El discurso del Rey en la ONU agita al PP y profundiza la brecha interna sobre Gaza

La intervención de Felipe VI ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, en la que denunció los “actos aberrantes” cometidos por Netanyahu, empuja a los barones como Rueda y Moreno a condenar el “genocidio”.
Juanma Moreno Bonilla, presidente de Andalucía en el Parlamento. / @arepullomilla
Juanma Moreno Bonilla, presidente de Andalucía en el Parlamento. / @arepullomilla

La Asamblea General de la ONU, marcada por la ofensiva israelí en Gaza y el creciente reconocimiento internacional del Estado palestino, ha tenido un inesperado eco en España. El discurso del rey Felipe VI, firme en su condena de la violencia, pero sin utilizar la palabra “genocidio”, ha abierto un nuevo frente en el Partido Popular (PP), al evidenciar las discrepancias entre sus barones más moderados y aquellos dirigentes que optan por mantener una posición más próxima a Israel.

El monarca defendió ante la comunidad internacional la necesidad de reconocer a Palestina y denunció los “actos aberrantes” cometidos en Gaza. Aunque evitó el término “genocidio”, su mensaje coincidió en gran medida con el del Gobierno de Pedro Sánchez, lo que coloca al PP en una posición incómoda. Alberto Núñez Feijóo trata de mantener un equilibrio, pero su estrategia se ve desbordada tanto por las posturas divergentes de sus presidentes autonómicos como por la presión mediática y política que genera un conflicto de gran impacto en la opinión pública.

Los presidentes autonómicos Juan Manuel Moreno (Andalucía) y Alfonso Rueda (Galicia) han dado un paso adelante al aceptar públicamente el uso del término “genocidio” para referirse a la situación en Gaza. Este giro supone un desafío directo a la línea marcada por la dirección nacional del PP, que insiste en calificar la ofensiva israelí como una “masacre”, a la espera de que la Corte Penal Internacional se pronuncie de forma definitiva.

En el extremo opuesto, Isabel Díaz Ayuso ha intensificado su defensa de Israel. La presidenta madrileña criticó duramente la política exterior del Gobierno y alertó de que España “pagará durante años” las consecuencias de condenar al Ejecutivo del primer ministro Benjamín Netanyahu. Su encuentro con la encargada de negocios de la Embajada de Israel en Madrid, justo un día después del discurso del Rey, fue interpretado como un gesto simbólico que marca distancias respecto a la posición de la cúpula del PP y en la sociedad española.

El equilibrismo de Feijóo

Entre estos polos se mueve Feijóo, consciente de que cada paso puede acentuar las divisiones internas. Mientras sus portavoces insisten en que corresponde a la justicia internacional calificar los crímenes en Gaza, las declaraciones de barones autonómicos y el eco internacional del discurso de Felipe VI obligan al líder popular a ajustar su discurso. El riesgo para Feijóo es quedar atrapado entre un electorado cada vez más crítico con Israel y una corriente interna que presiona para mantener posiciones firmes en defensa de Netanyahu.

A esta tensión se suma la ofensiva de Vox, que ha aprovechado la coyuntura para cargar contra Felipe VI por acercarse —según su interpretación— a las tesis del Gobierno. Dirigentes ultraconservadores reprochan al monarca haber pronunciado un discurso “globalista” y “alineado con Sánchez”. Esta reacción sitúa al PP en un terreno resbaladizo: no puede confrontar con el Rey, pero tampoco quiere aparecer como un partido que cede espacio político a la ultraderecha o parecer mimetizado con la izquierda para los votantes del ala más dura de su partido.

El reconocimiento de Palestina por parte de países como Francia, Reino Unido y Portugal gobernados por las tres mayores fuerzas políticas europeas (liberales, socialdemócratas y populares), refuerza la presión sobre Feijóo. En La Moncloa interpretan que el PP ha quedado “en el lado equivocado de la historia”, atrapado entre las presiones internas y una opinión pública mayoritariamente indignada con la ofensiva israelí. Los socialistas aprovechan esta división para subrayar que el Gobierno se encuentra en sintonía con la mayoría internacional, mientras el PP lidia con un debate que amenaza con erosionar su imagen de unidad.

Una brecha con efectos duraderos

Más allá de Gaza, el discurso de Felipe VI abordó cuestiones como la inmigración, el cambio climático o la igualdad de género, en sintonía con las prioridades del Gobierno y en contraste con las posiciones cada vez más duras de la derecha española. Esto amplifica la sensación de un PP dividido, obligado a reconfigurar su estrategia en un terreno donde las posiciones moderadas de algunos barones chocan con la influencia de Ayuso y el empuje de Vox.

El discurso del Rey en la ONU no solo ha tenido impacto diplomático; también ha actuado como catalizador de las tensiones internas del PP. La fractura entre moderados y sectores más duros se profundiza, dejando a Feijóo con un margen de maniobra cada vez más reducido. El desafío, en adelante, será encontrar un equilibrio que evite que el debate sobre Gaza se convierta en un factor desestabilizador permanente para el principal partido de la oposición. @mundiario

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