EE UU y China intentan salvar la tregua comercial tras el nuevo pulso por las tierras raras
Las dos mayores economías del planeta vuelven a ponerse frente a frente. El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, y el viceprimer ministro chino, He Lifeng, se verán las caras la próxima semana en Malasia en un intento por reconducir unas relaciones comerciales cada vez más tensas.
El encuentro llega tras el nuevo golpe de Pekín a la tregua comercial que ambas potencias habían sellado hace apenas cinco meses. La reciente decisión del Gobierno chino de restringir las exportaciones de tierras raras y materiales críticos —insumos esenciales para la industria tecnológica y de defensa— ha enfurecido a la Casa Blanca y amenaza con dinamitar los frágiles equilibrios alcanzados.
Una tregua al borde del abismo
El diálogo entre Bessent y He se produce en un contexto de creciente incertidumbre. La tregua comercial, decretada por Donald Trump en mayo y prorrogada en agosto, expira el próximo 10 de noviembre. El acuerdo permitió suspender una ola de aranceles cruzados que había disparado la tensión entre Washington y Pekín desde abril, cuando ambos gobiernos impusieron barreras de tres dígitos sobre sectores estratégicos.
Según fuentes diplomáticas, el encuentro de Malasia será clave para determinar si los presidentes Trump y Xi Jinping mantienen su cumbre bilateral prevista para finales de mes en Corea del Sur, o si el republicano decide cumplir su amenaza de imponer aranceles del 100% a las importaciones chinas.
De la distensión al choque por las tierras raras
El conflicto se reavivó el pasado 9 de octubre, cuando Pekín aprobó un nuevo mecanismo de control de exportaciones sobre tierras raras, materiales fundamentales para la fabricación de baterías, microchips y equipos militares. La medida fue interpretada en Washington como una represalia directa frente a las restricciones estadounidenses a la tecnología china.
Bessent, que ha mantenido un tono fluctuante entre la diplomacia y la confrontación, reconoció su desconcierto en una entrevista con Fox News: “No sabemos por qué los chinos han decidido hacerlo ahora. Esto es China contra el resto del mundo”.
En cambio, Pekín sostiene que la respuesta es proporcional. El Ministerio de Comercio chino acusa a Estados Unidos de vulnerar los compromisos alcanzados en los últimos meses, al incorporar miles de empresas chinas a la lista de control de entidades y aumentar los recargos portuarios sobre los buques procedentes del país asiático.
Las reglas del juego cambian en Washington
El detonante inmediato, según expertos, fue la actualización del 29 de septiembre en las normas de control de exportaciones estadounidenses. Esta medida amplía las restricciones a cualquier empresa con más del 50% de participación de una entidad ya sancionada.
Con más de 10.000 compañías chinas potencialmente afectadas, Pekín considera que Washington ha cruzado una línea roja. “¿Cómo podían esperar los funcionarios estadounidenses que China ignorara una decisión así?”, planteó Paul Triolo, analista en temas tecnológicos y socio de la consultora DGA-Albright Stonebridge Group.
Un encuentro con múltiples lecturas
Tras mantener una videollamada la noche del viernes (hora de Washington), ambos responsables comerciales confirmaron la reunión presencial en Malasia.
“Hemos mantenido conversaciones francas y detalladas sobre el comercio entre Estados Unidos y China. Nos reuniremos en persona la próxima semana para continuar nuestras discusiones”, escribió Bessent en X.
Desde Pekín, la agencia estatal Xinhua calificó el intercambio como “constructivo” y subrayó que ambas partes acordaron celebrar “una nueva ronda de consultas económicas y comerciales lo antes posible”.
Equilibrio inestable entre cooperación y confrontación
El nuevo capítulo de esta guerra comercial refleja una realidad ineludible: Estados Unidos y China dependen mutuamente, pero desconfían profundamente el uno del otro. Las restricciones sobre las tierras raras —de las que China controla más del 70% de la producción mundial— son una muestra de la capacidad de Pekín para ejercer presión estratégica sobre la economía global.
Para la Casa Blanca, la medida china llega en un momento políticamente sensible: Trump busca proyectar dureza ante su electorado, mientras la industria tecnológica estadounidense alerta sobre los efectos de una posible escasez de materiales críticos.
De fracasar el encuentro de Malasia, el escenario más probable sería una reactivación de la guerra arancelaria a gran escala, con consecuencias directas sobre la inflación, los mercados y las cadenas globales de suministro. @mundiario


