Ayuso eclipsa la Conferencia de Presidentes con un gesto divisivo que incomoda incluso al PP
La Conferencia de Presidentes celebrada en Barcelona, concebida por la dirección del Partido Popular como un acto coordinado de presión institucional contra Pedro Sánchez, acabó transformándose en un escaparate del protagonismo individual de Isabel Díaz Ayuso. La presidenta de la Comunidad de Madrid, fiel a su estilo combativo, convirtió su intervención en un alegato contra el Gobierno central, pero sobre todo en una denuncia airada contra el uso de las lenguas cooficiales en un foro a puerta cerrada donde todos los asistentes dominan el castellano. El problema, para muchos dentro de su propio partido, no fue tanto el contenido como la forma: su salida de la sala durante los discursos en euskera y catalán desvió el foco del mensaje unitario del PP hacia una polémica gestual que benefició políticamente a La Moncloa.
La estrategia de Génova era clara: que los 11 presidentes autonómicos del PP reclamaran elecciones generales para evidenciar la “potencia territorial” de un partido que gobierna para el 71 % de los ciudadanos. Una maniobra política de calado, diseñada para encuadrar institucionalmente la manifestación convocada este domingo por Alberto Núñez Feijóo bajo el lema “Mafia o democracia”. Sin embargo, el gesto de Ayuso, más ruidoso que el discurso común, desvió la atención mediática e incomodó a varios barones populares.
Algunos presidentes autonómicos del PP consultados en privado consideran que Ayuso cometió un error. No cuestionan su crítica al uso de pinganillos en una reunión a puerta cerrada —una opinión compartida ampliamente en el partido— sino el tono y la actitud adoptada. Levantarse de la sala, dicen, no sólo le restó fuerza al mensaje colectivo, sino que alimentó la narrativa de confrontación buscada por el Gobierno.
En otras palabras, lo que se percibía como una oportunidad para que el PP reforzara su imagen de alternativa sólida y cohesionada al Gobierno de Sánchez acabó reflejando una cierta descoordinación interna. Diez de los once presidentes populares optaron por quedarse en la sala y, en algunos casos, incluso intervenir en sus respectivas lenguas cooficiales. Alfonso Rueda habló en gallego, Marga Prohens en catalán. En contraste, Ayuso convirtió su actuación en una declaración de principios que, para sus críticos internos, prioriza la escenificación sobre la eficacia política.
Cataluña es España. Por lo que nos une. pic.twitter.com/FcxQaPzecW
— Isabel Díaz Ayuso (@IdiazAyuso) June 6, 2025
Ayuso afirma que “la España plurinacional no existe”
El Gobierno, por su parte, no ocultó su satisfacción ante la falta de unidad en las filas populares. Desde La Moncloa interpretan que el gesto de Ayuso “fractura” al PP y fortalece la posición del Ejecutivo frente a la ofensiva discursiva de la derecha. “La gente no odia las lenguas cooficiales. Lo que ha pasado no nos perjudica en absoluto”, aseguran fuentes del Ejecutivo, que defienden la pluralidad lingüística como una seña de identidad progresista.
Ayuso, por su parte, ha justificado su comportamiento como un acto de libertad personal y reiteró que no tiene nada contra el catalán, pero consideró absurdo el uso de traducción simultánea cuando todos los asistentes comprenden el castellano. A su juicio, el empleo de lenguas cooficiales en este tipo de actos responde a un intento de consolidar una “España plurinacional” que, en su opinión, “no existe”.
Más allá del episodio lingüístico, la presidenta madrileña aprovechó su turno para desplegar un discurso marcadamente ideológico: denunció la amnistía como un “fraude”, atacó las políticas de vivienda del Gobierno por “promover la okupación”, acusó al Ejecutivo de estar sumido en una crisis institucional y defendió el derecho a hablar español en Cataluña. Una intervención breve pero intensa, en la que Ayuso se erigió en ariete del “antisanchismo” más vehemente.
El problema, desde el punto de vista del PP, es que ese ariete amenaza con desdibujar el liderazgo de Feijóo y la estrategia coral del partido. Aunque Ayuso relativiza la falta de apoyo explícito de sus compañeros de partido, el episodio pone en evidencia una tensión no resuelta entre su liderazgo regional con ambiciones nacionales y la voluntad de Génova de proyectar una imagen de unidad y responsabilidad institucional.
La Conferencia de Presidentes ha revelado algo más que diferencias de estilo: ha puesto sobre la mesa las dificultades del PP para articular una estrategia unitaria frente a un Gobierno que, pese a sus problemas, ha sabido capitalizar las divisiones de sus adversarios. @mundiario


