España necesita una estrategia territorial para enfrentar el cambio climático

La falta de ordenación territorial adecuada es un problema que afecta a todas las comunidades autónomas, y el norte de España y Galicia podrían verse en una situación similar si no aprenden de esta tragedia.
Destrozos causados por la dana en la Comunidad Valenciana. / @EmergenciasE.
Destrozos causados por la dana en la Comunidad Valenciana. / @EmergenciasE.

La devastadora dana que arrasó la Comunidad Valenciana ha dejado un doloroso saldo de casi un centenar de muertos y decenas de desaparecidos, además de enormes pérdidas materiales. En medio de esta tragedia, el Gobierno central valoró declarar la emergencia nacional, aunque optó por no hacerlo para no interferir en la gestión de la Generalitat.

Esta crisis pone de manifiesto que, ante fenómenos cada vez más frecuentes y destructivos, el país necesita una estrategia clara y una verdadera cooperación política para gestionar mejor el suelo y ordenar de manera adecuada el territorio. Pero la clase política, en vez de dar ejemplo de unidad, se enfrasca en una lucha de competencias que resulta incomprensible y frustrante. No se trata de un simple fallo de comunicación o una controversia aislada: esta falta de previsión y acción condena a España a vivir en un entorno que, sin la debida planificación, se vuelve cada vez más peligroso.

La falta de ordenación territorial adecuada es un problema que afecta a todas las comunidades autónomas, y el norte de España y Galicia podrían verse en una situación similar si no aprenden de esta tragedia. Aunque el clima del Atlántico Norte no suele presentar danas como el Mediterráneo, eso no significa que estén a salvo de catástrofes climáticas. En Galicia, una tierra todavía verde y con menor densidad poblacional, es urgente evitar desastres que podrían ser provocados por la falta de planificación. Recordemos los casos de proyectos industriales que amenazan el paisaje natural, como el de Altri, y que representan un peligro latente si no se toman medidas adecuadas.

Esta situación obliga a reflexionar sobre qué tipo de modelo de desarrollo queremos y cómo podemos adaptarlo a los nuevos desafíos climáticos. En el Mediterráneo, la urbanización descontrolada ha destruido sus costas, mientras que en el norte, aunque la situación es diferente, la falta de una regulación sólida podría llevar a futuros desastres. La prioridad, en todo el territorio español, debe ser la adaptación a los efectos de un clima cada vez más extremo.

La necesidad de planificación y regulación urbanística

El modelo actual de desarrollo territorial, basado en grandes expansiones urbanas de baja densidad y en la incorporación de áreas rurales a zonas metropolitanas, ha dado lugar a un fenómeno conocido como sprawl urbano. Este tipo de urbanización dispersa puede resultar en un caos logístico y económico, y, peor aún, aumenta el riesgo para la vida de las personas. Las ciudades crecen físicamente sin control, formando continuos urbanos cada vez más extensos y desarticulados. Esto obliga a una movilidad constante de la población en áreas metropolitanas, un factor que no solo satura las infraestructuras y eleva los costos de movilidad, sino que también incrementa el riesgo en situaciones de emergencia.

Geógrafos y expertos como Joan Romero, Eugenio Burriel, Julia Salom y Josep Vicent Boira, entre otros, han insistido en la necesidad de un cambio radical en el modelo territorial. Sus advertencias no han sido suficientes para detener un desarrollo descontrolado que, lejos de protegernos, nos expone a riesgos climáticos y naturales. La Generalitat Valenciana y otras administraciones tienen la responsabilidad de priorizar planes de ordenación territorial sostenibles, centrados en la seguridad de sus ciudadanos.

La urgencia de la adaptación y la respuesta frente a las emergencias

El desastre de esta dana no es solo un reflejo de la magnitud de los fenómenos naturales, sino también de la inacción política y la falta de medidas de prevención. En el caso de la Comunidad Valenciana, el Patricova, el plan de riesgo de inundación, es un recurso útil en teoría, pero no se ha implementado con la urgencia que la situación requiere. La experiencia reciente revela que estos fenómenos no van a desaparecer; por el contrario, su frecuencia e intensidad irán en aumento debido al cambio climático. Sin embargo, pese a las advertencias de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), las actividades en áreas de riesgo continuaron como si nada, poniendo en peligro a miles de personas que luego quedaron atrapadas y desprotegidas.

El caso de Valencia es solo una muestra del tipo de decisiones que las administraciones deben evitar en futuras emergencias. La falta de coordinación y las respuestas tardías revelan una falla sistémica que requiere soluciones inmediatas. Es inconcebible que la alerta a la población se emitiera tan tarde, cuando ya había zonas completamente anegadas y muchas personas atrapadas.

El reto para el norte de España y Galicia: evitar la desfeita

En Galicia y el norte, que hasta ahora han sido un refugio climático comparativo, aún están a tiempo de frenar los efectos negativos de la mala planificación. Sin embargo, el miedo a un desarrollo descontrolado es palpable. La historia de la isla de Toralla en Galicia, donde el desarrollo urbano desmedido ha provocado un impacto irreversible en el paisaje natural, es una advertencia que no se puede ignorar. La posible liberalización del suelo, como la promovida en 1996, podría traer graves consecuencias ambientales y urbanísticas si se aplica de nuevo.

Galicia tiene una oportunidad de hacer las cosas de forma diferente y evitar los errores que se cometieron en el Mediterráneo. La prevención, a través de una adecuada regulación urbanística, modelos forestales y agrícolas adaptados, y una planificación territorial eficiente, debe ser la norma y no la excepción. Los ecologistas llevan mucho tiempo insistiendo en la importancia de proteger y planificar los territorios antes de que sea demasiado tarde, y es una lección que debe escucharse con urgencia.

Un modelo territorial insostenible que cobra vidas humanas

El impacto de esta última dana muestra que el desarrollo urbanístico actual no solo afecta los recursos y la economía, sino que cobra vidas humanas. A medida que el país continúa su expansión urbana, la falta de regulación contribuye a multiplicar las superficies impermeables sobre las que el agua se desliza y acelera, causando inundaciones y catástrofes. La presión por construir y expandir se ha impuesto sobre las necesidades de seguridad y sostenibilidad, creando áreas de alto riesgo donde los ciudadanos están más expuestos a desastres.

Es hora de que el Gobierno y las autoridades autonómicas y locales comprendan la magnitud de los riesgos y actúen con visión y responsabilidad. Para ello, es imprescindible impulsar planes de ordenación territorial que tomen en cuenta las proyecciones climáticas y los riesgos naturales. Estos planes deben incluir una infraestructura urbana que minimice el impacto de fenómenos meteorológicos y medidas que prioricen la vida humana.

La tragedia debe impulsar un cambio de modelo

La tragedia de la Comunidad Valenciana y las pérdidas humanas y materiales que ha causado no pueden quedar en el olvido. Si se quiere evitar que situaciones similares se repitan, es necesario un compromiso político real y efectivo que priorice la seguridad de los ciudadanos sobre cualquier otra consideración. La cooperación entre administraciones, la adaptación al cambio climático y la planificación territorial son medidas que no pueden posponerse.

Es responsabilidad de los representantes públicos actuar con la seriedad y el compromiso que exige el cambio climático. El futuro de las próximas generaciones y el bienestar de los ciudadanos de hoy dependen de decisiones que deben tomarse sin demora. @mundiario


DOCUMENTACIÓN

Qué es una dana

Una dana (Depresión Aislada en Niveles Altos) es una masa de aire frío polar que se desprende de las corrientes atmosféricas habituales y se desplaza hacia latitudes más bajas, como la península ibérica. Este fenómeno, conocido en meteorología como una gota fría, consiste en una tormenta que se separa de su posición normal y permanece en los niveles altos de la atmósfera, alrededor de 5,000 metros de altitud. En el núcleo de estas tormentas, las temperaturas pueden descender hasta -20 grados Celsius o menos. @mundiario

Comentarios