El plan de un ministro de Israel para dividir Cisjordania: “enterrar la idea de un Estado palestino”

El proyecto, que había estado bloqueado durante dos décadas por la presión internacional, avanza hacia su aprobación y amenaza con dividir Cisjordania en dos, con la creación de un gran bloque urbano israelí en el centro.
El ministro de Finanzas de Israel, Bezalel Smotrich (centro). / @zionutdatit
El ministro de Finanzas de Israel, Bezalel Smotrich (centro). / @zionutdatit

El ministro de Finanzas de Israel, Bezalel Smotrich, uno de los principales referentes de la ultraderecha israelí, anunció este jueves que el Gobierno prevé aprobar la construcción de más de 3.000 viviendas en un nuevo asentamiento en Cisjordania, en un área conocida como E1, al este de Jerusalén. El plan, congelado durante más de 20 años por la oposición internacional —incluida la de Estados Unidos en administraciones previas—, es considerado por sus críticos como un golpe definitivo a la viabilidad de un Estado palestino.

“Seguirán hablando de un sueño palestino mientras nosotros continuaremos construyendo una realidad judía”, declaró Smotrich durante una ceremonia en Maale Adumim, uno de los mayores asentamientos de Cisjordania y punto central del proyecto. Según el ministro, el asentamiento E1 “entierra la idea de un Estado palestino, porque no hay nada que reconocer ni nadie que lo reconozca”.

La ubicación de E1 tiene un peso geopolítico particular: separaría de facto el norte y el sur de Cisjordania, interrumpiendo la continuidad territorial palestina. El trazado proyectado crearía un bloque urbano israelí desde Jerusalén hasta el asentamiento Maale Adumim, dificultando el desplazamiento entre ciudades como Ramala y Belén, y obligaría a los palestinos a recorrer largos desvíos a través de varios puestos de control israelíes.

El proyecto fue planteado por primera vez en la década de 1990, pero su avance quedó detenido por las advertencias de que dañaría irreversiblemente la posibilidad de una solución negociada basada en los dos Estados. Smotrich, sin embargo, ha vinculado su reactivación con un mensaje político hacia países como el Reino Unido, Francia, Canadá y Australia, que han manifestado su intención de reconocer al Estado palestino en la Asamblea General de la ONU de septiembre.

“Aquellos que intentan reconocer un Estado palestino obtendrán nuestra respuesta no a través de documentos o declaraciones, sino a través de hechos: casas, vecindarios, carreteras y familias judías”, dijo el ministro. Añadió que su objetivo es que “para septiembre, los líderes hipócritas de Europa no tengan nada que reconocer”.

El siguiente paso será la aprobación por el Consejo Superior de Planificación israelí, prevista para la próxima semana. De concretarse, el Estado podrá emitir licitaciones y permisos para construir en un área de 12 kilómetros cuadrados adyacente a Maale Adumim, donde viven actualmente unas 40.000 personas. Organizaciones como Peace Now estiman que las obras podrían comenzar en aproximadamente un año si el proceso administrativo mantiene este ritmo.

Para los palestinos, el plan supone un bloqueo físico y político a sus aspiraciones nacionales. El portavoz de la Autoridad Palestina, Nabil Abu Rudeineh, calificó el anuncio como “inaceptable” y acusó tanto a Israel como a Estados Unidos de fomentar una realidad contraria al derecho internacional. El movimiento islamista Hamás, que gobierna Gaza, también condenó la iniciativa, a la que acusa de buscar el aislamiento total de Jerusalén Este.

La comunidad internacional reaccionó con una condena amplia. El portavoz de la ONU, Stéphane Dujarric, instó a Israel a “revertir su decisión” y advirtió que esta acción “pondría fin a las perspectivas de una solución de dos Estados”. Además, recordó que “los asentamientos van contra el derecho internacional y profundizan la ocupación”.

La Unión Europea pidió a Israel que “desista” del plan, mientras su alta representante, Kaja Kallas, alertó de que “avanzar con el proyecto E1 socava aún más la solución de dos Estados y constituye una violación del derecho internacional”. En términos similares se expresó el ministro británico de Exteriores, David Lammy, quien reclamó su suspensión inmediata.

Noruega acusó a Israel de buscar “apropiarse de tierras palestinas para impedir la solución de dos Estados”, mientras Egipto denunció “declaraciones extremistas” que, según El Cairo, reflejan una “desviación” y una “arrogancia” crecientes. Qatar, mediador en las negociaciones para un alto el fuego en Gaza, calificó la iniciativa como una “flagrante violación” de las normas internacionales.

El contexto interno israelí también influye. El primer ministro Benjamín Netanyahu, en una reciente entrevista, hizo referencia implícita a la visión expansionista de un “Gran Israel”, en sintonía con los sectores más nacionalistas de su coalición. Smotrich, sancionado por el Reino Unido y otros países europeos por incitar a la violencia y al desplazamiento forzoso de palestinos, es uno de los defensores más firmes de esta línea política.

Con unos 500.000 colonos viviendo en Cisjordania y 233.000 en Jerusalén Este, la densidad y expansión de los asentamientos son ya uno de los principales puntos de fricción en el conflicto. El desarrollo del E1 podría cristalizar una nueva realidad territorial que, según juristas y diplomáticos, cerraría la puerta a la geografía mínima necesaria para un futuro Estado palestino viable.@mundiario

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