Una foto de alto coste político: la visita de Illa a Puigdemont que da oxígeno a Sánchez
La reunión entre el president de la Generalitat, Salvador Illa, y Carles Puigdemont en Bruselas marca un punto de inflexión en la política española. El gesto, que se ha interpretado como una rehabilitación institucional del expresident fugado, responde más a la necesidad del Gobierno de Pedro Sánchez de sostener la legislatura con los votos de Junts que a una estrategia propia del líder socialista catalán.
Durante hora y media de encuentro en la delegación de la Generalitat en Bruselas, Illa y Puigdemont exhibieron cordialidad ante los medios con un apretón de manos que, más allá de la foto, dejó en evidencia la fragilidad de los consensos. El expresident, lejos de conceder triunfos a Sánchez o a Illa en los últimos meses, el ha venido insistiendo en que “Cataluña no vive en normalidad” y reclamando la aplicación plena de la Ley de Amnistía, incluyendo el delito de malversación que todavía pesa sobre su causa en el Tribunal Supremo.
El movimiento de Illa, presentado como un ejercicio de “diálogo” y “responsabilidad institucional”, se ha interpretado como una cesión que refuerza la posición de Puigdemont en el tablero político europeo. El president socialista defendió que el encuentro “hace avanzar a Cataluña”, pero en la práctica no logró obtener ni el compromiso de Junts con los Presupuestos Generales del Estado ni con la conocida como “Ley Bolaños”, la reforma judicial que Moncloa quiere sacar adelante en otoño.
La visita, además, se produce en un contexto en el que el Tribunal Constitucional ha avalado la medida de gracia, mientras el Supremo mantiene su negativa a aplicarla a Puigdemont y la Justicia europea debe pronunciarse sobre este tema.
Sánchez busca oxígeno en Junts
La misión encomendada a Illa tenía por objetivo garantizar que Junts mantenga vivo el apoyo a Sánchez en el Congreso. Sin embargo, fuentes del propio partido independentista han señalado que la negociación seguirá siendo “pieza a pieza”, sin compromisos globales, lo que augura una legislatura sostenida en la debilidad.
En paralelo, Puigdemont continúa sin horizonte claro para regresar a Cataluña. Moncloa apunta al primer trimestre de 2026, tras una resolución del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, pero el independentista mantiene dudas y exige mayores garantías legales.
El resultado del encuentro refleja un escenario en el que todos pierden algo. Illa compromete la institución de la Generalitat al legitimar políticamente a Puigdemont sin obtener contrapartidas tangibles. Sánchez, por su parte, se pierde en la posibilidad de aprobar los Presupuestos y ha admitido que, si no los saca adelante, se limitará a gestionar el desgaste. Y el propio Puigdemont, pese a ganar proyección, no consigue avances concretos en su situación judicial ni en la agenda independentista.
La foto, al final, representa un gesto con alto coste simbólico. El Gobierno buscaba mostrar capacidad de diálogo y mantener el frágil apoyo de Junts, pero la escena refuerza la idea de que la legislatura se sostiene en concesiones constantes a cambio de resultados inciertos.
Una legislatura pendiente de Waterloo
El encuentro de Bruselas confirma que el futuro de Sánchez depende en gran medida de Puigdemont, quien sigue utilizando su posición como arma de presión. La visita de Illa no resolvió las diferencias de fondo, pero sí consolidó una narrativa en la que el expresident fugado vuelve al centro del debate político español.
En este contexto, la tocada legislatura avanza con un equilibrio inestable: el PSOE necesita a Junts para sobrevivir, Junts necesita a Puigdemont como referente, y Puigdemont necesita prolongar su relevancia política mientras su futuro judicial sigue en manos de los tribunales europeos.
La pregunta que queda en el aire es si esta foto servirá para reforzar la estabilidad de Sánchez o si, por el contrario, se convertirá en otro episodio de desgaste que acelere el reloj electoral. @mundiario





