El estrecho de Ormuz y postura del Golfo: las claves que definirán la nueva guerra en Oriente Próximo
El anuncio iraní de cerrar el Estrecho de Ormuz, tras los ataques aéreos de EE UU e Israel contra Irán, ha colocado a los países del Golfo ante una decisión estratégica: contener la escalada o redefinir su sistema de alianzas. Por ese corredor marítimo circula cerca del 20 % del petróleo mundial. Su bloqueo —real o efectivo— puede marcar el rumbo económico y militar del conflicto.
- Por Ormuz pasan unos 20 millones de barriles diarios, cerca de una quinta parte del consumo global.
- Irán amenaza con impedir el tránsito marítimo tras los bombardeos masivos contra instalaciones estratégicas y altos cargos del régimen, como el líder supremo asesinado Ali Jamenei.
- Los precios del petróleo y el gas ya reaccionan con fuertes subidas.
- Las decisiones de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait y Baréin serán determinantes.
Conclusión: el conflicto ya no se mide solo en misiles, sino en rutas marítimas, mercados energéticos y cálculos estratégicos del Golfo.
Por qué Ormuz importa más que nunca
El Estrecho de Ormuz conecta el Golfo Pérsico con el mar Arábigo. En su punto más estrecho apenas separa 33 kilómetros entre Irán y Omán.
Claves estructurales:
- Dos canales de navegación de apenas tres kilómetros cada uno.
- Profundidad suficiente para los mayores petroleros del mundo.
- Ruta crítica para el crudo de la OPEP —incluidos Arabia Saudí, Emiratos, Kuwait e Irán—.
- Canal esencial para el gas natural licuado (GNL) de Qatar, el segundo mayor exportador, que ya ha cesado temporalmente su producción y con ello ha aumentado en un 50 % su precio en Europa.
Un cierre efectivo no solo afectaría a Occidente. Impactaría de lleno en Asia.
El factor China (y Asia)
China es el mayor comprador de petróleo iraní y depende en gran medida del crudo que cruza Ormuz. Cerca de la mitad de sus importaciones energéticas transitan por esa vía.
También dependen del paso:
- India
- Japón
- Corea del Sur
En crisis anteriores, Washington advirtió que un cierre sería un “suicidio económico” para Teherán. La diferencia ahora es que la amenaza se formula tras un ataque directo a instalaciones estratégicas iraníes y la muerte de altos dirigentes.
El nuevo umbral: ataques al Golfo
Tras los bombardeos estadounidenses e israelíes, Irán respondió con misiles y drones contra Israel y bases estadounidenses en la región.
Entre los objetivos alcanzados:
- Instalaciones navales en Baréin.
- Bases aéreas en Qatar y Kuwait.
- Infraestructuras energéticas y urbanas en países vecinos.
La actuación de Teherán persigue dos objetivos:
- Disuadir a EE UU de operar sus instalaciones militares en la región.
- Advertir a los Estados del Golfo que su neutralidad no garantiza inmunidad.
El dilema del Golfo
Durante años, países como Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos equilibraron dos estrategias:
- Alianza militar con EE.UU.
- Reacercamiento diplomático con Irán.
Ambos pilares están ahora bajo presión.
Antes de la ofensiva, varios gobiernos del Golfo advirtieron contra una campaña militar. Incluso señalaron que no permitirían el uso de su territorio para lanzar ataques.
Pero los misiles iraníes han cambiado la ecuación.
Opciones reales:
- Mantener una respuesta defensiva limitada.
- Permitir mayor acceso estadounidense a espacio aéreo y bases.
- Participar en represalias selectivas.
- Intensificar la presión diplomática para evitar una guerra abierta.
Por ahora, la hipótesis más probable —según expertos en seguridad regional— es una implicación defensiva, no ofensiva. @mundiario








