Patria se volvió a enamorar

El Príncipe Albiceleste consiguió la copa dorada. Se multiplicó hasta el infinito en todos los televisores. Patria despertó con una vida nueva. Ahora todo sería diferente.
Patria. / RR SS.
Patria. / RR SS.

La última vez que hablamos de Patria, estaba decidida a suicidarse. Pero no tenía cómo. Tampoco podía huir con su Madre España porque le había cerrado las puertas: no cumplía los requisitos de la vacuna aceptada. Convencida de que la pandemia había caído sobre ella por el maleficio de un hada madrina malévola, y recluida en una torre,  estaba segura de que la señora todopoderosa del partido gobernante la destronaría.

Cuando comenzó a escribir la carta de despedida a todos los argentinos, encabezada por “Nunca olviden que la vida es una guerra que conduce a la muerte” —que había copiado de algún lado— se dio cuenta de que no tenía ni una soga, ni una caja de ansiolíticos, ni siquiera una de paracetamol a mano. Tampoco el coraje de los japoneses para hacerse un harakiri que la habría hecho desaparecer con más honores que la inolvidable reina de los descamisados. “Se suicidó antes de aceptar la rendición”, dirían los periódicos de todo el mundo. Al fin, Argentina sería noticia.

Mientras la gente moría por la peste, la violencia invadía el aire, la grieta separaba a los sobrevivientes, ella alucinaba con el LSD que le había conseguido un dealer, se fumaba uno que otro porrito para calmarse y soñaba con el amor verdadero. Ese que surge del deseo de unirse y confundirse, como antes del génesis. Pensaba que el mundo en el que había nacido era obra del odio, y su disolución era obra del amor. En ese sopor y desvarío levitó los últimos años. 

Pero el maleficio de la durmiente Patria fue contrarrestado por la aparición del Príncipe Azul. En este caso el Príncipe Albiceleste.

Se produjo el milagro que tanto estuvo esperando: un equipo de muchachos vestidos con la camiseta celeste y blanca marcharon a un país lejano, con la promesa de traerle el Santo Grial, la copa dorada del triunfo mundial. Del deporte del pueblo argentino, ¡salud!.

Enamoradiza, sentimental y coqueta, sucumbió ante los encantos del que lucía el número diez en su espalda. Iban a reinar juntos, por siempre jamás.

Cada vez que la pelota entraba en el arco, Patria estallaba en un orgasmo sísmico.  Gritaba, encendía velas, salía a la calle con cada triunfo, cantaba, inventaba las canciones más ingeniosas, presenciaba la unión del amor tan esperada. Miraba con emoción cerrarse poco a poco la gran grieta, como el Mar Rojo, tras el paso de Moisés y el pueblo elegido. Porque era su pueblo el elegido, el mejor, el campeón del mundo.

El Príncipe Albiceleste consiguió la copa dorada. Se multiplicó hasta el infinito en todos los televisores. Patria despertó con una vida nueva. Ahora todo sería diferente.

Los argentinos se respetaban, festejaban juntos, se daban la mano para subir al obelisco, sonreían, seguían el ejemplo de caballerosidad, esfuerzo y humildad del Príncipe salvador y de su equipo.

En la gran fiesta del triunfo, todos los argentinos “compartieron su pan, su mujer y su gabán, gentes de cien mil raleas”, como en la de Serrat. Por primera vez todos fueron uno: sus nuevos hijos, frutos del amor de ella y el Príncipe Albiceleste.

Llegaron los muchachos del país lejano, y el pueblo entero fue a recibirlos al aeropuerto internacional, en Buenos Aires. Se decretó feriado nacional, el alboroto superó a los ciudadanos. “Es una pasión difícil de explicar”, se aclaraba en las redes.

Algunos se instalaron desde el día anterior en hoteles cercanos, para verlos pasar. Otros aprovecharon para robarles a esos los autos, o sus ruedas que se cotizan en bolsa porque hay problemas de importación que ya se resolverán ahora que Argentina será una nueva potencia.

Patria está exultante, solo quiere estar con el Príncipe Albiceleste, con su diez único, perfecto, el amor de su vida. Diferente a todos los amores del pasado. “Somos los locos que inventamos el amor”, canta, siguiendo el ritmo del tango.

Continuará en el próximo capítulo.

Sin querer spoilear, recuerdo a los lectores la bipolaridad de Patria y los preparo para tiempos turbulentos. @mundiario

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