Un ministro de Israel afirma que negocia con EE UU el reparto territorial de Gaza tras la guerra

Las palabras de Smotrich, socio ultraortodoxo del Gobierno de Netanyahu, no coinciden con ningún proyecto conocido, pero van en la misma línea de la propuesta de Trump para construir la “riviera de Oriente Próximo”.
El ministro de Finanzas de Israel, Bezalel Smotrich (centro). / @zionutdatit
El ministro de Finanzas de Israel, Bezalel Smotrich (centro). / @zionutdatit

Las declaraciones del ministro israelí de Finanzas, Bezalel Smotrich, han desatado un fuerte debate internacional al asegurar que el Gobierno de Benjamín Netanyahu mantiene conversaciones con EE UU para repartirse el territorio de la Franja de Gaza una vez finalice la guerra contra Hamás. En un discurso en Tel Aviv, Smotrich sostuvo que Israel “ha invertido mucho dinero en esta guerra” y que, en consecuencia, corresponde ahora decidir “cómo nos repartimos la tierra en porcentajes. La demolición es el primer paso de la renovación de la ciudad, algo que ya hemos hecho. Ahora solo necesitamos construir”.

El planteamiento del ministro se enmarca en un contexto especialmente delicado. La ofensiva israelí sobre Ciudad de Gaza continúa, mientras Naciones Unidas cifra en más de 66.000 las víctimas mortales, entre ellas 18.000 niños y niñas, a consecuencia de los bombardeos, la hambruna y la falta de suministros básicos. La Comisión de Investigación de la ONU ha concluido que los hechos podrían constituir un “genocidio, lo que aumenta la presión internacional sobre Israel.

Las palabras de Smotrich, socio ultraortodoxo del Gobierno de coalición de extrema derecha de Netanyahu, conectan con propuestas ya conocidas. El presidente estadounidense Donald Trump llegó a plantear públicamente la idea de convertir Gaza en una “riviera de Oriente Próximo”, transformándola en un centro turístico y financiero tras la expulsión de buena parte de la población palestina.

Documentos publicados por The Washington Post y otros medios sugieren que en la Casa Blanca circulan planes que contemplan el control estadounidense del enclave durante una década, con el objetivo de crear ciudades impulsadas por inteligencia artificial y atraer inversiones extranjeras.

El elemento más controvertido de estas propuestas es la reubicación de cientos de miles de palestinos. Según diversas filtraciones periodísticas, el Mosad habría buscado países dispuestos a recibir población gazatí en nombre de una “migración voluntaria”, ofreciendo compensaciones económicas de hasta 5.000 dólares por persona y un subsidio durante cuatro años para sufragar el precio del alquiler en el país de acogida. Sin embargo, hasta la fecha ningún Estado ha aceptado formalmente esa iniciativa. Países como Uganda, Etiopía, Indonesia, Libia o Somalilandia han sido mencionados en rumores, sin confirmación oficial.

Oposición en Israel a los planes del Gobierno

Las reacciones dentro de Israel tampoco han sido unánimes. Organizaciones civiles, partidos opositores y parte del propio Ejército han criticado las afirmaciones de Smotrich. El colectivo Soldados por los secuestrados calificó la propuesta de “política declarada de limpieza étnica” y pidió la intervención de la comunidad internacional. En paralelo, el jefe del Estado Mayor, Eyal Zamir, ha expresado su disconformidad con el rumbo político de Netanyahu, subrayando que la ofensiva sobre Gaza carece de objetivos militares claros y pone en riesgo tanto a rehenes como a la población civil.

El ministro de Finanzas, además, mantiene en paralelo iniciativas para acelerar la anexión de territorios palestinos. En agosto, Smotrich defendió la absorción semanal de áreas de Gaza, con el propósito de culminar en tres o cuatro meses un proceso que describió como clave para “conseguir Gaza antes de fin de año”. También ha reactivado el polémico plan E1, que contempla la construcción de 3.000 viviendas en la Cisjordania ocupada, con la intención explícita de impedir la viabilidad de un Estado palestino.

Este enfoque choca con el dictamen de la Corte Internacional de Justicia de 2024, que declaró ilegales los asentamientos en territorios ocupados e instó al desalojo de los colonos. Lejos de atender a esa resolución, el Gobierno de Netanayahu parece avanzar en una política de expansión territorial amparada por sectores ultraderechistas de su gobierno.

La idea de repartir Gaza como un botín de guerra no solo añade tensión a un conflicto ya devastador, sino que también erosiona la credibilidad de Israel en la esfera internacional y complica aún más cualquier horizonte de paz en Oriente Próximo. @mundiario

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