El pavoroso huracán que asoló Miami hace tres décadas

La ciudad se veía arrasada, envuelta en una calma extraña después de la tormenta, con calles inundadas, vehículos aplastados por árboles caídos, cables del tendido eléctrico dispersos en el suelo.
Una imagen de los destrozos causados por Andrew. / @elnuevoherald
Una imagen de los destrozos causados por Andrew. / @elnuevoherald

Este mes, exactamente el 24 de agosto, se cumplieron treinta años de la devastadora llegada del huracán Andrew al Sur de la Florida.

Después de cruzar el Atlántico, Andrew tocó tierra en Homestead, una ciudad en el sur del condado de Miami-Dade, como un huracán de categoría 5, alrededor de las 5 de la mañana del 24 de agosto.

El meteoro causó la muerte de 44 personas, destruyó más de 50.000 viviendas y dejó daños por más de 25.000 millones de dólares solo en el estado de la Florida. Fue el huracán más devastador en Estados Unidos hasta 2005, cuando Katrina arrasó la ciudad de Nueva Orleáns.

Fui testigo del azote de Andrew. Mi esposa y yo, con nuestra hija mayor, entonces una bebé, decidimos irnos del apartamento que teníamos en Miami Beach, muy cerca del mar, y refugiarnos en casa de familiares en la tierra firme, al otro lado de la bahía de Biscayne, en el sector de la Pequeña Habana.

Un silencio imponente cubrió Miami en la madrugada. De repente, oímos un rugido como si un animal monstruoso y enfurecido se acercara. Era el huracán. Los vientos destructores, que alcanzaron en ocasiones hasta 265 kilómetros por hora, derribaron árboles, levantaron techos, destruyeron viviendas.

En el apartamento de la Pequeña Habana donde pasamos el huracán, el viento rompió una ventana de cristal. Mi cuñado y yo saltamos a tapar la abertura con un colchón para evitar que las ráfagas entraran, mientras mi esposa, con nuestra hija en brazos, se refugiaba en el baño para proteger a la bebé a toda costa.

Al amanecer, los vientos habían amainado y Andrew se alejaba hacia el golfo de México. La ciudad se veía arrasada, envuelta en una calma extraña después de la tormenta, con calles inundadas, vehículos aplastados por árboles caídos, cables del tendido eléctrico dispersos en el suelo. Más al sur, el daño fue mucho peor: el huracán destruyó barrios suburbanos enteros.

Andrew cambió a Miami para siempre.

Mi novela Bajo el ciclón, inspirada en el azote del catastrófico fenómeno, narra la historia de un amor imposible mientras el huracán se acerca a Miami. Si la lees, cuéntame si logré describir el estado de ánimo, la tensión y el miedo de los que esperamos con angustia la llegada de Andrew y sobrevivimos a su furia. @mundiario


Te invito a leer mi novela Bajo el ciclón y también La espada macedonia, una novela de aventuras y fantasía mitológica, publicada por el sello editorial español Mundiediciones.

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