Yolanda Díaz apela al PP para reducir la jornada laboral: una propuesta atrapada en el ruido
La vicepresidenta segunda promete que este será el último Primero de Mayo que se celebre bajo el esquema laboral de 40 horas, y sondea a Feijóo para que su medida estrella pueda salir adelante.
La escena de este Primero de Mayo en España ha sido reveladora. No solo por lo simbólico de su celebración en mitad de un apagón eléctrico que descolocó las agendas institucionales, sino también por la carga política que ha asumido la reducción de la jornada laboral como bandera de transformación y campo de batalla ideológica. En este contexto, Yolanda Díaz ha aprovechado el altavoz mediático de la festividad del trabajo para lanzar una apelación directa al líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo. “Veremos para qué sirven los 137 diputados del Congreso”, dijo con intención clara de señalar al Partido Popular como posible facilitador —o saboteador— de la reducción de la jornada a 37,5 horas semanales.
La vicepresidenta segunda ha afirmado que este será el último Primero de Mayo bajo el régimen de las 40 horas. Pero la promesa contrasta con la realidad política: la medida ha sido aprobada en el Consejo de Ministros y está lejos de contar con un apoyo parlamentario sólido por las reticencias de Junts y el PNV, los socios de derecha nacionalista que forman parte del bloque de la investidura del presidente Pedro Sánchez. La llamada de Díaz a Feijóo, en apariencia ingenua, en realidad busca exponer las contradicciones del líder popular, quien en su día defendió la jornada de cuatro días, pero hoy se enfrenta a la disyuntiva de respaldar una iniciativa del Gobierno o atrincherarse en una oposición más cerrada.
Este gesto es doblemente significativo porque coloca al PP en el centro del debate laboral, forzándolo a posicionarse en un asunto que trasciende el eje izquierda-derecha. ¿Está dispuesto Feijóo a facilitar una reforma social que podría beneficiar a millones de trabajadores, o primará la lógica de bloques? Díaz, al recordar aquel Feijóo que simpatizaba con la jornada reducida, intenta dibujar ante la opinión pública una grieta entre el Feijóo tecnócrata y el actual líder atrapado por la presión de Vox y de los sectores más duros de su partido.
Mientras tanto, los sindicatos, sin grandes conquistas que exhibir este año, han mantenido la reducción de jornada como eje central de sus reivindicaciones. CC OO y UGT insisten en la necesidad de “ganar tiempo de vida” y afianzar legislativamente el acuerdo alcanzado con el Gobierno. En su manifiesto, reclaman también avances en materia salarial, acceso a la vivienda, igualdad de género y lucha contra la violencia machista. Pero sus demandas se ven lastradas por un entorno político hostil, donde propuestas como el Estatuto del Becario o la mejora de la indemnización por despido siguen en el limbo legislativo.
Hoy va a ser el último primero de mayo trabajando 40h. Vamos a reducir la jornada laboral para trabajar menos y vivir mejor. 📺 @yolandadiaz.bsky.social
— Sumar (@movimientosumar.es) 1 de mayo de 2025, 4:30
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Díaz clama contra la “internacional del odio”
En este clima, el Gobierno se presenta dividido y sin la presencia contundente de años anteriores. La manifestación en Madrid ha contado con una representación ministerial más modesta, encabezada por Elma Saiz (Inclusión y Seguridad Social), Mónica García (Sanidad) y Óscar López (Transformación Digital), lo que evidencia cierta desconexión entre el Ejecutivo y la movilización sindical.
Díaz ha sabido usar este contexto para elevar el tono político. Ha relacionado la lucha laboral con la defensa de la democracia frente a la “internacional del odio” que, a su juicio, impulsa figuras como Donald Trump. Esta lectura amplia del conflicto social, que mezcla la lucha sindical con la geopolítica, sitúa el proyecto de Díaz en un marco más ambicioso: no se trata solo de reducir horas, sino de defender un modelo de sociedad frente al avance global de la extrema derecha.
La pelota está ahora en el tejado del PP, que deberá decidir si bloquea la reforma o asume el coste político de ser percibido como enemigo de una medida popular. En esa decisión no solo se juega la reforma laboral: también la imagen futura de la derecha como posible alternativa de Gobierno. @mundiario


