Occidente da paso a Palestina, pero Netanyahu denuncia que “recompensa al terror”

Mientras los líderes occidentales apelan a la solución de dos Estados, el primer ministro Israel reafirma su rechazo absoluto a esa posibilidad y advierte de que tomará medidas en respuesta.
Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel. / @netanyahu
Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel. / @netanyahu

El reconocimiento de Palestina por parte de cuatro países de gran peso internacional marca un cambio de tono en la política exterior de Occidente hacia el conflicto israelo-palestino. El Reino Unido y Canadá, ambos miembros del G7 y estrechos aliados de Washington, se han sumado a una lista de 151 países que ya reconocen al Estado palestino.

La iniciativa defendida por el primer ministro británico Keir Starmer, busca “revivir la esperanza de paz” y dejar claro que la consolidación de un Estado palestino no es una recompensa para Hamás, sino un paso necesario para garantizar el futuro de la región, un proyecto al que se han sumado tanto Portugal como Australia.

En términos diplomáticos, este reconocimiento tiene un profundo carácter simbólico. Por primera vez, varios de los aliados más cercanos de Israel en el mundo anglosajón rompen el bloque de contención que tradicionalmente había evitado un reconocimiento coordinado.

Se espera que Francia se sume en los próximos días a la iniciativa, lo que situaría a cuatro de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (todos menos Estados Unidos) en apoyo de la solución de dos Estados.

Por su parte, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha calificado la decisión de “enorme recompensa al terrorismo” y ha reiterado su posición: “No se establecerá ningún Estado palestino al oeste del río Jordán”. Sus declaraciones van más allá de un rechazo diplomático; representan una reafirmación de su política de resistencia a cualquier iniciativa que pueda conducir a la creación de un Estado palestino independiente. Netanyahu destacó que, bajo su mandato, se han duplicado los asentamientos en Cisjordania y aseguró que Israel “seguirá por este camino”.

A medida que la comunidad internacional redobla sus esfuerzos para reactivar un proceso de paz estancado desde hace más de una década, la firmeza del primer ministro y de su Gobierno ultraconservador se ha reforzado. Desde que Netanyahu regresó al poder en 2009, las negociaciones sustantivas se han paralizado cada vez que asumía el liderazgo, mientras la expansión de los asentamientos ha hecho cada vez más difícil la viabilidad territorial de un futuro Estado palestino.

Sin embargo, las declaraciones del mandatario deben interpretarse también en clave política interna. Netanyahu lidera una coalición de gobierno dominada por partidos de línea dura y ultrareligiosos que consideran inaceptable cualquier concesión territorial. Para sus socios, la idea de un Estado palestino no es solo peligrosa, sino contraria a su visión ideológica de una “Eretz Israel” (Tierra de Israel) indivisible. De ahí que el propio Netanyahu haya dejado abierta la puerta a medidas unilaterales, incluida la anexión de partes de Cisjordania, en respuesta al reconocimiento internacional.

El contraste entre el discurso israelí y la narrativa occidental es cada vez más evidente. Para líderes como Starmer, la solución de dos Estados es la única alternativa viable para garantizar que Israel siga siendo una democracia con mayoría judía y que los palestinos puedan vivir con derechos plenos al mismo tiempo. Para Naciones Unidas, mantener el statu quo equivale a perpetuar una situación de desigualdad que muchos organismos califican de apartheid.

Las implicaciones de este movimiento occidental son profundas. Si más países europeos se suman a la iniciativa, Israel podría enfrentarse a un aislamiento diplomático creciente, algo que Netanyahu parece dispuesto a asumir. Al mismo tiempo, el reconocimiento podría revitalizar a la Autoridad Palestina, debilitada tras años de inercia política y pérdida de legitimidad frente a la corrupción y el auge de grupos como Hamás.

Sin embargo, el riesgo de escalada es real. La promesa de Netanyahu de dar una “respuesta” podría incluir la aceleración de asentamientos o incluso la anexión de facto de territorios, lo que aumentaría la tensión con la comunidad internacional y conllevaría un nuevo ciclo de violencia.

La decisión de reconocer a Palestina no resuelve por sí misma el conflicto, pero señala un cambio de estrategia en Occidente: pasar de esperar a que las negociaciones se reactiven a enviar un mensaje de presión directa. La reacción de Netanyahu confirma que el debate global sobre la viabilidad de la solución de dos Estados se encuentra en un punto crítico.@mundiario

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