Vivir sin que nos molesten y morir sin molestar

Un hombre. Tim Mossholder en Unsplash
Un hombre. / Tim Mossholder en Unsplash

El modelo sanitario no ofrece suficiente cobertura a la salud mental en términos clínicos, ni en cuidados domésticos ni en aspectos económicos.

Vivir sin que nos molesten y morir sin molestar

El coste de los cuidados domésticos (no clínicos) de una persona diagnosticada con la enfermedad de Alzheimer o de cualquier otra patología de características neurodegenerativas limitantes está del orden de 35.000 €/año.

El 4,35% de las personas estaría en disposición de sufrir eventos depresivos de gran calado con elevado riesgo de pensamiento y/o tentativa suicida.

Como menciona el premio Nobel en Medicina del año 2000, el psiquiatra Eric Kandel, “Los trastornos neurológicos y psiquiátricos han sido considerados como algo completamente distinto dependiendo de si parecen afectar el cerebro o la mente. Sin embargo, lo cierto es que el cerebro y la mente son inseparables. Ambos tipos de trastornos pueden afectar todos los aspectos de la función cerebral: desde la percepción, la acción, la memoria y la emoción hasta la empatía, la interacción social, la atención y la conciencia”.

Por ello la pregunta que nos plantea en su teoría sobre “La nueva biología de la mente” es cuanto menos curiosa: “¿Qué nos dicen los trastornos cerebrales sobre nosotros mismos?”.

La verdad es que nos dicen multitud de cosas, ya que la normalidad es muy parecida a la enfermedad pero con oscilaciones menos pronunciadas. Por ello, desde Jacobson, Steinberg & Goldman, allá en 2014, nos pusimos a replicar el modelo sináptico a través de un algoritmo complejo que simula alteraciones en dichas oscilaciones.

Así, hemos creado un sofisticado modelo matemático “in sílico” denominado ADNe®, que imita de forma predictiva y precisa el comportamiento de un individuo ante unas condiciones concretas (contrastes), sin necesidad de utilizar un modelo animal o efectuar pruebas con humanos.

Lo primero que debemos tener claro es que el cerebro y la mente trabajan de forma asociada, combinada y oscilante. Por ejemplo, se han dado algunos casos en los que lesiones orgánicas en tejidos cerebrales han promocionado tal nivel asociativo neuronal que ha permitido que áreas no señalizadas originalmente para unas funciones hayan apoyado y asumido demandas operativas anuladas por dichas lesiones. Lamentablemente, esto no siempre es así, pero lo cierto es que esto nos da una idea de la capacidad adaptativa de ciertas redes neuronales.

Conocemos casos de artistas con sintomatología esquizofrénica que poseían una creatividad desbordante. Así mismo, las personas diagnosticadas con TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo) rozan el perfeccionismo en sus rutinas, al igual que algunos individuos con Síndrome Autista revisan y localizan errores de transcripción en códigos informáticos con gran destreza.

Pero claro, la Ley del Equilibrio que también llevó al ilustre Erwin Chargaff a evidenciar la paridad de las bases del ADN, actúa irremediablemente mostrándonos la cara menos amable de dichas alteraciones.

El comportamiento es un síntoma

Al igual que hay gente que se empeña en asociar un neurotransmisor a un comportamiento, los hay que relacionan directamente un síntoma concreto a una enfermedad de gran complejidad.

Le pongo como ejemplo la enfermedad de Parkinson, la cual es una patología neurodegenerativa sobre la que a pesar de disponer de una gran cantidad de información, posee un diagnóstico carente de precisión. Al margen, de momento no tiene cura.

De hecho, existen cuestionarios y escalas que intentan ofrecer algo de claridad al respecto, pero en términos generales dichas herramientas muestran series de  informaciones heterogéneas que bien podrían estar relacionadas con ésta y con otras muchas patologías.

Por ello, revisando la sintomatología, interpretamos que muchas patologías relacionadas con la demencia poseen bases genéticas comunes a pesar de no poder ratificarlo con firmeza.

Así, una tercera parte de los “diagnosticados” con la enfermedad de Parkinson, podría padecer otras enfermedades, tales como, entre otras, la enfermedad de Huntington, Demencia con Cuerpos de Lewy o incluso, Demencia Frontotemporal, Alzheimer o Epilepsia nocturna, mientras otra tercera parte quedaría por diagnosticar.

Normalmente la enfermedad de Parkinson se asocia a una muestra evidente de temblores y rigidez muscular que limitan ostensiblemente la actividad motora del individuo, pero la verdad es que los aspectos relacionados con demencia, ansiedad, deterioro cognitivo, etc. no son tan conocidos y por lo tanto, no son tenidos muy en cuenta.

Los datos “in sílico”

El modelo sanitario no ofrece suficiente cobertura a la salud mental en términos clínicos, ni en cuidados domésticos ni en aspectos económicos.

Estamos ante una avalancha de envejecimiento que día a día va progresando de forma brutal en los aspectos de deterioro mental, además de en los ya conocidos como fisiológicos.

En lo referente a los aspectos económicos, únicamente le diré que el coste de los cuidados domésticos (no clínicos) de una persona diagnosticada con la Enfermedad de Alzheimer o de cualquier otra patología de características neurodegenerativas limitantes está del orden de 35.000 €/año.

Sobre las proyecciones “in sílico” del algoritmo ADNe®, éstas indican que a partir de los 60 años, el 18,58% de los individuos posee una elevada y/o moderada probabilidad de padecer la Enfermedad de Parkinson, aunque la probabilidad más alta (total seguridad de padecerla) se da en 2,03%. A partir de los 80 años dicha tasa (elevada/moderada) se incrementa hasta un 37,17%, mientras que para la Enfermedad de Alzheimer nos referimos al 50%.

En relación a la ansiedad, se ha determinado que el 21,26% de los individuos posee una clara predisposición a padecer episodios de esta naturaleza. Así mismo, el 4,35% de las personas estaría en disposición de sufrir eventos Depresivos de gran calado con elevado riesgo de pensamiento y/o tentativa suicida.

El deterioro cognitivo empieza a ser evidente a partir de los 60 años en el 20,16% de los individuos, mientras que el Riesgo de caída pasa del 0,86% en el caso de riesgo muy alto al 45,09% en términos altos y moderados. A partir de los 80 años de edad, dicho riesgo se da en el 90,18% de la población.

En definitiva, solo nos queda vivir sin que nos molesten y morir sin molestar. @mundiario 

Vivir sin que nos molesten y morir sin molestar
Comentarios