La catástrofe en Gaza impulsa a Australia y Nueva Zelanda a sumarse al reconocimiento de Palestina

El creciente deterioro humanitario en la Franja y los planes de ocupación anunciados por el Gobierno de Benjamín Netanyahu impulsan un nuevo enfoque político y diplomático en Oceanía.
Anthony Albanese, primer ministro de Australia. /@AlboMPAl
Anthony Albanese, primer ministro de Australia. /@AlboMPAl

El Gobierno australiano ha confirmado que reconocerá al Estado palestino en septiembre, durante el 80º periodo de sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas. La decisión, anunciada por el primer ministro Anthony Albanese, busca sumarse al impulso internacional a favor de una solución de dos Estados, un alto el fuego en Gaza y la liberación de rehenes. Nueva Zelanda, por su parte, ha señalado que estudiará adoptar la misma postura en las próximas semanas.

Albanese explicó que la medida responde a una “oportunidad para aislar a Hamás”, derivada de compromisos asumidos por la Autoridad Palestina para reformar la gobernanza, desmilitarizar la Franja y convocar elecciones, así como a las exigencias de la Liga Árabe para que el grupo armado renuncie a su control en Gaza. Subrayó que Hamás no podrá formar parte de un futuro gobierno palestino, y que la vía política es “la única alternativa viable para romper el ciclo de violencia en Oriente Próximo”.

La postura australiana se ha visto reforzada por las críticas al plan israelí de ocupar militarmente Gaza, anunciado por el primer ministro Benjamín Netanyahu. Albanese indicó que, durante una conversación reciente con el líder israelí, le transmitió que “la situación en Gaza ha sobrepasado los mayores temores de la humanidad” y que el sufrimiento de la población requiere soluciones políticas, no militares. Según el mandatario, Netanyahu mantuvo en la conversación los mismos argumentos expuestos hace más de un año, cuando la crisis humanitaria no había alcanzado el nivel de deterioro que presenta en la actualidad.

El Ejecutivo de Canberra ha justificado su decisión en lo que considera un “desprecio” del Gobierno israelí por los llamamientos internacionales y en acciones que, a su juicio, “extinguen” la posibilidad de un Estado palestino: la expansión de asentamientos ilegales, la amenaza de anexiones y la oposición explícita a una solución de dos Estados. Estas declaraciones se suman a un clima interno marcado por la presión de miembros del gabinete y manifestaciones en las principales ciudades australianas.

En paralelo, el ministro de Asuntos Exteriores de Nueva Zelanda, Winston Peters, afirmó que el reconocimiento de Palestina por parte de su país es “una cuestión de cuándo, no de si (se hará)”. El anuncio se produce mientras Wellington observa de cerca los pasos de Australia y otros aliados occidentales, como el Reino Unido, Francia y Canadá, que en las últimas semanas han tomado decisiones similares.

Netanyahu, en cambio, ha calificado de “vergonzoso” que países como Australia y varias naciones europeas avancen en esta dirección. El primer ministro israelí insistió en que ese reconocimiento no alterará sus planes para Gaza y ha reiterado su intención de mantener la ocupación militar y de no aceptar un Estado palestino en las condiciones actuales.

El diálogo diplomático entre Australia e Israel ha sido intenso. Albanese también conversó recientemente con Mahmud Abbas, el presidente de la Autoridad Palestina, quien se comprometió a reconocer el derecho de Israel a existir en paz y seguridad, además de impulsar la desmilitarización de un Estado palestino y la convocatoria de elecciones. También mantuvo contactos con líderes como Emmanuel Macron, Keir Starmer y Justin Trudeau para coordinar posturas.

El trasfondo de este movimiento diplomático está marcado por la grave crisis humanitaria en Gaza, donde la ONU y múltiples ONG han advertido sobre la escasez crítica de alimentos, agua y medicinas. Canberra ha señalado que el reconocimiento de Palestina no es solo un acto simbólico, sino un paso para “entregar un salvavidas a la legalidad de Gaza” y reactivar las negociaciones de paz.

Tanto Australia como Nueva Zelanda presentan este cambio de política exterior como parte de un alineamiento con la comunidad internacional, aunque conscientes de las tensiones que puede generar en sus relaciones con Israel, y posiblemente en EE UU. En Oceanía, este debate se ha intensificado en los medios y en la opinión pública, con voces que respaldan el reconocimiento como una herramienta para reabrir el diálogo, y otras que temen que pueda interpretarse como un aval a actores que Israel considera hostiles.

El desenlace de esta iniciativa diplomática se producirá en un contexto volátil, con una escalada militar en curso y un clima político internacional dividido sobre cómo abordar el conflicto. Tanto Canberra como Wellington parecen decididas a dar un paso que podría reconfigurar su papel en el escenario de la política exterior de Oriente Próximo.@mundiario

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