Sumar enfrentará a Sánchez por el caso Cerdán en plena crisis en el Gobierno de coalición
En una maniobra que amaga con fracturar la imagen de un Ejecutivo cohesionado, Sumar intervendrá en el pleno del Congreso donde Pedro Sánchez comparecerá para rendir cuentas por la crisis derivada del caso Cerdán y la trama de corrupción que salpica al PSOE. La vicepresidenta segunda del Gobierno, Yolanda Díaz, que hasta ahora se había mantenido en segundo plano durante este tipo de debates y cuyo padre ha fallecido este martes, tenía previsto tomar la palabra en nombre de la coalición y socio minoritario en la coalición.
Este movimiento, lejos de ser meramente protocolario, refleja la tensión interna que atraviesa al Ejecutivo. Díaz ha venido en los últimos días marcando distancias y exigiendo públicamente que el presidente asuma las propuestas de regeneración democrática y medidas sociales pactadas en el acuerdo de legislatura. Sumar advierte de que, si Sánchez no integra sus exigencias en la hoja de ruta, hablará solo en nombre del PSOE, no del conjunto del Gobierno.
Desde que se conoció el informe de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil sobre el caso Koldo que forzó la dimisión de Santos Cerdán como secretario de Organización del PSOE, Yolanda Díaz ha mantenido una postura crítica con su socio mayoritario. Calificó de “insuficientes” las explicaciones ofrecidas por Sánchez y exigió reformas concretas para restituir la confianza. Sumar no plantea propuestas: habla de condiciones necesarias para mantener vivo el pacto de coalición.
El documento entregado por el ministro Ernest Urtasun a la parte socialista en la reunión de la comisión de seguimiento de la coalición, de la semana pasada, detalla dos bloques de medidas: uno centrado en la lucha contra la corrupción, con propuestas como la exclusión de empresas condenadas de concursos públicos por 20 años; y otro dedicado a reactivar la agenda social del Gobierno, ahora bloqueada. Sumar insiste en que aceptar esas medidas no es una opción, sino un requisito político.
El fantasma de la cuestión de confianza sobrevuela el Congreso
El hecho de que se planteara que Díaz interviniera directamente en el debate implica un riesgo: evidenciar públicamente la división dentro del Gobierno. Ni siquiera en el seno del grupo parlamentario de Sumar hay unanimidad sobre la conveniencia de esta estrategia. Algunos de sus socios territoriales han manifestado discrepancias sobre que sea la líder del Movimiento Sumar quien encabezara el debate. Las réplicas después las darán el diputado de Compromís (Iniciativa), Alberto Ibáñez, y el de Més per Mallorca, Vicenç Vidal.
Además, la posibilidad de que Sánchez no recoja el grueso de las propuestas de Sumar alimenta la narrativa de una coalición fracturada. Si el presidente no logra transmitir unidad o firmeza en la regeneración institucional, puede quedar debilitado no solo ante la oposición, sino también ante sus propios aliados.
La gravedad de la crisis ha llevado incluso a que desde sectores de Sumar y otras formaciones del bloque de investidura, como Més-Compromís, se plantee abiertamente que Pedro Sánchez se someta a una cuestión de confianza. Aunque este procedimiento solo puede iniciarlo el presidente, su intervención de este miércoles se percibe como una suerte de “votación simbólica” sobre la continuidad del Gobierno. Por su parte ERC, uno de los socios más estables del Gobierno, no considera que una cuestión de confianza sea útil para reflotar la legislatura.
“Sé que dicen que han hablado con los grupos; con nosotros no, es mentira. Yo no sé qué va a decir mañana el presidente, no han hablado con nosotros”, reprochó el portavoz de los republicanos, Gabriel Rufián, en declaraciones a la prensa en los pasillos del Congreso este martes.
“¿Para qué? Imagina que la plantea, la gana y al día siguiente hay un audio, si esto sigue escalando, la gente tiene que decidir lo que tiene que ser del PSOE, del Gobierno y de este país, si se queda aquí, este Gobierno tiene que seguir, porque un Gobierno no se puede tumbar con lo que sabemos”, razonó Rufián sobre la utilidad de una cuestión de confianza para cerrar filas con Sánchez.
“Vamos a comprobar si esa confianza existe o no”, ha dicho el diputado de los Comunes, Gerardo Pisarello. Las palabras se interpretan como una advertencia: si no hay reformas valientes, la legislatura corre el riesgo de languidecer y abrir paso a un adelanto electoral. Yolanda Díaz considera que, si el presidente no incorpora las demandas de su grupo, estará rompiendo el principio de corresponsabilidad de la coalición.
El Gobierno defiende su actuación y promete medidas “contundentes”
Desde fuera del Gobierno, pero aún en la órbita del espacio político de la izquierda, Podemos ha cargado con dureza contra Sánchez. Su secretaria general, Ione Belarra, ha advertido de que espera “medidas cosméticas” que solo pretenden “tapar el escándalo mediático” hasta que el verano lo entierre en el olvido. Según la diputada morada y exministra de Derechos Sociales en la legislatura pasada, el PSOE no puede liderar la regeneración democrática porque es “parte del problema estructural de corrupción” del sistema.
Aunque Podemos ya no forma parte de la coalición gubernamental, su discurso presiona aún más a Sánchez y amplifica la imagen de desconfianza que pesa sobre el presidente incluso dentro de su antiguo bloque aliado.
Frente a las críticas, Moncloa asegura que el discurso de Sánchez incluirá un paquete de medidas “contundentes” contra la corrupción, elaborado en base a las sugerencias de sus socios parlamentarios. La portavoz del Gobierno, Pilar Alegría, ha afirmado que se recogerán propuestas de Sumar, ERC y otros grupos, y que afectarán tanto a partidos como a empresas e instituciones públicas.
Alegría ha tratado de desactivar la presión sobre Sánchez subrayando que la confianza real se mide en las votaciones del Congreso. “Hemos conseguido aprobar 36 leyes y este mes de julio podríamos aprobar siete más. La fortaleza y la confianza se miden en esos votos”, ha zanjado @mundiario





