Diez países europeos reconocen al Estado palestino y plantean un cambio en la política internacional
La reciente confirmación de Francia sobre los diez países que reconocerán al Estado palestino, incluyendo Andorra, Australia, Bélgica, Canadá, Luxemburgo, Portugal, Malta, Reino Unido y San Marino, marca un momento significativo en la política internacional. Esta medida se produce en vísperas de la Asamblea General de Naciones Unidas, donde el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, participará de forma telemática tras el veto estadounidense que le impidió ingresar a Estados Unidos.
El contexto histórico es clave para entender esta decisión. Palestina cuenta con estatus de observador permanente en la ONU desde 2012 y ha buscado durante años avanzar hacia un reconocimiento pleno como Estado. En abril de 2024, un proyecto de resolución promovido por la ONU para este fin fue vetado por Estados Unidos, lo que refleja la influencia persistente de Washington en las decisiones internacionales sobre Oriente Medio.
Motivaciones y tensiones en juego
El reconocimiento de Palestina por estos países no se limita a un acto simbólico. Responde a la presión de la comunidad internacional por alcanzar una paz estable y justa, y a la necesidad de equilibrar la narrativa frente al prolongado conflicto con Israel. Andorra, por ejemplo, había condicionado su reconocimiento a que la medida fuera respaldada por la comunidad internacional y a que se asegurara una paz “justa y duradera”, lo que demuestra cómo los pequeños Estados europeos buscan soluciones diplomáticas responsables y meditadas.
Sin embargo, esta iniciativa no está exenta de críticas. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha calificado el reconocimiento como una “recompensa” a Hamás y ha acusado a Emmanuel Macron de fomentar el antisemitismo, reflejando las tensiones existentes entre la defensa de los derechos de Palestina y la seguridad de Israel. La clave está en reconocer que el reconocimiento no es un gesto contra Israel, sino un intento de dar visibilidad y legitimidad a una nación cuya existencia y derechos han sido históricamente ignorados por gran parte de la comunidad internacional.
Hacia un futuro de negociaciones equilibradas
La decisión europea plantea preguntas fundamentales sobre cómo se construye la paz en Oriente Medio. Reconocer a Palestina no significa cerrar la puerta al diálogo con Israel, sino ofrecer un marco más equitativo para futuras negociaciones. Países como España, Irlanda, Noruega o Eslovenia ya dieron pasos similares en 2024, lo que evidencia un esfuerzo por diversificar la diplomacia europea más allá de la influencia estadounidense.
Para avanzar, es necesario que estas iniciativas se acompañen de medidas concretas: apoyo a la reconstrucción de Gaza, fortalecimiento de instituciones palestinas y fomento de programas educativos que promuevan la convivencia. Solo así el reconocimiento se traducirá en cambios tangibles para la población y no quedará en un acto meramente formal. La lección es clara: la diplomacia responsable requiere valentía, coherencia y un compromiso real con la justicia internacional. @mundiario



