Sánchez y Merz presionan a Netanyahu, pero discrepan sobre Gaza, Palestina y el catalán en la UE
La primera visita oficial del canciller alemán Friedrich Merz a España ha dejado una fotografía política cargada de matices. Pedro Sánchez y Merz, representantes de las dos familias ideológicas hegemónicas en la UE —socialdemocracia y democracia cristiana—, exhibieron una sorprendente sintonía en su diagnóstico sobre Israel y la necesidad de frenar la ofensiva en Gaza. Sin embargo, esa coincidencia estratégica convive con profundas discrepancias sobre la naturaleza del conflicto palestino-israelí y sobre el reconocimiento del catalán como lengua oficial en las instituciones europeas.
Ambos líderes aprovecharon su comparecencia en La Moncloa para enviar un mensaje directo a Benjamín Netanyahu. Sánchez insistió en que la estrategia israelí "agrava la situación para toda la región" y defendió la utilización del término “genocidio” en Gaza, apoyándose en informes de la ONU y en el sentir mayoritario de la opinión pública española. Merz, en cambio, dejó claro que Berlín no comparte “la decisión de llamarlo genocidio”, aunque no dudó en mostrar una crítica frontal a la desproporción de la respuesta militar israelí. Para el alemán, “deber ser posible critica al Gobierno israelí, pero no incitar al odio contra los judíos, en eso estamos de acuerdo”, un tabú político e institucional en Alemania debido a la carga histórica en relación con el Holocausto.
La diferencia no es menor. Mientras España reconoció en 2024 al Estado palestino como un paso imprescindible para avanzar hacia la paz, Alemania considera que dicho reconocimiento debe llegar solo al final de un proceso de negociación. Sánchez concibe ese gesto como palanca política para sentar a las partes en igualdad, Merz lo interpreta como una meta aún lejana. Ambos coinciden en la solución de los dos Estados, pero discrepan en el cuándo y el cómo.
“Yo tuve la ocasión de estar en Jerusalén, condené los atentados de Hamás, hemos exigido la liberación de todos los rehenes. Pero también como un país que ha sufrido el terrorismo, antes de ETA y también el mayor atentado yihadista en suelo europeo (el 11-M) sabemos cómo vencer al terrorismo”, dijo Sánchez. “Y no se le vence haciendo un ataque indiscriminado sobre la población civil. El resultado va a ser una Israel más aislada, más insegura. Es importante decirle a Netanyahu que su estrategia está profundamente equivocada, está agravando la situación para el conjunto de la región”, defendió el líder del PSOE.
“Tenemos una gran preocupación por la situación humanitaria y la invasión terrestre en Gaza. Tememos que haya en Cisjordania pasos hacia la anexión. Vemos el grandísimo sufrimiento de la población civil en Gaza, compartimos la opinión de que esto no es proporcional a los objetivos que pretende alcanzar el Gobierno israelí. Esta guerra concluiría si Hamás liberara a los rehenes y dejara las armas, pero no compartimos la opinión del Gobierno de Israel de que de esta manera puede acabar con Hamás”, reconoció el líder de la CDU, que ha sido uno de los cancilleres alemanes más críticos con la gestión de un Ejecutivo israelí, pero aún sigue siendo uno de los Estados más reticentes en la UE a seguir la estela de España en la toma de acciones contra Tel Aviv.
Berlín cierra la puerta al catalán en la UE
La reunión también dejó claro que, más allá del caso palestino, España y Alemania buscan estrechar la cooperación entre socialistas y populares europeos para blindar la gobernabilidad de la UE frente al ascenso de la ultraderecha. Merz y Sánchez coincidieron en mantener un canal directo para resolver divergencias y articular mayorías estables junto a los liberales de Renew. La imagen de unidad entre Madrid y Berlín pretende reforzar la solidez del eje proeuropeo en un momento del auge de la ultraderecha y la amenaza de Rusia.
El clima de entendimiento se rompió cuando apareció sobre la mesa el reconocimiento del catalán, el euskera y el gallego como lenguas oficiales de la UE. Alemania, con Merz al frente, cerró la puerta a corto plazo. El canciller argumentó que la complejidad del servicio de traducción y los costes que supondría hacen inviable esta reforma, aunque abrió una rendija al futuro con el desarrollo de la inteligencia artificial aplicada a la traducción automática.
Sánchez afirmó que “le he trasladado al canciller nuestro interés, pero esto exige unanimidad en la UE. Llevamos 40 años esperando este momento”. Lo cierto es que el Gobierno ha desplegado una fuerte campaña diplomática, en la que se involucró el propio presidente, e incluso llegó a prometer en su propuesta que España asumiría el coste económico estimado en 132 millones de euros anuales. La respuesta alemana, sin embargo, supone un golpe directo a los compromisos adquiridos por el líder del PSOE con Junts, partido cuyo apoyo es clave para la estabilidad parlamentaria.
“He estado en el Parlamento Europeo. Sé cuán complicado es el servicio de idiomas, cada lengua amplifica el problema. A medio plazo se podrá resolver gracias a la inteligencia artificial, ya no necesitaremos intérpretes. Entiendo bien el interés del Gobierno español sobre los desafíos lingüísticos, sé que son idiomas que no se entienden entre sí, pero sobre cómo resolverlo... lo tendremos que ver”, remató el líder de los democristianos alemanes, el principal escollo del Gobierno para cumplir uno de sus mayores pendientes con Junts, quien ha amenazado con dejar caer al Ejecutivo si no hay avances en el cumplimiento de los acuerdos de investidura.
España y Alemania coinciden en lo esencial
En la comparecencia, Merz recordó sus veranos de infancia en Cullera para suavizar las tensiones. Pero más allá de la anécdota, dejó claro que Berlín no se moverá de su posición respecto a las lenguas cooficiales. En este punto, la distancia entre los dos líderes es tan grande como en la calificación del conflicto en Gaza.
De todas maneras, la visita de Merz confirma que España y Alemania pueden cooperar en lo esencial —el freno a Netanyahu, la defensa de Ucrania, la cohesión europea— pese a sus discrepancias en temas sensibles. Pero también revela que las tensiones internas de la política española, como el reconocimiento del catalán, tienen límites cuando se trasladan al escenario comunitario.
Sánchez y Merz han tejido un acuerdo táctico: unidad en los grandes objetivos europeos y libertad para mantener diferencias en los debates más delicados. La pregunta que queda en el aire es si esa estrategia será suficiente para influir en la política israelí y para sostener, al mismo tiempo, los compromisos internos del Gobierno español con sus socios de izquierdas e independentistas. @mundiario





