¿Por qué el Reino Unido quiere expulsar refugiados a Ruanda?

Migrantes cruzando el canal de la Mancha. / RR.SS.
Migrantes cruzando el canal de la Mancha. / RR.SS.

Boris Johnson se ha llevado un varapalo después de que la Justicia Europea ordenara paralizar el vuelo de expulsión de siete migrantes a la ‘Suiza africana’.

¿Por qué el Reino Unido quiere expulsar refugiados a Ruanda?

El Gobierno de Boris Johnson se ha llevado un fiasco político. El primer ministro británico ha visto cómo, a 30 minutos del plazo límite, la Justicia Europea ordenó no despegar al primer avión que iba a trasladar inmigrantes irregulares hasta Ruanda, un país africano un poco más grande que la Comunidad Valenciana, con una cuestionable reputación de derechos humanos.

Una intervención de última hora de parte del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) evitó que un avión con siete refugiados que ingresaron ilegalmente al Reino Unido fueran llevados hasta el continente africano, donde el Gobierno ruandés les esperaba para brindarles alojamiento, después de que los portavoces del Ejecutivo ofrecieran una versión idílica de las condiciones en las que vivirían los migrantes.

El TEDH emitió una orden de paralizar el avión en Inglaterra. Abordo iban un pasajero iraquí, un iraní, un vietnamita y un albanés, mientras que un tribunal inglés admitió los recursos de otros tres migrantes cuya expulsión estaba programada. Unos 30 minutos antes del despegue, el vuelo fue cancelado.

Entre las principales causas de la orden, está la justificación dada por la Agencia para los Refugiados de las Naciones Unidas (Acnur), que argumentó que “los solicitantes de asilo transferidos desde el Reino Unido a Ruanda no tendrían acceso a un procedimiento justo y eficaz a la hora de determinar su estatuto de refugiados”, una postura que compartieron organizaciones de defensa de derechos humanos y la iglesia anglicana.

¿Por qué el Reino Unido deporta a los migrantes?

Desde que se negociaba la salida del Reino Unido de la Unión Europea, uno de los puntos de partida para el Gobierno fue liberarse de la tutela comunitaria y recuperar “autonomía” en sus fronteras. En los últimos años el número de migrantes que cruzan irregularmente el canal de la Mancha ha ido en aumento, en 2021 la cifra superó los 28.500, y en lo que va de este año la pasó los cinco mil.

El bienestar político del primer ministro, Boris Johnson, depende actualmente de los conservadores euroescépticos, después de que sobreviviera a un intento de moción de censura interna por los escándalos del Partygate, por lo que la decisión de deportar a los migrantes pesaba a nivel partidista e incluso electoral, cuando muchos británicos recientemente han visto con mala cara el aumento de la migración ilegal.

Primero los británicos consideraron deportar a estos caminantes, que en su mayoría han cruzado decenas de países a pie para llegar a las islas, hasta Albania, pero después sopesaron la posibilidad de utilizar un país fuera de Europa, por diversos factores incluyendo la conveniencia económica. La primera opción fue Ghana, que rechazó la oferta al considerar ilegal el recibimiento, pues los migrantes habían solicitado asilo en el Reino Unido.

Tras haber recibido calabazas de parte de Tanzania, los británicos vieron en Ruanda, un país vecino sin costas y considerado por los adeptos al Gobierno como la “Suiza de África”, como la mejor opción. Kigali aceptó el trato que incluye una financiación de 144 millones de euros a cambio de recibir una buena parte de los solicitantes de asilo que ingresan por el canal de La Mancha.

Prosperidad económica vs. Delitos de lesa humanidad

Después de que se cerrara el trato, el rechazo de las plataformas defensoras de derechos humanos no se hicieron esperar. En 2018 un grupo de refugiados de la vecina República Democrática del Congo pidieron asilo en Ruanda; según reportó la organización Human Rights Wacth (HRW), al menos 12 de esos migrantes fueron abatidos a tiros por parte de la policía, y otros detenidos, por protestar pacíficamente en las afueras de la sede de Acnur, pues las Naciones Unidas habían anunciado que reducirían las raciones de comida que les brindaban a los refugiados.

Un comunicado de la policía confirmó la muerte de cinco manifestantes y 20 heridos. En 2019 Amnistía Internacional y la HRW fijaron alrededor de 60 el número de refugiados que fueron condenados a prisión por haber participado en esa manifestación, muchos incluso fueron acusados de haber perjudicado “la imagen internacional de Ruanda”   

A pesar de que el presidente Paul Kagame, que lleva varias décadas en el poder, ha logrado mejorar la imagen del país después del genocidio de 1994, en el que el Gobierno hutu asesinó a 800.000 personas de la etnia tutsi, aún varios observatorios de derechos humanos han puesto el foco en detenciones arbitrarias, desapariciones forzadas y ejecuciones extraoficiales contra los opositores al régimen.

De manera idílica, Ruanda se presenta como una esperanza para África, al menos para Occidente. El país goza de una buena salud económica, ha recibido grandes inversiones del Banco Mundial, y se ha puesto especial atención en los avances sociales como la reducción de la mortalidad infantil, el aumento de la esperanza de vida (de 29 a 69 años), la matriculación casi universal en la escuela primaria o la reducción de la pobreza hasta el 55 % en 2017. @mundiario

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