Alemania rompe su tabú histórico por Gaza: prohibidas las exportaciones de armas a Israel

Merz dejará de autorizar la exportación de material de defensa alemán a Tel Aviv, por primera vez desde la fundación de la República Federal y el Holocausto, por temor a que sea utilizado en la nueva ofensiva en la Franja.
Friedrich Merz, futuro canciller de Alemania. / CDU-CSU
Friedrich Merz, futuro canciller de Alemania. / CDU-CSU

La decisión del canciller alemán Friedrich Merz de suspender la exportación de armas a Israel que puedan utilizarse en Gaza marca un antes y un después en la política exterior de Berlín. Por primera vez desde la fundación de la República Federal, Alemania —uno de los aliados más firmes y constantes del Estado israelí— limita de forma directa su cooperación militar en medio de un conflicto activo, rompiendo un tabú forjado en las heridas del Holocausto.

Este cambio se produce tras la aprobación por parte del Gobierno de Benjamín Netanyahu de un plan para ampliar la ofensiva militar y lograr el control total de la Franja de Gaza. Una medida que ha provocado críticas generalizadas en la comunidad internacional y que ha reavivado el debate sobre los límites de la solidaridad histórica hacia Israel.

Alemania había convertido la defensa de Israel en una “razón de Estado”, en palabras de la excanciller Angela Merkel. Esta posición, más que un alineamiento estratégico, se entendía como un deber moral derivado del pasado nazi. Sin embargo, la realidad geopolítica actual está obligando a replantear esa postura.

Según datos del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo, Israel fue entre 2019 y 2023 el tercer mayor receptor de armamento alemán, con un 12 % del total, solo por detrás de Ucrania y Egipto. Desde el inicio de la guerra en Gaza, Berlín había autorizado exportaciones por más de 485 millones de euros. Con el anuncio de Merz, ese flujo queda condicionado a criterios más estrictos de derecho internacional y control político.

Aunque el Gobierno alemán no ha aclarado si se trata de un veto total o de una suspensión parcial, el mensaje es inequívoco: la continuidad de la cooperación militar depende ahora del comportamiento de Israel en Gaza y del respeto a los principios humanitarios.

La presión internacional y el aislamiento de Netanyahu

El embargo alemán se suma a una ola de reacciones que evidencian el creciente aislamiento diplomático del Ejecutivo israelí. España, Turquía, Arabia Saudí, Países Bajos y Reino Unido han criticado la ofensiva en Gaza, mientras que la ONU ha advertido de que el plan podría provocar un incremento masivo de víctimas civiles y desplazamientos forzados.

En la Unión Europea, las voces más críticas proceden del presidente del Consejo Europeo, António Costa, y del Gobierno español, que consideran que la toma de Ciudad de Gaza vulnera acuerdos previos con Bruselas y agrava la crisis humanitaria. La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, ha mantenido un tono más moderado, pero también ha pedido un alto el fuego.

La medida de Merz es, ante todo, una señal de que la política exterior alemana está entrando en una nueva fase. Por décadas, el vínculo con Israel se mantuvo al margen de consideraciones coyunturales. Hoy, la presión interna por el cumplimiento del derecho internacional y la defensa de los derechos humanos se impone sobre la lógica del respaldo automático.

El dilema alemán: entre la memoria y el presente

El dilema es evidente: Alemania no renuncia a su compromiso con la seguridad de Israel, pero redefine sus límites cuando las acciones del Gobierno israelí contradicen el marco legal y ético que Berlín considera esencial. Es un ejercicio de realpolitik que busca equilibrar la historia, las obligaciones morales y las exigencias del presente.

Si bien el embargo alemán tiene un impacto material limitado a corto plazo, su valor simbólico es considerable. Envía un mensaje a otros socios occidentales —en especial a EE UU— sobre la posibilidad de condicionar el apoyo militar a Israel a cambios concretos en su estrategia en Gaza.

El gesto también podría inspirar un enfoque más firme por parte de la Unión Europea, que hasta ahora ha mantenido una postura fragmentada en el conflicto. La clave estará en si Berlín consolida este viraje como parte de una política coherente o si se trata de una reacción puntual ante la presión internacional.

Lo que está claro es que el “tabú” que impedía cuestionar la cooperación militar con Israel se ha roto. Y cuando un pilar de la política exterior alemana se reconfigura, las placas tectónicas de la diplomacia europea no tardan en moverse. @mundiario

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