Junts mantiene abierto el diálogo mientras Yolanda Díaz asume el tropiezo de su ley estrella
La política española vuelve a situarse en un terreno de tensiones y equilibrios frágiles. Junts per Catalunya, socio imprescindible para la estabilidad parlamentaria de Pedro Sánchez, ha dejado claro que no apoyará la reducción de la jornada laboral a 37,5 horas impulsada por la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. Sin embargo, el rechazo no implica una ruptura con el Gobierno central. El mensaje que llega desde Bruselas, tras el encuentro entre Salvador Illa y Carles Puigdemont, es que las conversaciones siguen abiertas y que la relación entre socialistas e independentistas continúa siendo estratégica para sostener la legislatura.
El Ejecutivo, consciente de que la norma se dirige hacia una derrota parlamentaria segura, ha empezado a asumir el escenario de un revés político de gran calado. Díaz ha defendido que el Gobierno “ha cumplido” con su compromiso y ha deslizado que, en caso de que la ley fracase en el Congreso, volverá a presentar la iniciativa más adelante. Además, planea impulsar por decreto aquellas medidas vinculadas al control de horas extra que no requieran tramitación parlamentaria.
Para Junts, el voto en contra de la reforma responde a un desacuerdo de fondo y no a una estrategia de chantaje político. La formación de Puigdemont quiere dejar claro que se trata de un rechazo ideológico puntual, distinto a las presiones que usa como palanca negociadora, como ocurrió con el techo de gasto. El desacuerdo no interrumpe el canal de diálogo abierto con La Moncloa, que sigue siendo clave en asuntos de mayor alcance como la presentación de los Presupuestos Generales del Estado o el cumplimiento de pactos como el reconocimiento del catalán en Europa.
El encuentro en Bruselas entre Illa y Puigdemont ha reforzado la idea de que, a pesar de las tensiones, los puentes políticos siguen tendidos. La reunión supone un gesto de legitimación para el expresident, que aún aguarda la resolución del Tribunal Constitucional sobre su encaje en la Ley de Amnistía. El Gobierno, por su parte, interpreta esta cita como un paso más hacia la “normalización institucional” y no descarta que en el futuro pueda producirse un encuentro directo entre Sánchez y Puigdemont, aunque todo apunta a que será más adelante, posiblemente cuando el líder independentista pueda regresar a España.
El proyecto bandera de Sumar podría encallar
El problema para Díaz es que el principal proyecto de Sumar para esta legislatura se tambalea. La reducción de jornada cuenta con amplio respaldo sindical y con apoyo social en las encuestas, pero choca frontalmente con el rechazo de la patronal, principalmente de la catalana, y ahora con el voto contrario de Junts. En este contexto, la líder de Sumar evita cargar contra Puigdemont y dirige sus críticas únicamente al PP, al que acusa de bloquear sistemáticamente los avances sociales del Gobierno.
La aritmética parlamentaria, sin embargo, se impone. Todo indica que PP, Vox y Junts sumarán fuerzas para frenar la ley, dejando a Sumar y al Ejecutivo frente a una de sus derrotas más visibles en la legislatura en el primer pleno de este curso político. A diferencia de la reforma laboral de la pasada legislatura, que se salvó por un error en la votación de un solo diputado del PP, esta vez Díaz no tiene un as bajo la manga. La líder de Sumar ya ha anticipado que no retirará el proyecto, consciente de que perder la votación o retirar la ley tendría, en esencia, el mismo efecto político.
Junts quiere marcar distancias ideológicas sin romper con el Gobierno. El PSOE y Sumar deberán gestionar un revés político que no solo debilita a Díaz, sino que también reaviva las dudas sobre la capacidad del Ejecutivo para sacar adelante sus grandes reformas. La negociación presupuestaria, que se perfila como el próximo gran pulso, exigirá nuevas concesiones y demostrará hasta qué punto la relación con los independentistas puede resistir a las tensiones puntuales.
Junts aprieta, pero no rompe. Yolanda Díaz, por su parte, afronta un golpe que compromete su imagen política pero que no parece poner en riesgo la continuidad de la legislatura. El tablero se mantiene en movimiento, y mientras la vicepresidenta defiende su bandera laboral, Sánchez sigue apostando por la vía del diálogo con Puigdemont como única forma de mantener viva una legislatura en permanente tensión. @mundiario





