“No habrá Estado palestino”, Netanyahu firma el proyecto para fragmentar Cisjordania

El primer ministro de Israel oficializa la expansión de asentamientos en territorio ocupado mientras proclama que “este lugar nos pertenece”, en un gesto que desafía los esfuerzos internacionales por alcanzar la solución de dos Estados.
Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel. / @IsraeliPM
Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel. / @IsraeliPM

El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, ha vuelto a marcar el rumbo de la política israelí en Cisjordania con un mensaje inequívoco: “No habrá un Estado palestino”. El mandatario pronunció estas palabras durante la ceremonia de firma del plan de expansión de Maale Adumim, uno de los asentamientos más grandes de Cisjordania, en el marco del proyecto E1, que ha sido objeto de controversia internacional durante más de dos décadas.

El acto, celebrado en la propia colonia, tuvo un alto valor simbólico y político. Netanyahu aseguró que el proyecto “doblará la población de Maale Adumim en cinco años” y lo describió como “la realización de una visión, algo muy grande está sucediendo aquí”. La aprobación definitiva del plan por parte del Comité Superior de Planificación de Israel en agosto permitió al Gobierno avanzar hacia la construcción de 3.412 nuevas viviendas, carreteras y servicios de infraestructura en un proyecto valorado en cerca de 1.000 millones de dólares.

La importancia estratégica de E1 es clave para comprender el alcance de esta decisión. El área conecta Jerusalén Este con el resto de Cisjordania y su urbanización dividiría el territorio palestino en dos bloques, separando Ramala de Belén y dificultando la continuidad territorial de un futuro Estado palestino. Por ello, el proyecto ha sido históricamente paralizado por presiones internacionales, especialmente de Estados Unidos, hasta ahora.

Netanyahu ha enmarcado la firma como un desafío abierto a los países que promueven el reconocimiento del Estado palestino en la ONU, entre ellos España, Francia y Canadá. , afirmó. “Salvaguardaremos nuestra herencia, nuestra tierra y nuestra seguridad”. El ministro de Finanzas Bezalel Smotrich fue incluso más tajante que el primer ministro al declarar que “cada asentamiento es un clavo en el ataúd de esta peligrosa idea” de un Estado palestino.

La reacción internacional no se hizo esperar. El Reino Unido, Alemania y Países Bajos han expresado su rechazo, calificado la medida de “violación flagrante del derecho internacional” y recordado que las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU prohíben la construcción de asentamientos en territorios ocupados. La Corte Internacional de Justicia ha instado en varias ocasiones a Israel a cesar la expansión de asentamientos y poner fin a la ocupación de Cisjordania, Jerusalén Este y Gaza.

Sin embargo, el contexto regional ofrece a Netanyahu margen político para avanzar en su agenda. Con el foco mediático internacional puesto en la guerra en Gaza y otros conflictos, la aprobación de E1 ha pasado con relativa discreción fuera de los círculos diplomáticos, pese a sus implicaciones estratégicas, salvo para los países árabes, que han condenado enérgicamente la iniciativa.

En una entrevista del 2 de septiembre, la enviada especial emiratí Lana Nusseibeh advirtió que cualquier anexión unilateral israelí en Cisjordania es una “línea roja” que “cerraría la puerta a la idea de la integración regional”, en referencia a los Acuerdos de Abraham, el mayor logro de Donald Trump en política exterior durante su primer mandato. Los Emiratos Árabes Unidos debutaron estos acuerdos al convertirse en el primer país árabe en normalizar relaciones con Israel en más de un cuarto de siglo.

Los defensores de la solución de dos Estados alertan de que esta expansión puede ser un punto de no retorno. Organizaciones como la israelí Peace Now sostienen que la construcción en E1 “mata cualquier posibilidad real de paz” al fragmentar de manera irreversible el territorio palestino. Para los críticos internos, la política de Netanyahu responde tanto a consideraciones ideológicas como a la necesidad de mantener el apoyo de sus aliados de extrema derecha para sustentar su Gobierno de coalición.

El debate no es menor para el futuro de la región. La expansión de los asentamientos coincide con un aumento de la violencia sistemática en Cisjordania, donde se multiplican las incursiones militares, los desalojos de comunidades palestinas y los ataques de colonos. Todo ello genera una presión creciente sobre los tres millones de palestinos que viven en la zona.

De esta forma, la firma del plan de E1 no solo representa un avance en la política de asentamientos, sino también una declaración de intenciones: consolidar el control israelí sobre Cisjordania y cerrar la puerta a una negociación que conduzca a un Estado palestino. En la antesala de la reunión de la ONU, Netanyahu ha dejado claro que su visión de seguridad y soberanía no contempla concesiones territoriales de este calibre.@mundiario

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