Irán amenaza con bloquear Ormuz y desata la alarma energética mundial

La tensión en Oriente Próximo ha alcanzado un nuevo umbral tras el anuncio de la Guardia Revolucionaria iraní de que da por cerrado el estrecho de Ormuz y que incendiará cualquier buque que intente cruzarlo.
Representación del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz. / Mundiario.
Representación del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz. / Mundiario.

El general Ebrahim Yabari, alto mando de la Guardia Revolucionaria, aseguró en la televisión estatal iraní que no pasará “ni una gota de petróleo” por Ormuz. La advertencia fue acompañada de la amenaza de prender fuego a cualquier embarcación que desafíe la prohibición. Poco antes, medios iraníes habían informado del ataque contra el petrolero Athens Nova en la zona.

Sin embargo, el Comando Central de Estados Unidos negó que el paso marítimo esté efectivamente cerrado. La contradicción refleja la guerra paralela de propaganda en un escenario donde cualquier interrupción real del tráfico tendría consecuencias inmediatas sobre el precio del crudo y la estabilidad económica global.

Ormuz no es un enclave cualquiera: conecta a los grandes productores del Golfo con el mar Arábigo y constituye uno de los puntos más sensibles del comercio energético mundial. Su militarización eleva el riesgo de una crisis que trascienda lo regional.

Trump anticipa una ofensiva de mayor alcance

Desde la Casa Blanca, Trump insistió en que la operación conjunta con Israel va “muy adelantada” respecto a las previsiones iniciales y subrayó que Washington tiene “capacidad para ir mucho más allá” de las cuatro semanas que se barajaban como horizonte inicial. El presidente reiteró que la fase más contundente de la campaña militar aún no se ha desplegado.

El conflicto, que ya suma alrededor de 600 víctimas mortales —la mayoría en Irán, según la Media Luna Roja—, se ha extendido a nuevos frentes. Israel ha atacado posiciones de Hezbollah en Líbano, mientras Teherán ha respondido con el envío de drones contra la base británica de Akrotiri, en Chipre, tras la autorización del primer ministro Keir Starmer para que EE UU utilice instalaciones del Reino Unido.

En paralelo, el Departamento de Estado ha instado a los ciudadanos estadounidenses a abandonar de inmediato más de una docena de países de Oriente Próximo, entre ellos Israel, Líbano, Irak, Qatar o Emiratos Árabes Unidos. La recomendación evidencia el temor a una ampliación del teatro de operaciones y a represalias cruzadas.

El coste humano también aumenta para Estados Unidos. El Pentágono ha confirmado la muerte de seis soldados estadounidenses desde el inicio de la operación, tras recuperarse los restos de dos militares desaparecidos en un ataque con misiles iraníes contra una base en Kuwait. Además, se contabilizan 18 heridos.

Israel presiona a Sánchez por su postura

La dimensión política del conflicto ha salpicado a España. Tras el rechazo del Gobierno de Pedro Sánchez a permitir el uso de las bases de Morón y Rota para operaciones contra Irán —a diferencia de Londres—, Teherán expresó su agradecimiento público. El ministro de Exteriores israelí, Gideon Saar, cuestionó en redes sociales esa posición, vinculándola a anteriores mensajes de apoyo recibidos por parte de Hamás y los hutíes.

El ejército israelí anunció además su intención de bombardear la sede de la radiotelevisión estatal iraní en Teherán, emitiendo órdenes de evacuación en el distrito de Evin. El mensaje no es solo militar, sino simbólico: golpear la infraestructura comunicativa del régimen.

En este contexto, la amenaza sobre Ormuz se convierte en una herramienta de presión estratégica. Irán exhibe capacidad de desestabilización global; Estados Unidos responde negando el cierre y reafirmando su supremacía militar. Entre ambos discursos, el mercado energético y la seguridad internacional quedan en vilo.

El pulso no se libra únicamente en el campo de batalla. Se juega también en los mercados, en las alianzas diplomáticas y en la narrativa pública de un conflicto que amenaza con alterar el equilibrio geopolítico más allá de Oriente Próximo. @mundiario

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