Page exige que las generales se celebren antes de las autonómicas para evitar otro castigo al PSOE
El presidente de Castilla-La Mancha, cada vez más distanciado del núcleo de Sánchez y en el extrarradio de Ferraz, reclama que la política nacional no arrastre de nuevo a los territorios socialistas al abismo.
La advertencia ha llegado nítida, sin rodeos y con un poso de amarga experiencia. Emiliano García-Page, presidente de Castilla-La Mancha y único barón socialista con mayoría absoluta, ha roto de nuevo el silencio del malestar interno en el PSOE para lanzar un mensaje tan incómodo como necesario: si Pedro Sánchez no cambia el calendario electoral y convoca las generales antes de las autonómicas de 2027, el PSOE se encamina, una vez más, hacia un batacazo institucional en los territorios.
No se trata de una ocurrencia ni de oportunismo político. Page habla con la legitimidad que le da haber sobrevivido al derrumbe socialista de mayo de 2023, cuando el “tsunami antisanchista” se llevó por delante ayuntamientos, gobiernos autonómicos y una buena parte del poder territorial del PSOE. En aquel momento, muchos barones socialistas fueron víctimas colaterales de un desgaste nacional que no les pertenecía, pero que pagaron en las urnas. Ahora, Page no está dispuesto a que esa historia se repita.
“Los alcaldes y presidentes socialistas no podemos ser la trinchera donde se desahogue la tensión en España. Para mí sería desleal con los ayuntamientos y autonomías socialistas ponerlos por delante y llevarse las bofetadas de la política nacional. Confío que no se les emplee como infantería y trinchera y que la patada se la lleven los demás”, afirmó el barón de Castilla--La Mancha.
Esa frase encierra toda la frustración de un sector del partido que nunca ha compartido los pactos de Sánchez con el independentismo y que percibe que, mientras el presidente busca blindar su supervivencia en Madrid, los dirigentes territoriales acaban asumiendo el coste político. Los acuerdos con Junts —con la amnistía como moneda de cambio— son vistos desde Castilla-La Mancha como una línea roja traspasada. Y aunque Page no se suma al PP en sus exigencias de adelanto electoral inmediato, sí lanza un órdago a su partido: cambiar el calendario o volver a perder.
El presidente manchego ha aprovechado su intervención en la Conferencia de Presidentes en Barcelona para deslizar este mensaje. Lo ha hecho desde fuera del foco mediático principal, pero con la intención de que resuene en Ferraz. “No se puede utilizar a los ayuntamientos y autonomías como infantería política para amortiguar los golpes de la política nacional”, ha insistido, en un tono que combina la crítica con el desencanto. Su posición es diametralmente opuesta a la de Sánchez, quien ha reiterado su voluntad de agotar la legislatura hasta 2027.
El sector crítico del PSOE presiona a Ferraz
El trasfondo es tan electoral como estratégico. García-Page sabe que el desgaste del Gobierno central —sin Presupuestos, con fricciones internas y bajo el fuego cruzado de escándalos de corrupción y cesiones al independentismo— puede ser letal para las candidaturas autonómicas si las generales vuelven a ir en segundo lugar. En 2023, el PSOE perdió primero los territorios y luego fue a remolque en las generales. Esta vez, Page quiere invertir el orden: que el coste lo asuma el Gobierno central antes de que se vuelvan a librar batallas locales con las cartas marcadas.
Lejos de alinearse con los presidentes autonómicos populares, Page matiza que su planteamiento no responde a una estrategia partidista. “El PP pide elecciones cada semana, hasta que les dé para gobernar”, ironiza. Pero su crítica va dirigida a su propio partido. En especial, por la falta de avances en asuntos tan centrales como la financiación autonómica, cuya reforma se ha convertido en una promesa vacía. “No soy ingenuo, no venía buscando una votación, pero sí al menos un compromiso dialéctico y no ha habido ninguno pese a que llevamos 11 años de retraso”, lamentó Page.
“La izquierda no puede hacer un planteamiento de privilegio: no puede ser que los que más tienen más se quejen. Pagan quienes más tienen. La riqueza es de todos los españoles, los territorios no pagan impuestos ni son los propietarios de la riqueza de un territorio y no voy a consentir que la riqueza nacional se trocee en 17 economías como si se buscasen privilegios”, ha apostillado en una advertencia ideológica.
Page lamenta el “puzle roto”
El contraste con Salvador Illa, president de la Generalitat y primer secretario del PSC, también deja entrever la tensión latente en el PSOE. García-Page alaba el talante institucional de Illa y su “mentalidad nacional”, aunque sigue recelando de una financiación singular para Cataluña. Por ahora, las promesas de Illa han contenido la fractura interna, pero el equilibrio es frágil.
Mientras tanto, la escena política nacional parece avanzar hacia un punto muerto. La reunión de presidentes ha concluido sin acuerdos y con más crispación que nunca. Para Page, lo único rescatable ha sido la foto institucional en Barcelona, pero no ha dudado en describir el panorama como “un puzle roto, con piezas averiadas y con un frentismo asfixiante que hace imposibles los acuerdos”.
La pregunta que queda en el aire es si Sánchez atenderá la llamada de su propio partido o persistirá en su hoja de ruta, ignorando los avisos de quienes aún gobiernan desde el territorio. Porque, como ya se vio en 2023, cuando la política nacional desborda a la autonómica, las urnas no distinguen responsabilidades: solo castigan. Y García-Page no está dispuesto a volver a poner la cara por un desgaste que no es suyo. @mundiario


