“Es hora de parar”: Trump marca un límite a Israel y rechaza la anexión de Cisjordania

Ante el impulso de los sectores más duros del Gobierno de Netanyahu, el presidente de EE UU pide frenar la iniciativa que podría enfurecer a los vecinos regionales y dinamitar los Acuerdos de Abraham.
Donald Trump, presidente de EE UU. / White House
Donald Trump, presidente de EE UU. / White House

Este jueves, el presidente estadounidense Donald Trump sorprendió con un gesto poco habitual en su relación con Israel. El republicano declaró de manera tajante que no permitirá la anexión de Cisjordania, un escenario que varios ministros ultranacionalistas del gabinete del primer ministro Benjamín Netanyahu han planteado como respuesta a la oleada de reconocimientos internacionales al Estado palestino. “No lo voy a permitir. No va a ocurrir. Ya es suficiente. Es hora de parar”, dijo Trump desde el Despacho Oval.

La declaración marca un freno a las aspiraciones de los socios más radicales del gobierno israelí, que veían en la coyuntura actual una oportunidad para ampliar su control territorial. La presión creció después de que países como Reino Unido, Francia, Canadá y Australia anunciaran en los últimos días su reconocimiento de Palestina como Estado, buscando dar un impulso al estancado proceso de paz.

Netanyahu, que visitará la Casa Blanca en los próximos días, lidera la coalición más nacionalista en la historia de Israel, donde figuras como el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, han defendido que “la idea de un Estado palestino está siendo borrada de la mesa”. La propuesta de anexar formalmente Cisjordania se plantea como un golpe de efecto frente al creciente apoyo internacional a la causa palestina.

Trump, que ha hecho gala en otras ocasiones de su apoyo incondicional a Israel, se vio esta vez condicionado por advertencias claras desde el mundo árabe. Países como los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí han advirtido de que una anexión sería una “línea roja” con consecuencias graves para la estabilidad regional. Según el ministro saudí Faisal bin Farhan, el presidente estadounidense “entendió muy bien” el mensaje durante una reunión reciente con líderes árabes y musulmanes este martes, en el marco de la Asamblea General de Naciones Unidas.

El contexto no puede ser más complejo. Israel recrudece su ofensiva en Gaza y ordena la evacuación de los civiles, con un riesgo inminente de crisis humanitaria en la población expuesta al hacinamiento y un elevado coste en vidas en el resto de la Franja. Al mismo tiempo, el Gobierno israelí sigue expandiendo asentamientos en Cisjordania.

En agosto recibió luz verde el controvertido proyecto E1, que partirá en dos el territorio cisjordano y aislará Jerusalén Este, lo que la comunidad internacional ve como un golpe definitivo a la viabilidad de un Estado palestino.

El rechazo de Trump a la anexión llega cuando el reconocimiento diplomático a Palestina se expande en Occidente. Esta tendencia contrasta con la postura de Estados Unidos e Israel, que insisten en que un reconocimiento unilateral mina las posibilidades de negociación. Alemania, aliado cercano de Israel, ha evitado sumarse a la iniciativa, aunque congeló parte de sus exportaciones militares hacia Tel Aviv.

La posibilidad de anexión, además, se ha vinculado en Israel a la ofensiva de Hamás del 7 de octubre de 2023, que dejó 1.200 muertos y 251 rehenes. Para sectores de la ultraderecha israelí, ese ataque justifica un mayor control de Cisjordania. Sin embargo, en la visión de Trump y de los líderes árabes, un paso en esa dirección solo agravaría las tensiones y cerraría aún más la puerta a una solución de dos Estados.

Con cerca de 700.000 colonos israelíes viviendo entre 3 millones de palestinos en Cisjordania y Jerusalén Este, la situación sobre el terreno ya resulta extremadamente frágil. La declaración del presidente estadounidense no resuelve el conflicto, pero marca un límite simbólico: mientras el reconocimiento de Palestina gana apoyos en Occidente, Washington busca contener a su aliado más cercano en la región para evitar que el conflicto cruce un umbral de no retorno.

Trump ha dibujado una línea roja poco frecuente en su relación con Netanyahu. Aunque su capacidad de presión real está por verse, su mensaje refleja tanto la creciente incomodidad internacional con la política israelí como el delicado equilibrio que busca mantener con sus socios árabes en un momento de máxima tensión regional.@mundiario

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