Ayuso no da tregua: planta a las lenguas cooficiales y arremete contra Mónica García
Isabel Díaz Ayuso ha vuelto a protagonizar un espectáculo más propio de un plató de televisión que de una reunión institucional. En esta ocasión, el escenario ha sido la Conferencia de Presidentes celebrada en Salamanca, un foro que, en teoría, debería servir para coordinar la acción del Estado con las comunidades autónomas. Pero nada de eso importa cuando la estrategia es clara: generar tensión, provocar titulares y alimentar el enfrentamiento constante con el Ejecutivo central.
Todo comenzó incluso antes de que se diera inicio formal a la reunión. Ayuso abandonó momentáneamente la sala cuando el lehendakari Imanol Pradales tomó la palabra en euskera, cumpliendo así su amenaza de no escuchar intervenciones en lenguas cooficiales. Un gesto más simbólico que efectivo, que solo sirve para consolidar su imagen de oposición a cualquier signo de pluralidad cultural o lingüística dentro del Estado. El pinganillo, convertido en fetiche del rechazo, no era más que el último capítulo de una política identitaria al revés: la de negar al otro para reforzarse uno mismo.
Pero la escena más tensa llegaría poco después, cuando la ministra de Sanidad, Mónica García, se acercó a saludarla. Según ha trascendido, Ayuso respondió con una frase que heló el ambiente: “¿Vas a saludar a una asesina?”. La acusación no era solo descortés, sino gravemente irresponsable. Se refería, aparentemente, a las críticas que la izquierda ha lanzado por la gestión de las residencias madrileñas durante los peores meses de la pandemia. García negó haberla llamado nunca así, y fuentes cercanas a ella denunciaron la “desproporción” de la reacción de Ayuso, calificándola de “nerviosa y cercada” ante las investigaciones abiertas sobre lo ocurrido en los centros de mayores.
¿Estamos ante un arrebato espontáneo o ante una actuación milimétricamente planeada? La trayectoria reciente de la presidenta madrileña no deja mucho lugar a dudas. Ayuso ha hecho del conflicto su método, del insulto su estilo y de la polarización su bandera. Nada parece casual. Cada desencuentro, cada desplante, cada frase incendiaria tiene un objetivo: consolidar su papel de liderazgo en el bloque conservador y seguir alimentando su perfil como principal adversaria de Pedro Sánchez, incluso a costa del decoro institucional o de la mínima cortesía democrática.
He saludado a Ayuso con la educación institucional que corresponde. Su reacción ha sido desproporcionada y reveladora. Jamás la he llamado “asesina”. Solo demuestra estar nerviosa por las imputaciones y cada vez más cercada por la investigación de los 7291 mayores abandonados en…
— Mónica García (@Monica_Garcia_G) June 6, 2025
Este último incidente se suma a una escalada de desaires calculados. La frialdad con Pedro Sánchez, el distanciamiento de otros presidentes autonómicos —incluso de su propio partido—, y su soledad creciente en los actos institucionales reflejan una apuesta por la confrontación como forma de hacer política. Una estrategia que le ha dado réditos electorales, sin duda, pero que también está empobreciendo el clima democrático y degradando el respeto por las instituciones.
Es posible que este estilo tenga rédito electoral a corto plazo, especialmente entre quienes valoran el desafío y la provocación como signos de liderazgo. Pero a largo plazo, erosiona los fundamentos democráticos y degrada el valor del diálogo, imprescindible en cualquier sociedad plural.
🔴Ayuso se ha negado a darle dos besos a Mónica García por haberla llamado esta asesina.
— Emilio MM (@Emilio_M_M) June 6, 2025
Además, se ha levantado de la conferencia de presidentes en cuanto el presidente vasco se ha puesto a hablar en euskera.
Bien por Ayuso, es la única que sabe cómo hacerle oposición a este… pic.twitter.com/g9xpdXT6fO
La política no puede reducirse a la consigna ni al titular agresivo. Si queremos preservar espacios como la Conferencia de Presidentes como instrumentos útiles para la gobernanza y la cooperación, será necesario recuperar el respeto, la escucha y la responsabilidad institucional. De lo contrario, solo quedará el espectáculo, y con él, la certeza de que hemos dejado de hablar entre nosotros para empezar a gritarnos desde trincheras cada vez más lejanas. @mundiario


