EE UU y China ultiman un acuerdo comercial para preparar el encuentro entre Trump y Xi Jinping

Las delegaciones negociadoras de Washington y Pekín han preparado un pacto económico que busca rebajar las tensiones, satisfacer sus principales intereses y obtener la aprobación de ambos mandatarios en Corea del Sur.
Donald Trump y Xi Jinping. / RR.SS
Donald Trump y Xi Jinping. / RR.SS

A pocos días del esperado encuentro entre Donald Trump y Xi Jinping en Gyeongju (Corea del Sur), las delegaciones negociadoras de Estados Unidos y China parecen haber encontrado un punto de entendimiento. Ambas potencias han alcanzado un principio de acuerdo comercial que, si se concreta, podría marcar una nueva tregua en la guerra económica que ha redefinido las relaciones internacionales en los últimos años.

Aunque los detalles aún se están afinando, fuentes de ambos países confirman a las agencias internacionales de que se trata de un marco amplio que busca estabilizar la relación bilateral y evitar un nuevo ciclo de aranceles, restricciones y sanciones tecnológicas.

El acuerdo preliminar se habría forjado finalmente durante las reuniones al margen de la cumbre de la ASEAN en Kuala Lumpur, donde los equipos negociadores encabezados por el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, y el principal negociador chino, Li Chenggang, delinearon los puntos esenciales de una tregua económica.

Entre ellos destacan el aplazamiento de los aranceles del 100 % que Trump planeaba imponer a las importaciones chinas, la suspensión temporal del control de exportaciones de tierras raras por parte de Pekín, y un compromiso chino para reanudar las compras de soja y productos agrícolas estadounidenses.

Para la Casa Blanca, el objetivo es claro: llegar a la reunión con Xi Jinping con un “resultado tangible” que pueda exhibirse como un triunfo político y económico. Trump, que se presenta como un negociador eficaz, necesita mostrar avances concretos tras meses de fricciones comerciales y de tensiones con el Congreso estadounidense. “China quiere hacer un acuerdo y nosotros también”, aseguró el presidente estadounidense este domingo, reforzando el tono conciliador que ha caracterizado sus declaraciones en los últimos días.

El trasfondo de este acercamiento está en la creciente interdependencia tecnológica y comercial entre ambas economías. China controla más del 90 % del suministro mundial de tierras raras, esenciales para la fabricación de semiconductores, automóviles eléctricos y sistemas de defensa. La decisión de Pekín de limitar su exportación encendió las alarmas en Washington, que respondió con la amenaza de nuevos aranceles.

Un enfrentamiento prolongado habría afectado no solo a ambas economías, sino también a las cadenas de suministro globales, poniendo en riesgo la estabilidad de sectores estratégicos como la microelectrónica y la energía verde.

Según Li Chenggang, las conversaciones han sido “intensas y constructivas”, y ambas partes han buscado soluciones que protejan sus intereses nacionales sin agravar la disputa. Para Pekín, el acuerdo representa una manera de preservar su margen de maniobra en la economía global, mientras refuerza la narrativa de Xi Jinping como un actor racional y pragmático frente a la agresiva política comercial estadounidense.

Por su parte, el secretario Bessent confirmó a la cadena CBS News que la amenaza de aranceles “está efectivamente fuera de la mesa” y adelantó que se alcanzaron compromisos para frenar el tráfico de precursores químicos de fentanilo hacia Estados Unidos, un punto de fricción bilateral con mayores implicaciones políticas internas.

También se discuten marcos para ampliar el acceso estadounidense al mercado chino, incluyendo sectores digitales y financieros, y la transferencia del control de TikTok a manos estadounidenses, una operación que podría cerrarse durante la visita de Trump a Corea.

Este principio de acuerdo comercial, aunque se presume inicialmente limitado, se interpreta como un intento de ambas potencias por evitar una ruptura más profunda en un momento en que la economía mundial muestra signos de desaceleración. Para los mercados, incluso un gesto simbólico podría servir como alivio temporal frente a meses de incertidumbre y tensiones en las cadenas de suministro globales.

Sin embargo, los analistas advierten de que el pacto no resuelve los problemas estructurales que han definido la rivalidad entre Washington y Pekín: el desequilibrio comercial, las restricciones a la inversión extranjera en China, la competencia tecnológica y las diferencias en materia de propiedad intelectual. En palabras de Jamieson Greer, representante comercial estadounidense, “todo dependerá de lo que digan los dos presidentes; estamos en una fase donde el simbolismo cuenta tanto como el contenido”.

Trump llega a Corea del Sur con la intención de reafirmar su imagen de mediador y arquitecto de acuerdos globales, tras haberse atribuido éxitos diplomáticos recientes en Asia. Pero el encuentro con Xi Jinping será una prueba más compleja: no se trata solo de frenar una guerra comercial, sino de redefinir las reglas del juego entre las dos economías más grandes del mundo. @mundiario

Comentarios