¿La anexión de Cisjordania por parte de Israel es una “línea roja” para Estados Unidos?
La reciente afirmación de Emmanuel Macron, según la cual cualquier intento de anexión israelí en Cisjordania sería una “línea roja” para Estados Unidos, otorga pistas sobre los límites de la política de Washington en Oriente Próximo tras la ola de reconocimientos a Palestina por parte de las potencias occidentales. El presidente de Francia aseguró haber recibido de Donald Trump la garantía de que esa anexión no sería aceptada, vinculando directamente la viabilidad de los Acuerdos de Abraham con la moderación de Israel.
Las declaraciones de Macron durante una entrevista con France 24 no son menores: la anexión de Cisjordania pondría en riesgo una de las piezas diplomáticas más importantes de la primera era Trump, el proceso de normalización con países árabes como los Emiratos Árabes Unidos. El mandatario francés fue explícito al señalar que esa decisión equivaldría a “el fin” de los Acuerdos, una amenaza que podría desestabilizar aún más la región y cortar los avances logrados desde 2020.
El trasfondo de este mensaje se encuentra en las tensiones dentro del propio Gobierno israelí. Mientras sectores de la coalición del primer ministro Benjamín Netanyahu presionan por avanzar en la anexión, la dependencia política de Washington sigue siendo un freno determinante. Si Trump mantiene firme su oposición, Netanyahu quedaría en una posición incómoda frente a sus socios más radicales, aunque con un salvavidas para preservar el vínculo estratégico con Estados Unidos y sus aliados árabes.
Macron también intentó dar forma a una hoja de ruta con un plan de tres páginas basado en la Declaración de Nueva York, que plantea excluir a Hamás del futuro gobierno en Gaza y Cisjordania. Con ello, Francia busca no solo alinear a Europa con Washington, sino también presentar a los países árabes una salida política que no rompa los consensos alcanzados. Según el presidente francés, su objetivo inmediato es garantizar un alto el fuego y la liberación de los rehenes, como primer paso de una secuencia más amplia.
Los encuentros de Trump con líderes árabes y musulmanes el martes en los márgenes de la Asamblea General de la ONU confirman que este es un asunto prioritario. Arabia Saudí, Turquía, Egipto, Qatar y Emiratos Árabes Unidos participaron en las conversaciones, lo que refleja la magnitud regional del problema. Trump calificó la cita como su “reunión más importante del día” y, según informan los diarios árabes, prometió a los asistentes que no permitirá la anexión israelí de Cisjordania, lo que también refuerza la línea que Macron había anticipado.
El trasfondo político también se proyecta hacia Europa. Macron defendió el reconocimiento de Palestina por parte de Francia como un intento de reactivar el proceso de paz y aislar a Hamás, aunque admitió la dificultad de lograr consenso en la Unión Europea sobre sanciones contra Israel por la intensidad de la ofensiva sobre los civiles en Gaza. La advertencia de que Europa deberá “tomar medidas” si no hay avances sugiere que Bruselas podría verse arrastrada a un terreno más activo, con Alemania e Italia mostrando todavía resistencias.
Desde la perspectiva de Washington, el dilema es evidente. Permitir la anexión significaría sacrificar los Acuerdos de Abraham, erosionar la alianza con países árabes clave y enterrar cualquier perspectiva de una solución de dos Estados. En cambio, mantener la oposición implica un choque con Netanyahu y con parte de su base política interna en Israel.
Las declaraciones de Macron, sumadas al compromiso verbal de Trump, apuntan a un consenso mínimo: la anexión de Cisjordania no solo amenaza la paz regional, sino también los logros alcanzados en la normalización. En este equilibrio, Estados Unidos aparece como el único actor con capacidad real para imponer límites a Israel, aunque con el riesgo de tensar su relación con Netanyahu en un momento de fragilidad política interna.
La incógnita radica en si esta “línea roja” se traducirá en acciones concretas. La próxima reunión entre Trump y Netanyahu en la Casa Blanca, junto con la intervención del primer ministro israelí en la ONU, pueden marcar un punto de inflexión.@mundiario

