La UE responde con unidad a los aranceles de Trump mientras Meloni busca mediar con Washington
La Unión Europea ha decidido actuar con firmeza, pero con cautela, frente al desafío arancelario planteado por la Administración de Donald Trump. El Consejo de la UE votará este 9 de abril la primera tanda de represalias comerciales contra EE UU, una respuesta largamente preparada por Bruselas tras la imposición estadounidense de aranceles del 25 % sobre las importaciones europeas de acero y aluminio, en vigor desde marzo. Lejos de una reacción impulsiva, la Comisión ha optado por un enfoque gradual, priorizando la unidad de los Veintisiete Estados miembros antes que la contundencia inmediata.
El paquete inicial de represalias prevé aranceles del 25 % sobre una serie de productos estadounidenses —como maíz, soja, cobre, pintalabios o pantalones tejanos—, seleccionados por su capacidad de sustitución o carga simbólica. Aunque en principio se estimó un impacto de 26.000 millones de euros, el resultado final será menor, tras un proceso de negociación que dejó fuera artículos como el whisky bourbon. Este producto emblemático fue excluido tras la amenaza de Trump de responder con un arancel del 200 % sobre el vino europeo, algo que generó inquietud en sectores estratégicos de países como Francia e Italia.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha subrayado en todo momento que la UE no ha iniciado esta escalada comercial y que sigue abierta al diálogo. Sin embargo, también ha dejado claro que Bruselas no se quedará de brazos cruzados si Washington mantiene su rumbo proteccionista. Según el portavoz de Comercio del Ejecutivo comunitario, Olof Gill, la respuesta europea se desarrollará en tres fases: la primera arrancará el 15 de abril con aranceles por valor de 3.900 millones de euros, a los que seguirán 13.000 millones en mayo y, finalmente, una última tanda de medidas en diciembre que completará los 21.000 millones estimados.
Este paquete está diseñado no solo como castigo, sino también como advertencia: si no hay avances hacia un acuerdo negociado, la UE está preparada para endurecer aún más sus contramedidas. Una cuestión aún sin resolver es si se ampliará la respuesta a los servicios o se utilizará el nuevo instrumento anticoerción, que permitiría a Bruselas responder de forma más agresiva a presiones comerciales externas. Sin embargo, entre los Estados miembros aún existen reticencias, especialmente por parte de países tradicionalmente cercanos a Washington.
Italia maniobra entre la disciplina europea y el acercamiento a Trump
Uno de los actores clave en esta ecuación es Italia. Su primera ministra, Giorgia Meloni, mantiene una posición ambigua: si bien ha respaldado la estrategia común de la UE, ha buscado proteger intereses concretos, como la industria vinícola, negociando la retirada del bourbon de la lista de productos sancionados. En paralelo, Meloni se prepara para viajar a Washington el próximo 17 de abril, con la intención de consolidar un vínculo privilegiado con Trump y ejercer de puente entre Bruselas y la Casa Blanca.
Ese viaje se produce apenas dos días después de que entren en vigor las primeras represalias comerciales europeas, lo que situará a Meloni en una posición particularmente delicada. De hecho, Italia llegó a pedir que el inicio de las sanciones se retrasara hasta finales de abril, una solicitud que no fue aceptada. Durante un reciente discurso ante empresarios italianos, la primera ministra minimizó el impacto de los aranceles estadounidenses, señalando que “el pánico y el alarmismo pueden causar más daños que las medidas en sí”.
Consciente del posible daño a sectores económicos clave, Meloni ha anunciado que destinará hasta 25.000 millones de euros —provenientes de los fondos europeos de recuperación y cohesión— para apoyar a las empresas afectadas por la guerra comercial. Esta decisión refuerza su estrategia de apaciguamiento frente a Estados Unidos, al tiempo que demuestra voluntad de amortiguar el impacto interno de las tensiones transatlánticas.
Von der Leyen busca aliados y estabilidad global
Paralelamente, Von der Leyen ha intensificado contactos diplomáticos con otras potencias, como China. En una llamada con el primer ministro Li Qiang, la presidenta de la Comisión instó a Pekín a actuar con moderación y a coordinar esfuerzos con la UE para preservar la estabilidad del comercio global.
Esta llamada se produjo en vísperas del viaje del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, a Asia, lo que ha suscitado ciertas dudas en Bruselas respecto a la estrategia exterior de algunos socios. Aun así, la Comisión ve con buenos ojos una mayor coordinación con Pekín frente al proteccionismo estadounidense, aunque la sintonía dentro del bloque no sea absoluta.
En este contexto de incertidumbre, los principales directivos de la industria farmacéutica europea se reunieron con Von der Leyen para advertir del riesgo que suponen los aranceles estadounidenses para la competitividad europea. En un comunicado conjunto, reclamaron una respuesta más ambiciosa y un cambio de política “rápido y radical”, advirtiendo de que, sin una apuesta decidida por la innovación, la UE podría quedar relegada a ser consumidora pasiva de avances tecnológicos generados en otras regiones, especialmente Estados Unidos.
La UE ha optado por una respuesta estratégica, progresiva y cohesionada frente a los aranceles de Trump, pero los desafíos internos y externos no dejan de acumularse. Entre la presión de Washington, las divisiones entre Estados miembros, y el riesgo de desindustrialización, Bruselas se enfrenta a una guerra comercial que apenas comienza, en la que cada fase será un test tanto de fortaleza política como de capacidad de resistencia económica. @mundiario





