Los socios del Gobierno aumentan la presión sobre Sánchez por el caso Koldo sin romper aún la baraja
La coalición que sostiene al Gobierno de Pedro Sánchez atraviesa su momento más crítico desde la investidura. El caso Koldo, y especialmente las grabaciones comprometedoras que salpican a los exsecretarios de Organización del PSOE, José Luis Ábalos y Santos Cerdán, ha reactivado una intensa presión por parte de la oposición, encabezada por el Partido Popular, pero también ha provocado un distanciamiento creciente de los partidos que hasta ahora han sido socios leales del Ejecutivo.
La exigencia de una comparecencia inmediata del presidente del Gobierno en el Congreso no solo ha unido al bloque conservador, sino que ha recibido el respaldo parcial de actores clave del bloque de investidura que, sin romper aún con el PSOE, han comenzado a marcar límites.
Sánchez ha anunciado su intención de comparecer de forma voluntaria y monográfica en el Congreso para dar explicaciones, aunque ha fijado como fecha el 9 de julio, argumentando una agenda internacional ineludible: la cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en La Haya, otra de Naciones Unidas en Sevilla y un Consejo Europeo. No obstante, este calendario no ha sido bien recibido por muchos de sus socios. Aunque partidos como el PNV, Sumar y EH Bildu entienden el peso institucional de esos compromisos, consideran excesiva la espera hasta julio y reclaman mayor agilidad en la rendición de cuentas.
El PP, acompañado por Vox, ERC, Junts, Compromís y Podemos, ha intentado forzar sin éxito la alteración del orden del día del Congreso para incluir de manera urgente la comparecencia del presidente. La negativa de la presidenta de la Cámara, Francina Armengol, a aceptar esa modificación ha encendido los ánimos en el hemiciclo. El portavoz del PP, Miguel Tellado, ha llegado a calificar a Sánchez de “forajido zombi”, y la crispación ha escalado hasta el punto de provocar enfrentamientos personales en la Junta de Portavoces y protestas airadas en el pleno.
Las tensiones internas de Sumar vuelven a aflorar
Pero el foco de tensión no está solo en la bancada de la derecha. Sumar, el socio minoritario del Gobierno, también vive su propia crisis interna. Varias de las fuerzas que lo integran han comenzado a trazar una línea de separación respecto al PSOE. Los Comunes, con representación en el Consejo de Ministros a través del titular de Cultura Ernest Urtasun, no descartan abandonar el Gobierno si emergen nuevas pruebas de corrupción. Chunta Aragonesista plantea incluso salir del grupo parlamentario de Sumar si no se reconduce la situación política y territorial respecto a Aragón.
El caso más significativo es el de Compromís, cuya portavoz, Àgueda Micó, ha exigido un “cambio de paradigma” y ha reclamado que Sánchez se someta a una cuestión de confianza. La formación valencianista asegura que su respaldo está condicionado a hechos concretos en materia de regeneración democrática y avances sociales. En esta misma línea, desde Sumar se exige al PSOE que se comprometa con un calendario legislativo que desbloquee las medidas acordadas en el pacto de legislatura y que, según sus dirigentes, están paralizadas.
La líder de Sumar, Yolanda Díaz, también ha intensificado su presión sobre el presidente. En su última reunión con Sánchez, reclamó una nueva relación entre los socios de Gobierno basada en la “igualdad” y advirtió de que no se puede sostener la coalición si el PSOE no impulsa medidas contundentes para frenar la corrupción y relanza la agenda social.
El bloque de investidura no ha implosionado
Mientras tanto, Podemos continúa su deriva hacia una posición cada vez más alejada del Ejecutivo. La formación liderada por Ione Belarra ha descartado de momento promover una moción de censura o elecciones anticipadas, pero ha sentenciado que Sánchez “no es parte de la solución, sino del problema”. En este contexto, el partido morado busca reconstruir un nuevo espacio político alternativo al PSOE y a lo que consideran el agotamiento del modelo de coalición actual.
El bloque de investidura no ha implosionado, pero su cohesión se encuentra profundamente dañada. Las advertencias lanzadas por los aliados de Sánchez —desde la amenaza de ruptura de los Comunes hasta las exigencias de Compromís, pasando por la postura comedida del PNV y la presión soterrada de ERC— dibujan un escenario de gobernabilidad cada vez más incierto. A ello se suma la inminente cumbre de la OTAN, donde una posible decisión de Sánchez de comprometer un 5 % del PIB en gasto militar podría provocar un cisma dentro de Sumar, especialmente con Izquierda Unida, que ha advertido de su salida del Ejecutivo si ese acuerdo se materializa.
El caso Koldo ha dejado de ser un escándalo aislado para convertirse en un catalizador de una crisis más profunda: la de un Gobierno sostenido por alianzas frágiles, cada vez más impacientes y dispuestas a actuar si no se producen cambios tangibles. Por ahora, los socios no rompen, pero ya no se alinean sin condiciones. La estabilidad del Ejecutivo depende ahora, más que nunca, de la capacidad de Sánchez para recuperar la iniciativa política y reconstruir la confianza, no solo en el Congreso, sino también en su propio bloque. @mundiario






