Trump y Takaichi proclaman una “era dorada” entre EE UU y Japón con nuevos acuerdos estratégicos
Una semana después de asumir el cargo, Sanae Takaichi afrontó su primer gran desafío internacional: consolidar la relación con Estados Unidos y recrear la sintonía diplomática que su mentor, el exprimer ministro Shinzo Abe, mantuvo con el presidente Donald Trump.
El encuentro entre ambos líderes en Tokio culminó con la proclamación de una “nueva era dorada” en la alianza bilateral, respaldada por la firma de un acuerdo de cooperación sobre minerales críticos y tierras raras, recursos esenciales para la industria tecnológica y energética global.
El acuerdo busca diversificar las cadenas de suministro y reducir la dependencia de China, país que actualmente procesa más del 90 % de las tierras raras del planeta. En un contexto marcado por la competencia geoestratégica entre Washington y Pekín, este pacto representa un nuevo eje de cooperación económica entre dos de las mayores potencias democráticas del Pacífico.
Durante la cumbre celebrada en el Palacio de Akasaka, bajo una atmósfera cuidadosamente coreografiada de camaradería, Trump elogió a la mandataria japonesa: “Todo lo que sé de ti por Shinzo y otros me garantiza que serás una de las más grandes primeras ministras”, afirmó el presidente estadounidense. Takaichi, por su parte, le devolvió los elogios al destacar su “compromiso inquebrantable con la paz y la estabilidad mundial” y anunció su intención de proponerlo al Premio Nobel de la Paz “por su mediación en distintos conflictos (internacionales)”.
El pacto firmado entre Tokio y Washington no solo refuerza los lazos históricos de seguridad entre ambos países, sino que amplía el ámbito de cooperación económica hacia sectores estratégicos como la minería, la energía y la tecnología avanzada. Según un comunicado de la Casa Blanca, ambos gobiernos se comprometieron a utilizar herramientas de política económica e inversión coordinada para acelerar el desarrollo de “mercados diversificados, líquidos y justos” de minerales críticos.
El acuerdo prevé además financiar proyectos conjuntos en los próximos seis meses y estudiar un sistema compartido de almacenamiento estratégico de estos materiales, en colaboración con socios internacionales. Japón y Estados Unidos también han explorado la posibilidad de cooperar en la construcción de reactores nucleares de nueva generación, lo que implicaría una reactivación del sector nuclear japonés, duramente afectado tras la catástrofe de Fukushima en 2011.
Según un documento citado por Reuters, la cooperación incluiría el desarrollo de reactores AP1000 y reactores modulares pequeños (SMR), una tecnología que podría reducir los costes y fortalecer la seguridad energética de ambos países. Este componente energético, impulsado fuertemente por la visión de Takaichi, refuerza la estrategia de Tokio de recuperar su autonomía energética y disminuir la dependencia del gas y el petróleo importados.
Continuidad del legado Abe y afinidad ideológica
Takaichi ha buscado recrear la cercanía personal y política que Abe cultivó con Trump cuando jugaban juntos entre 2016 y 2020. En un gesto cargado de simbolismo, la primera ministra obsequió al presidente estadounidense un palo de golf perteneciente a Abe y una mochila firmada por el golfista japonés Hideki Matsuyama. Ambos líderes firmaron gorras con el lema “Japón ha vuelto”, un guiño directo al discurso nacionalista que conecta con las bases conservadoras de ambos mandatarios.
Esa afinidad ideológica ha facilitado el diálogo en materia de defensa y política exterior. Trump definió a Japón como un “aliado al máximo nivel”, mientras Takaichi reafirmó su compromiso de “reforzar fundamentalmente la postura defensiva del país” ante los desafíos regionales, especialmente el auge militar de China y Corea del Norte.
Sin embargo, el entendimiento político no disipa las tensiones económicas. Takaichi enfrenta la difícil tarea de mantener el equilibrio entre la cooperación estratégica y las exigencias comerciales de Trump, quien ha presionado a sus aliados con aumentos arancelarios bajo su política de “Estados Unidos primero”. El nuevo pacto mantiene el arancel del 15 % a las exportaciones japonesas, una cifra inferior al 25 % con la que el presidente había amenazado en abril, a cambio de que Tokio invierta 550.000 millones de dólares en territorio estadounidense.
US President Donald Trump and Japan's Prime Minister Sanae Takaichi sign a critical minerals and rare earths agreement in Tokyo, bolstering economic and defense ties https://t.co/1wtnOZuaDa pic.twitter.com/vfkC6PMbQ1
— Reuters (@Reuters) October 28, 2025
Una alianza en expansión, pero con límites
Pese a la retórica grandilocuente de la “era dorada”, los analistas coinciden en que el acuerdo no introduce cambios sustanciales en la relación bilateral, sino que ratifica compromisos previos en materia de inversiones, seguridad y cooperación tecnológica. Sin embargo, su valor simbólico es significativo: reafirma la vigencia de la alianza y proyecta una imagen de estabilidad y liderazgo conjunto en un momento de alta competencia global.
“Ambos líderes toman nota con satisfacción de los avances conjuntos y se comprometen a reforzar la prosperidad global mediante el crecimiento económico y la cooperación en sectores clave”, señala el comunicado conjunto. En el trasfondo, la alianza renovada busca enviar un mensaje claro a Pekín: la relación entre Washington y Tokio no solo se mantiene firme, sino que se fortalece.
El acercamiento entre Takaichi y Trump, sustentado en una narrativa de renacimiento nacional y liderazgo compartido, pretende dar forma a una nueva arquitectura económica y estratégica en el Indo-Pacífico. Aunque los desafíos comerciales persisten, ambos líderes parecen convencidos de que esta “nueva era dorada” servirá como base para una cooperación más profunda en el largo plazo. @mundiario


