¿Cómo el cambio climático influye en la intensidad y devastación de la dana?
Las inundaciones que devastaron varias localidades del Levante español esta semana han despertado una intensa discusión sobre el impacto del cambio climático en la intensificación de fenómenos meteorológicos extremos. Aunque los científicos suelen ser cautelosos al atribuir un evento específico al calentamiento global, en este caso varios expertos coinciden en que el aumento de las temperaturas globales ha exacerbado significativamente la magnitud de las lluvias torrenciales. Esta gota fría, considerada entre las más graves en la historia reciente del país, han llevado a cuestionamientos sobre la preparación y la capacidad de adaptación de las infraestructuras frente a eventos de esta envergadura.
Friederike Otto, directora de un grupo internacional de científicos dedicado al estudio de la relación entre el cambio climático y eventos naturales extremos, señaló en una entrevista con la cadena británica BBC que “no hay duda de que estas lluvias torrenciales, masivas y explosivas se han intensificado por el cambio climático”. Según Otto, el calentamiento atmosférico, provocado en gran medida por el uso de combustibles fósiles, permite que el aire retenga más humedad, lo que aumenta la intensidad de las precipitaciones en cada episodio de lluvias.
Los expertos han identificado al fenómeno conocido como Depresión Aislada en Niveles Altos (dana) como la principal causa de la devastación en el Levante español. La dana, que impacta con frecuencia a la Península en otoño e invierno, es el resultado del choque entre el aire frío y seco de la atmósfera superior y las aguas cálidas del Mediterráneo. Este fenómeno meteorológico se vuelve más potente debido al incremento en la temperatura del mar, que en los últimos dos años ha experimentado condiciones de calor extremo. Este contraste térmico genera columnas de nubes densas que retienen grandes cantidades de agua, predisponiéndolas a lluvias intensas.
Según los científicos, como ha recogido la opinión pública británica a través de medios como la BBC o el diario The Guardian, el cambio climático ha tenido un efecto directo en el incremento de la cantidad de lluvia transportada por estas nubes. Estudios recientes indican que, por cada grado de calentamiento global, el volumen de agua en la atmósfera aumenta en un 7 %, elevando así el riesgo de lluvias más devastadoras en eventos como la dana.
Una mayor cantidad de lluvia
A esto se suma el deterioro de los suelos debido al aumento de temperaturas estivales, que reduce la capacidad de absorción del terreno, como explicó el profesor Mark Smith de la Universidad de Leeds. “Además de las precipitaciones más intensas, los veranos más calurosos pueden calcinar el suelo, haciendo que sea incapaz de absorber el agua cuando las lluvias llegan, lo que a su vez aumenta el riesgo de inundaciones al elevar el nivel de los ríos”, afirmó Smith.
Esta situación agrava la vulnerabilidad de las áreas afectadas, donde el agua no es absorbida adecuadamente y se concentra en cauces y ríos, amplificando el potencial destructivo de las lluvias.
Otra preocupación que los científicos han debatido es la posibilidad de que el cambio climático provoque un desplazamiento más lento de las tormentas, lo que permitiría a las nubes descargar una mayor cantidad de lluvia sobre una misma zona. Este año, la tormenta Boris en Europa Central fue un ejemplo devastador de cómo las tormentas que avanzan lentamente pueden causar destrucción masiva, un fenómeno que, según los expertos, se ha vuelto dos veces más probable debido al calentamiento global.
Actualizar las infraestructuras
La situación en España ha puesto en evidencia también la insuficiencia de la infraestructura actual para gestionar fenómenos de tal magnitud. Las críticas sobre la falta de advertencias precisas han surgido ante la tragedia de las víctimas, que no pudieron prepararse adecuadamente. La meteoróloga Linda Speight, de la Universidad de Oxford, explicó que la previsión de eventos tan extremos sigue siendo un reto, pues la localización y la intensidad de las lluvias suelen ser inciertas.
“Las advertencias son cruciales para salvar vidas, pero predecir con exactitud el movimiento y la intensidad de una tormenta sigue siendo extremadamente complejo”, afirmó Speight, subrayando que los científicos trabajan en soluciones innovadoras, aunque reconoce que este es un desafío aún por resolver.
Los eventos recientes han dejado claro que la infraestructura construida hace décadas, como carreteras, puentes y redes de alcantarillado, fue diseñada para soportar un clima mucho menos extremo que el que enfrentamos hoy. Ante el cambio climático, tanto España como otros países deberán evaluar y adaptar sus sistemas de infraestructuras para enfrentar este nuevo contexto climático y reducir los daños de futuros fenómenos extremos. @mundiario





