salazar.

Lejos de limitarse a abordar la crisis reputacional, García-Page optó por cuestionar de raíz la capacidad de Sánchez para seguir liderando el Gobierno, reclamando que se mida si aún mantiene la confianza parlamentaria sin ceder a nuevas concesiones a los partidos independentistas. De no ser así, pidió abiertamente no “descartar” el adelanto electoral.

Aunque su tono fue más moderado de lo esperado, el contenido de su discurso bastó para desatar una reacción encadenada entre ministros y dirigentes territoriales. Óscar López, Ángel Víctor Torres, Pilar Alegría y Óscar Puente fueron algunas de las voces que salieron al paso para rechazar su planteamiento. El argumento compartido: lo que propone Page es, en esencia, “la tesis del PP”.

La portavoz del Gobierno, Pilar Alegría, dio un paso más al deslizar que, si García-Page está en desacuerdo con la dirección, debería competir en los procesos internos del partido. “El PSOE tiene espacios para que todo el mundo pueda presentarse”, dijo, en alusión al liderazgo de Pedro Sánchez. Alegría también le instó a "respetar las decisiones de la mayoría" dentro del partido, dejando entrever que el presidente castellanomanchego actúa al margen del sentir general.

Pero fue Óscar Puente, ministro de Transportes y secretario provincial del PSOE en Valladolid, quien asumió el papel más combativo. En un turno de intervención especialmente contundente, criticó a García-Page por sus declaraciones de la víspera del evento, en las que aludía a la posibilidad de que algunos dirigentes no pudieran “ni andar por la calle” o acabaran en la cárcel. Puente lo calificó de “hipocresía” y le exigió que, si maneja información concreta, la comparta con sus compañeros. Además, le reprochó haber aplaudido a la nueva ejecutiva tras su aprobación, a pesar de sus duras críticas públicas.

Page, tras sentirse interpelado, pidió intervenir nuevamente, pero se le denegó la palabra, amparándose en que el turno estaba cerrado. Este gesto escenificó con claridad su aislamiento en el Comité Federal: fue el único presidente autonómico socialista que se distanció abiertamente de la estrategia de Sánchez. La única voz que lo defendió fue la de Miriam Andrés, alcaldesa de Palencia, quien aseguró que no son los barones con mayorías absolutas quienes desgastan al PSOE, sino los que han dañado su credibilidad.

Desde el entorno de García-Page se interpreta la sucesión de intervenciones críticas como un intento coordinado para desacreditarlo. Según sus colaboradores consultados por las agencias, el elevado número de peticiones de palabra —cerca de 50— pretendía escenificar que su posición es residual. “Muy nerviosos deben de estar cuando tienen que sacar a todos los ministros contra él”, deslizaron fuentes próximas al presidente castellano-manchego a Efe.

Este episodio recuerda a momentos de gran tensión interna en el PSOE, como el Comité Federal de octubre de 2016 que terminó con la dimisión de Pedro Sánchez. En aquella ocasión también se puso sobre la mesa la relación del partido con sus socios y el rumbo del Gobierno. Hoy, aunque las formas sean distintas, el fondo es comparable: el debate sobre si se puede sostener la actual mayoría sin nuevos costes políticos.

El dilema planteado por García-Page no parece tener recorrido interno, al menos por ahora. Sánchez mantiene el control del partido y una mayoría clara dentro del Comité Federal. No obstante, ha sido uno de los primeros dirigentes socialistas en expresar una incomodidad soterrada: la percepción de que los escándalos están debilitando al partido y que algunos territorios temen que este desgaste se traslade a las elecciones autonómicas y municipales de 2027.

De momento, el PSOE responde cerrando filas. La estrategia del presidente del Gobierno pasa por medir el respaldo de sus socios en el Congreso este miércoles, durante una comparecencia que se anuncia decisiva. En paralelo, busca proyectar la idea de que su liderazgo sigue intacto dentro del partido. Que el único disidente relevante haya sido Emiliano García-Page confirma esa tesis. @mundiario

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