El presidente alemán Steinmeier se disculpa por errores de juicio en las relaciones con Putin

Frank-Walter Steinmeier. / @SandraSteins
Frank-Walter Steinmeier. / @SandraSteins
Es el primer político alemán de rango que lo hace. Sin embargo, el canciller Olaf Scholz y su gobierno se resisten a parar las importaciones de petróleo y gas ruso. Con el riesgo de que aumenten las críticas, tanto a nivel internacional como doméstico.
El presidente alemán Steinmeier se disculpa por errores de juicio en las relaciones con Putin

Paul Krugman, premio Nobel de Economía, acusó a Alemania en una columna publicada el pasado domingo en El País, de ser “para su vergüenza, el eslabón más débil de la respuesta del mundo democrático a la agresión rusa”. Lo argumentó. 

- Primero, con el grave error de que sus gobiernos no hicieran caso a las advertencias de los riesgos de convertirse en dependiente del gas ruso: “Pero sus dirigentes, que solo atendían a los beneficios a corto plazo de la energía barata, hicieron caso omiso. En vísperas de la guerra en Ucrania, el 55% del gas alemán provenía de Rusia”.

- Segundo, con la resistencia de sus líderes políticos y empresariales a cortar este flujo de combustible, a pesar de que según numerosos analistas “una reducción drástica de las importaciones de gas de Rusia no sería ni mucho menos catastrófico para Alemania”.

- Tercero, llamando la atención a que hace una década la política alemana exigió enormes sacrificios a otros países durante la crisis europea de la deuda, mientras que ahora se muestra reticente a imponerse costes muchos menores: “La guerra de agresión de Vladímir Putin funciona gracias al dinero que Rusia obtiene vendiendo combustibles fósiles a Europa… Lo cual significa que Alemania … se ha convertido de hecho en la principal facilitadora de Putin”.

El catedrático norteamericano no está solo en su crítica. El portugués Bruno Maçaes, ex secretario de Estado para Europa, recuerda que en los años de la crisis europea de la deuda aprendió de sus colegas alemanes el dicho “Mejor un fin con susto que un susto sin fin”. Y demanda de Berlín que ahora lo aplique. 

Y en Bruselas, mientras que la reputación de la alemana Ursula von der Leyen como presidenta de la Comisión Europea está cotizando al alza, por defender a capa y espada todas las sanciones posibles contra Rusia, la de Olaf Scholz está bajando enteros, por su bloqueo continuo de medidas radicales. Que el canciller, al que empiezan a apodar “el Caballero de la Triste Figura”, esté en estos momentos en el mismo bando que Hungría no ayuda a mejorar su grado de credibilidad y confianza entre los demás socios en la Unión Europea.

También en Alemania se oyen siempre más voces que ponen en duda si el gobierno de coalición de socialdemócratas, verdes y liberales está dando la talla en el conflicto ucraniano, a la vista de los horribles crímenes de guerra causados por el ejército ruso. ¿No podría dar más apoyo armamentístico al presidente Zelenski? ¿No debería cerrar el grifo al petróleo y gas de Putin? Causó sorpresa y dolor en la opinión pública alemana que el presidente de la República Federal de Alemania Frank-Walter Steinmeier fuese declarado persona non grata en Kiev, dados sus contactos muy estrechos con el Kremlin siendo ministro de Asuntos Exteriores. 

No ha sido el único político importante alemán que los tuvo. Desde los años del socialdemócrata Willy Brandt como canciller, los 70 del siglo pasado, la política alemana estuvo marcada por la consigna “Wandel durch Handel”: la Guerra Fría llegaría a su fin, cuando se produjesen los cambios políticos en Rusia y sus satélites como resultado de unas relaciones comerciales siempre más estrechas con Occidente. Con la caída del Muro de Berlín en 1989, ya ni el canciller cristianodemócrata Helmuth Kohl, al principio opositor de esta consigna, la puso en duda. Intensificar las relaciones económicas con el Kremlin era la hoja de ruta correcta para seguir asegurando paz y prosperidad en Europa.

Los años del canciller socialdemócrata Gerhard Schröder coinciden con la llegada al poder de Vladímir Putin en Moscú. Los dos de orígenes humildes, los dos llegando a la cumbre de sus carreras política después de muchos obstáculos, los dos machos alfa. Y los dos con ansias de desarrollar una amistad profunda y duradera entre ellos y sus países. 

En los 16 años de Angela Merkel como canciller se mantienen los contactos privilegiados entre Berlín y Moscú. La cristianodemócrata habla ruso, por sus años como ciudadana de la República Democrática Alemana entre 1964 y 1989, el ruso habla alemán por su larga estancia en Dresde como miembro del KGB. No desarrollan lazos estrechos de amistad como los de Schröder y Putin, pero sí un sentimiento de respeto mutuo y deseo de seguir mejorando las relaciones en todos los ámbitos.

Aquí entra en juego Frank-Walter Steinmeier, entre 1999 y 2005 jefe del gabinete de Gerhard Schröder y dos veces ministro de Asuntos Exteriores con la canciller Merkel, entre 2005 y 2009, así como entre 2013 y 2017. El ahora presidente alemán expresa en una entrevista a la revista Der Spiegel sus disculpas por los errores cometidos en relación con Putin por parte de los gobiernos alemanes a los cuales perteneció: primero, por nunca poner en duda las buenas relaciones diplomáticas con el autócrata ruso, tampoco después de que su ejército invadiera la isla de Crimea y propulsara la guerra en el Donbás, la zona ucraniana fronteriza con Rusia; y segundo, por seguir en el empeño de aumentar la dependencia energética rusa, poniendo en marcha el gasoducto Nordstream II, ahora parado: “Fue claramente un error. Ahora no solo ha quebrado un proyecto multi multimillonario, también han sufrido las relaciones con nuestros socios europeos del este que siempre se opusieron al gasoducto. ¡Eso duele!”

No obstante, considera que el gobierno alemán acierta tanto con su política de acelerar la expansión de energías renovables – impulsada por el verde Robert Habeck, ministro de Economía y Clima que, con su forma de analizar situaciones, tomar decisiones y comunicarlas se ha catapultado al estrellato en el gabinete – como en su rechazo a interrumpir el flujo de gas ruso. Tendría en su opinión unos costes demasiado altos para partes de la industria alemana y, por lo tanto, para el empleo. Piensa que Alemania, que ha dado su visto bueno al embargo del carbón, lo dará con el tiempo al petróleo (según Habeck, a fines de 2022) y al gas ruso (a mediados de 2024). 

Lo que ahora tiene a todos los alemanes en vilo es cuándo dará Angela Merkel su primera entrevista, con sus reflexiones sobre los mismos tres temas que Der Spiegel le planteó al presidente alemán y que intrigan a la opinión pública alemana y europea más que nunca: su valoración de la fracasada política energética y diplomática hacia Rusia, del Putin de antes y de hoy, así como del conflicto de sistemas entre autarquía y democracia.

A propósito de este tándem: para los que quieren entender mejor cómo hemos llegado a una etapa de la humanidad en la que las autocracias le están echando un pulso peligroso a las democracias, por la irrupción del populismo, la polarización y la posverdad, recomiendo encarecidamente el nuevo libro de Moisés Naím titulado La revancha de los poderosos. Muy, interesante los conocimientos que transmite, también sobre Rusia y Putin. @mundiario

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