Trump busca un acuerdo comercial histórico con China que redefina la relación bilateral

El presidente de EE UU apuesta por un pacto con Xi Jinping que ponga fin a meses de guerra comercial y reduzca la tensión económica entre las dos mayores potencias del mundo.
Donald y Melania Trump en Pekín junto al presidente Xi Jinping de China. / Wikimedia Commons
Donald y Melania Trump en Pekín junto al presidente Xi Jinping de China. / Wikimedia Commons

El presidente Donald Trump llega a su encuentro con Xi Jinping en Corea del Sur con una apuesta clara: lograr un acuerdo comercial que satisfaga las prioridades de Estados Unidos y devuelva la previsibilidad a la economía global tras meses de fricciones.

Durante su intervención en la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), en Gyeongju, el mandatario aseguró que confía en alcanzar “un buen acuerdo para ambos países”, con la mirada puesta en reducir aranceles, reactivar el comercio bilateral y asegurar compromisos tangibles de Pekín en materia de drogas sintéticas y exportaciones críticas.

Trump declaró que “el mundo está observando” y que el pacto con China podría “ser muy emocionante para todos”. Sus palabras reflejan el tono más conciliador que ha adoptado en su gira asiática, orientada a reforzar la cooperación económica y a abrir espacios de negociación con socios clave. En su trayecto hacia Corea, el mandatario subrayó que “la relación con China es muy buena” y expresó optimismo sobre los resultados del encuentro: “Vamos a obtener un resultado positivo para nuestro país y para el mundo”.

Entre los puntos centrales de la negociación figuran la reducción de los aranceles estadounidenses sobre los productos chinos y el compromiso de Pekín de frenar las exportaciones de precursores químicos de fentanilo, un opioide sintético que ha generado una crisis sanitaria en Estados Unidos. Washington también espera que China posponga la entrada en vigor de las restricciones a la exportación de tierras raras —minerales esenciales para la industria tecnológica y de defensa—, a cambio de que la Casa Blanca congele los nuevos controles sobre chips avanzados y semiconductores.

El margen de maniobra es limitado. La tregua arancelaria acordada en mayo, y prorrogada en agosto, expira el 10 de noviembre. Si no se alcanza un nuevo entendimiento, Trump podría activar de inmediato aranceles del 100% a las importaciones chinas, elevando la tarifa total al 140%. Sin embargo, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, anticipó que esa medida “está efectivamente fuera de la mesa” tras un fin de semana de negociaciones en Kuala Lumpur, donde se logró avanzar hacia un principio de acuerdo.

Pekín, por su parte, ha llegado a la cita con un discurso igualmente constructivo. El portavoz del Ministerio de Exteriores, Guo Jiakun, afirmó que China está “dispuesta a trabajar con la parte estadounidense para lograr resultados positivos” y dar “un nuevo impulso al desarrollo estable de las relaciones”. El Gobierno chino espera que Washington rebaje las tarifas sobre productos farmacéuticos, suavice los controles tecnológicos y elimine las tasas portuarias impuestas a los buques chinos.

Además de los aranceles y los minerales estratégicos, la agenda bilateral incluye temas sensibles como la venta de TikTok en el mercado estadounidense, las exportaciones agrícolas —especialmente de soja— y las restricciones tecnológicas en sectores vinculados a la inteligencia artificial. Trump necesita que China levante el veto a las importaciones de productos agrícolas, un gesto que beneficiaría a los productores del Medio Oeste, uno de los pilares de su base política.

El capítulo de las tierras raras ha cobrado especial relevancia en las conversaciones. China controla alrededor del 70% de la extracción mundial y más del 90% de su procesamiento, lo que le otorga una ventaja estratégica en sectores clave como la fabricación de microchips, baterías y equipos militares. La reciente decisión de Pekín de restringir aún más su exportación fue interpretada como una respuesta a las limitaciones impuestas por Washington sobre semiconductores avanzados. La posibilidad de un acuerdo que congele ambas medidas representaría un equilibrio temporal en la competencia tecnológica entre las dos potencias.

Trump también ha buscado contrapesos regionales. Antes de llegar a Corea, firmó con la primera ministra japonesa Sanae Takaichi un pacto para asegurar la producción y el procesamiento conjunto de minerales críticos, al igual que con Tailandia, Camboya y Australia. El acuerdo incluye la creación de reservas compartidas y refuerza el objetivo de reducir la dependencia de los suministros chinos.

El encuentro entre Trump y Xi se produce en un momento en que ambos líderes parecen interesados en estabilizar su relación. Pekín necesita preservar el acceso a los mercados estadounidenses en un contexto de desaceleración económica, mientras que Washington busca aliviar la presión sobre los consumidores y agricultores norteamericanos. Si se concreta, un acuerdo podría marcar el fin de una etapa de incertidumbre que ha afectado las cadenas de suministro globales y las bolsas internacionales desde abril.

Aun así, persisten las tensiones estructurales. Los sectores más duros en Washington advierten de que suavizar los controles tecnológicos puede comprometer la seguridad nacional de Estados Unidos. Desde Pekín, se observa con cautela el uso del comercio como herramienta de presión política. Pero más allá de los recelos, la reunión de Gyeongju parece orientada a abrir un nuevo ciclo de diálogo pragmático, en el que ambos países busquen un punto de equilibrio entre competencia y cooperación. @mundiario

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