La desigualdad de género está presente en la alimentación y en la agricultura
Las mujeres que trabajan en los sistemas agroalimentarios se enfrentan a la discriminación, peores condiciones laborales, contratos precarios y sueldos más bajos.
Abordar la desigualdad de género en los sistemas agroalimentarios y cambiar el papel de la mujer en el sector no sólo reduciría el hambre, sino que también estimularía la economía y reforzaría la resiliencia ante crisis tales como el cambio climático y la pandemia de la Covid-19. Así lo revela un nuevo informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
El documento La situación de las mujeres en los sistemas agroalimentarios ofrece un panorama completo de la situación del colectivo que labora en este sector, el cual es una importante fuente de trabajo a nivel mundial.
Según el director del Departamento de Transformación Rural Inclusiva e Igualdad de Género de la FAO, Benjamin Davis, “las mujeres se desempeñan como productoras, empresarias, vendedoras, trabajadoras y también como consumidoras. Entonces, participan en todas las dimensiones que forman parte de los sistemas agroalimentarios”.
Condiciones laborales
Este informe, el primero de este tipo desde 2010, cifra en un 36% las mujeres que trabajan en los sistemas agroalimentarios, y en un 38% en el caso de los hombres. Ahora bien, se habla de desigualdad en el sector debido a que el trabajo de las féminas está menospreciado y sus condiciones laborales tienden a ser peores que las de los hombres.
“En general, las mujeres tienen un trabajo más informal, es más precario, a tiempo parcial, de escasa cualificación y es más laborioso, y finalmente peor pagado. Otro elemento de la desigualdad es la mayor carga como cuidadoras no remuneradas y el trabajo doméstico, que a nivel mundial es tres veces más alto para las mujeres, ahí es donde está la desigualdad”, explica Davis.
Según el documento, las asalariadas de la agricultura ganan 82 céntimos por cada dólar que reciben los hombres. Esto sucede debido a “la discriminación a la que se enfrentan las mujeres, simplemente les pagan menos por el mismo trabajo. Y eso es muy común en muchos contextos”, añade el director del organismo de la FAO.
Ahora bien, ¿qué pasaría si se cerrara la brecha de género en la productividad agrícola? Los pronósticos indican que el producto interior bruto mundial aumentaría en un 1%, o un billón de dólares, además, se reduciría la inseguridad alimentaria en 2 puntos porcentuales, es decir, el número de personas que se enfrentarían a este flagelo se situaría en 45 millones, “y eso solamente es un cálculo conservador, en el sentido de que no se calcula su impacto a largo plazo”.
Cambiar las normas sociales
El análisis de la agencia de la ONU concluye que la desigualdad de género en los sistemas agroalimentarios persiste, en parte porque las políticas, las instituciones y las normas sociales discriminatorias siguen limitando la igualdad de oportunidades y de derechos a los recursos. Por ello, hace falta subsanar las carencias relacionadas con el acceso a activos, tecnología y recursos.
Además, Benjamín Davis considera muy importante mejorar los derechos de las mujeres a la propiedad y la tenencia segura de tierras agrícolas, que influye muy positivamente sobre el empoderamiento, la inversión, la gestión de los recursos naturales y el acceso a servicios e instituciones y también ayuda en términos de aumentar su poder de negociación.
Según el director, el acceso a guarderías también tiene un notable efecto positivo en el empleo de las madres, así como los programas de protección social han demostrado aumentar el empleo y la resiliencia de las mujeres. @mundiario



